Folklore sin TV, una buena noticia

Por René Vargas Vera.
Por René Vargas Vera.
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31 de enero de 2000  

Que no se haya transmitido por ATC el Festival de Cosquín 2000 es una buena noticia. Buena noticia, sobre todo, para el folklore.

Otra cosa son los negocios que vislumbraron y concretaron, a su modo, otros canales (transmitieron, en directo y diferido, Azul Televisión y Crónica TV) tras la abstención de ATC.

Flaco favor les hace la televisión a los festivales de folklore. Porque los convierte, vía empresarios de estos encuentros, en show. Y porque, a partir de la espectacularidad, el éxito vale más que el talento y la autenticidad. El ojo de la televisión acapara -dueño y señor del mercado y del negocio- todas las voluntades: las de las comisiones de folklore, sus maestros de ceremonia, representantes de artistas y hasta los propios músicos. Así es difícil, casi imposible, escapar del condicionamiento mediático.

* * *

¿Qué pide, qué pretende la televisión? Diversión. Divertir en el sentido etimológico: "apartarse del propósito", producir un pasatiempo. El folklore -latido de la tierra, patrimonio del pueblo- convertido en mercancía barata, en alegre recreo.

La felicidad no consiste en divertirse, afirma Aristóteles en su "Etica". Felicidad, según el origen de la palabra, es el estado permanente de la dicha, que es la que debería buscarse entre los pliegues de nuestros ritmos, incluso en los más vivaces y alegres, como la omnipresente chacarera, la olvidada cueca y el furtivo gato. No en el ruido machacado que produce alegría espasmódica, pero que nos priva de la felicidad de conocer y amar las voces más profundas.

¿Admitió alguna vez la televisión un yaraví, una baguala, una vidala? La música pampeana que cultivó Atahualpa Yupanqui, ¿tiene cabida en los festivales? ¿Cuántas voces de esa región -Suma Paz, Omar Moreno Palacios, Alberto Merlo, José Larralde- asomaron por la televisión de los festivales? ¿Quién pudo conocer, por ellos, las cadencias de la huella, la cifra, el triunfo, la auténtica milonga pampeana y el soterrado estilo?

Por la vigencia de las raíces será saludable que los festivales no se transmitan por TV. Así, sus protagonistas -los artistas- irán amasando con el público que concurre a cada lugar -como se vislumbra hoy, ya sin golpes de efecto- los contenidos, la identidad, la dignidad y la calidad. Después sí se podrá conocer en el país el verdadero rostro del folklore.

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