Guarany, en los límites de su estilo

Mauro Apicella
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27 de agosto de 2000  

Recital de Horacio Guarany. El viernes, en el teatro Astros. Presentación del disco "Por los siglos de los siglos cantor". Músicos: Juanjo Domínguez, Eduardo Semerario y Guillermo Sotes (guitarras), Miguel Acuña (bombo) y Amadeo Moges (arpa). Próxima función: hoy, a las 21.30.

Nuestra opinión: regular

Pasaron pocos minutos del horario programado para el inicio del espectáculo y el público está impaciente. Mientras los últimos se acomodan con lentitud, aquellos que llegaron temprano baten palmas para demostrar su ansiedad.

Es la primera presentación del ciclo de actuaciones que Horacio Guarany ofrece en un teatro de la avenida Corrientes, luego de varios años.

Por fin, y por pura casualidad, alguien grita "Vamos Horacio" y el telón se levanta para mostrar el contorno del Potro santafecino, delineado por un potente set de luces que parte desde el fondo del escenario.

El efecto es acompañado por una voz en off que trae a los oídos parte de un texto que Armado Tejada Gómez le dedicó al Guarany. "Con Horacio el grito estalló, desmesuró el silencio, fundó la copla y empezó a cantar gritando", dice el poeta en sus primeras frases.

Puesto en este contexto, sirve para reforzar el motivo de estas actuaciones: la presentación del último disco del Potro: "Por los siglos de los siglos, cantor".

El potente combo de guitarras, bombo y arpa comienza a tocar e iguala en volumen a la voz de su líder, que vocifera las primeras canciones del repertorio ("Cuando muera esta cantor" y "Carnaval cruceño") hasta la primera pausa.

Entonces aparece el pianista Ariel Ramírez para entregarle, en nombre de Sadaic, una placa de reconocimento a su trayectoria.

De ahí en adelante, Guarany intentará aprovechar la sala de un teatro para estrenar temas del último CD y así convertir su actuación en un show diferente al de un escenario festivalero. Durante casi dos horas de concierto lo logrará, pero en módicas cuotas.

Problemas técnicos

El volumen todavía no está bien ajustado, tampoco las luces; y el cantor se aleja del centro del escenario en las introducciones de cada tema para discutir con el operador de monitores. Lo más evidente es la desprolijidad vocal del protagonista.

El entusiasmo general no permite que el público repare demasiado en los errores técnicos. Además de los seguidores incondicionales de hace tantos años, hay un muchacho de veintipico que repite: "¡Qué fenómeno!", y más atrás un grupo que llegó desde Luján con muchas ganas de agitar una bandera.

En la tercera fila hay dos fans obstinados que piden temas hasta agotar la débil paciencia de Guarany. El músico no hace concesiones, pero sí otorga algunos clásicos de su repertorio.

Siempre con esa voz de alarido, que muchas veces se transforma en una exageración de su propio estilo, entona "La villerita" y "Pescador y guitarrero", entre un puñado de piezas de su más reciente producción: "Tajo largo", "Me piden que la olvide", "El duraznero" y "Caminito de Acheral", la chacarera escrita por el bombisto Miguel Acuña, su fiel compañero de ruta desde hace más de tres décadas.

También hay tiempo para evocar su infancia en Alto Verde en la zamba "Peón de boliche", recordar las calles polvorientas de "Santa Fe al Norte", recitar con un rugido de lamento los entristecidos versos de "Desde dónde", o para hablar de su vida actual en Plumas Verdes, la quinta ubicada en la localidad de Luján, donde vive hace más de diez años.

Clásicos para el final

Luego de una extensa presentación de personajes famosos que lo visitaron en este primer show llega el final y los bises con otro puñado de clásicos, donde no faltan temas como "Canción del adiós" y "Si se calla el cantor".

Guarany es pura sangre (ése es el talento que lo ubica como una de las figuras ineludibles del canto popular). Siempre fue el mejor ejemplo de sus propios versos.

Pero hoy, muchas veces, es un ejemplo exacerbado: "Cantor que cantas bajito/ sordos te van a escuchar/ cantales con todo el alma/ la oreja habrán de parar".

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