Gelber, el motor de la vida

"Concierto de la Orquesta Estable del Teatro Colón. Director: Gabriel Chmura. Programa: Obertura "Leonora" Nº 3, OP. 72 y Concierto para piano y orquesta Nº 3 en do menor Opus 37, de Beethoven; Concierto para piano y orquesta Nº 1 en Si menor, Opus 23, de Tchaikovsky. Piano: Bruno Gelber. Función del sábado 18, en el Teatro Colón. Nuestra opinión: bueno
"Concierto de la Orquesta Estable del Teatro Colón. Director: Gabriel Chmura. Programa: Obertura "Leonora" Nº 3, OP. 72 y Concierto para piano y orquesta Nº 3 en do menor Opus 37, de Beethoven; Concierto para piano y orquesta Nº 1 en Si menor, Opus 23, de Tchaikovsky. Piano: Bruno Gelber. Función del sábado 18, en el Teatro Colón. Nuestra opinión: bueno
(0)
20 de marzo de 2000  

Todos, el público, el director y la orquesta, aplaudieron durante unos cuantos minutos a Bruno Gelber al finalizar el concierto de anteanoche en el Teatro Colón. No era para menos. El pianista se había cargado sobre sus hombros la responsabilidad de llevar a buen puerto la función "de emergencia" en que se transformó el regreso de la Orquesta Estable del Colón al escenario principal.

La "orquesta de la ópera" dejaba el foso después de mucho tiempo y se iba a probar en el rubro sinfónico con la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler. Pero el cese de actividades que los trabajadores del teatro realizaron entre el martes y el jueves les impidió llegar a tiempo con los ensayos.

Bruno Gelber, que iba a tocar como solista de las dos funciones programadas, aceptó tocar dos obras en vez de una cada día. Así la función se transformó en un festín para los muchos y fieles seguidores que Gelber tiene en Buenos Aires, ya que en una misma noche interpretó los conciertos Nº 3 de Beethoven y Nº 1 de Tchaikovski.

El momento sinfónico "puro" para la Estable se redujo finalmente al más modesto comienzo de la función, con la obertura "Leonora" Nº 3, de Beethoven. ¡Una obertura de ópera!; esta vez, el sino de orquesta "acompañante" se impuso nuevamente: sólo cambiaron a los cantantes por un pianista. Una lástima, porque era una buena oportunidad para que el público, pero sobre todo los propios músicos, pudieran comprobar cuál es el estado actual en que se encuentra cada una de las filas de la orquesta.

Lo cierto es que se llegó al concierto con un bache de tres días en los ensayos y con una obra -la obertura- ensayada a partir del jueves por la noche. Con todos estos atenuantes, de todas formas se deben consignar dos sensaciones contrastantes: la energía vital y musical de Gelber, motor y corazón de una velada a la que se llegó con zozobra, y la preocupante labor de algunos sectores de la Estable, teniendo en cuenta que no se trató de obras difíciles para la orquesta.

Gelber, como en casa

Después del aperitivo de "Leonora", marcado correctamente por Gabriel Chmura, Bruno Gelber se sentó en "su" piano Steinway para hacer el juego que mejor juega y que más le gusta. Los conciertos de Beethoven son para Gelber como buenos y viejos amigos. Desde que, después de la primera exposición de la orquesta, atacó la primera escala ascendente de su parte, se percibió claramente la íntima y cotidiana relación que tiene con estas obras; lo que no significa que se transformen para él en un acto rutinario. Gelber sabe muy bien dónde está parado en cada momento de los tres movimientos que tiene la obra. Sabe cuál es la nota que sigue pero, a la vez, conserva intacta la frescura y el goce de sorprenderse con ella en el momento en que la saca del piano.

Allí radica el secreto de su fuerza expresiva. Una fuerza que Gelber profundiza desde un enfoque romántico, si bien el tercer concierto de Beethoven es deudor del modelo mozartiano. En esta obra, piano y orquesta dialogan en forma alternada sobre el material temático. El director polaco Chmura fue un claro concertador, manejando el tempo de la orquesta y dando las entradas para hacer fluido el intercambio con Gelber. Pero aun así, se pudo escuchar que la orquesta no respondía de la misma manera.

Desniveles

Después del intervalo, Gelber y los músicos volvieron a la sala para interpretar el popular Concierto Nº 1 para piano y orquesta de Tchaikovski. En este típico concierto romántico, orquesta y piano ya no dialogan, sino que, según palabras del propio compositor ruso, se retan a duelo.

Forzados a un mayor protagonismo, las diferencias dentro de la orquesta se hicieron más evidentes. Los violines, que se mostraron como los más seguros y comprometidos con la música, guiados por Elías Khayat, fueron prolijos y lograron muy buenos climas en los dos movimientos lentos de cada concierto. En cambio, los chelos ofrecieron un preocupante sonido escuálido, difícil de escuchar durante los tutti e inseguro -en precisión y afinación- en los pocos momentos en que tenían a su cargo la voz principal.

Las maderas confirmaron su solvencia individual, mientras que en el grupo de metales es grave lo que sucede con la sección de cornos. Es difícil entender cómo pueden trastabillar con tanta facilidad apenas están un poco expuestos. De todas formas, aun con estos deslices, Gelber siguió haciendo y contagiando música a la orquesta, que le siguió el ritmo al pianista en su apasionada versión del concierto de Tchaikovsky.

El público, a sabiendas de que la función a la que asistió estuvo a punto de ser suspendida, ovacionó a los músicos y sobre todo a Gelber, por el esfuerzo de seguir haciendo música a pesar de todo.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.