Gibson es un "director misionero"

Lo afirma la crítica del Financial Times
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28 de febrero de 2004  

"La Segunda Llegada se ha producido. Jesucristo descendió de las nubes para llegar al cine más cercano. Está hecho no sólo de carne y hueso, sino también de tendones, huesos y todo aquello que pueda ser exhibido en la película más violenta jamás ambientada en el mundo antiguo."

Así comienza la crítica de "La Pasión de Cristo" del influyente diario económico londinense Financial Times. Su autor, Nigel Andrews, que calificó al film con cuatro estrellas sobre cinco, define aquí a Mel Gibson como "una estrella transformada en un director misionero".

Andrews considera que si el propósito de Gibson fue volver a sensibilizar a los espectadores con un relato largamente abandonado por la fatigada cultura de los últimos tiempos, los resultados fueron exitosos. También sostiene que no sería adecuado calificar de antisemita una película cuyos personajes más crueles son los soldados del Imperio Romano.

A juicio del crítico del Financial Times, a partir del poderoso y desbordante ímpetu que transmiten las imágenes puede entenderse que haya algo de locura en este film, porque no es posible contestar a la pregunta acerca de para qué fue hecho: "No apunta a reclutar nuevos feligreses, porque ese público potencial saldrá gritando del cine. Tampoco podría ser una revisión tradicionalista de la fe católica, porque apenas hay un hueso tradicionalista en el cuerpo de este film. Y mucho menos hay aquí un replanteo radical del sentido de la Pasión. La película se parece más a una pintura de Jackson Pollock explotando dentro de una catedral".

Arte, locura y grandeza

Andrews también sugiere que detrás de la película asoma una suerte de tensión entre Gibson y su padre, un tradicionalista católico de posturas extremas conocido por opinar que la mayoría de lo que se dice sobre el Holocausto es pura ficción, algo que el actor, aun defendiendo a su padre y mentor religioso, no comparte. Y se pregunta si al fin y al cabo la película no será la manifestación de la lucha entre dos visiones tradicionalistas cristianas en las que Gibson y su padre tiran con fuerza desde dos extremos de la misma cuerda.

Finalmente, Andrews afirma que "La Pasión de Cristo" no dice mucho acerca de lo que hay de nuevo, claro y convincente en el mensaje evangélico. Pero, en cambio, agrega argumentos a "una venerable visión disidente sobre el modo de narrar que afirma que en todo gran arte hay algo de locura y en todo arte loco hay algo de grandeza".

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