Suscriptor digital

Guerra para Bartok

(0)
24 de marzo de 2000  

Respecto de Maximiliano Guerra, a quien John Neumeier ha invitado en diferentes oportunidades desde 1992, el coreógrafo dice: "En el Colón actuará junto a la compañía en Bartok Cuadros , una pieza fuerte y dramática que se adapta a las condiciones de poderosa técnica y honda expresividad que él tiene. La obra muestra a un hombre solo, en su cuarto. Llega una mujer, que no se sabe si es real o producto de la imaginación del personaje masculino. Así, hay escenas de profundas connotaciones trágicas, líricas y apasionadas. Son como alucinaciones durante una noche de insomnio, cuando surgen tanto los ángeles como los demonios que tenemos adentro. Maximiliano es un bailarín que me agrada e interesa mucho. Por supuesto, su gran virtuosismo es admirable, pero para mí es más importante que siempre se lo vea sobre el escenario como a una persona real. Me impresiona su humanidad. No se impone ni disfraza con las características y sentimientos de las obras. Es él transitando lo que la coreografía inspira dentro suyo".

"Bartok Cuadros" fue creada para Guerra por el director del Ballet de Hamburgo en 1998. El argentino la estrenó con el elenco alemán junto a Anna Polikarkova.

Entre otras piezas de este autor, Guerra bailó "Odisea" y acaba de presentar en Hamburgo "Tercera Sinfonía", que fue su rentrée después de seis meses de inactividad, desde que fue operado por una lesión en el talón de Aquiles. Ahora vuelve a Buenos Aires con una pieza que adora. "Son imágenes nocturnas de todo tipo de coloraturas. Puede ser una pesadilla o el último y mal sueño antes de que el personaje se muera. Durante la obra tiene visiones de distintas etapas y situaciones que tuvo en su existencia. Así, la mujer representa a la figura femenina multiplicada: la ve como a una niña, que puede ser su hija; madura, como una madre que a la vez simboliza la muerte y la vida; como su amor y de otras maneras. Esta obra mueve todos mis resortes, tanto los epidérmicos como los más hondos. Trabajar con John es un lujo. No es hombre que martirice con lo técnico, aunque sus puestas son muy difíciles de ejecutar. Prepara al bailarín haciéndole comprender qué es lo que representa su personaje hasta que uno lo traduce naturalmente. Los interpreto como si fueran mis propias vivencias."

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?