Intocables, pero no para el FBI

Los expedientes sobre las figurasfamosas siguen saliendo a la luz
Los expedientes sobre las figurasfamosas siguen saliendo a la luz
Dolores Graña
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25 de septiembre de 2005  

Dos periodistas de la agencia de noticias AP, Randy Herschaft y Larry McShane decidieron tomarse el trabajo de pedir al FBI –a través de la ley de libertad de información que rige en los Estados Unidos, que permite que un individuo solicite y consiga documentación oficial mediante un simple formulario– los expedientes y memorandos que la agencia de investigaciones de ese país había confeccionado sobre (o a pedido de) famosos ciudadanos de ese país entre 1974 y 2005.

El resultado: esta semana recibieron 500 expedientes y más de 1500 páginas sobre los secretos y pecados de los Beach Boys (consumidores de LSD), el pintoresco pianista Liberace (jugador desembozado de quiniela), Lou Costello (traslado de material pornográfico), pasando por Victor Mature (perseguido por un fan tan desequilibrado como el denunciante, sostiene el documento) y llegando a Desi Arnaz y Lucille Ball –que, lejos de reflejar posibles inquietudes por el origen cubano del primero– se centran en las acusaciones de discriminación de la comunidad ítalo-norteamericana al estreno de "Los intocables", producido por la compañía de Arnaz y Lucille Ball, Desilú (ni el verdadero Elliot Ness se salvó del escrutinio: su expediente tiene 139 páginas).

Mientras el sujeto del memorando vive, el FBI sólo puede poner a disposición de quien lo solicite información ya conocida, como recortes de prensa: los expedientes completos –famosos y ciudadanos comunes por igual– son desclasificados cuando el sujeto ya ha fallecido. Y, aunque el FBI se negó a informar la cantidad de personas e instituciones que ha investigado, los cálculos más pesimistas estiman que el número no puede ser inferior a seis millones. La vastedad de la información que todavía no puede ser consultada –por razones de seguridad nacional, respeto de la intimidad de terceros o simple falta de un pedido a tal efecto– puede intuirse repasando las 4692 páginas disponibles en la Red que especifican los llamados y las visitas que recibió J. Edgar Hoover entre 1932 y 1972.

Decime tu condena

Los archivos que el FBI recopiló acerca de algunas de las mayores luminarias de su país durante el período en que Hoover fue su director (1924-1972), disponibles en la página de Internet del organismo ( http://foia.fbi.gov/room.html ) son notables no sólo por algunas revelaciones de infidelidades y adicciones que harían –y seguramente hicieron, pero en privado– las delicias de los columnistas estrella de la era de oro de Hollywood, como Louella Parsons, Walter Winchell o Hedda Hopper. Por ejemplo, la acusación de que Frank Sinatra había pagado 40 mil dólares para evitar ser conscripto en el ejército de su país, en 1941 (el examen físico incluido en su expediente da como causas de su baja un tímpano perforado e inestabilidad emocional). En otros casos, recorrer los expedientes disponibles es tan interesante por las revelaciones sensacionales como por la comparativa falta de escándalos de los espiados, como los amoríos de Marilyn Monroe en México.

Allí pueden encontrarse también abundantes ejemplos de las acusaciones de espionaje a través de cartas anónimas que el FBI recibía por toneladas durante la Segunda Guerra Mundial. Algunas denuncias son desopilantes a los ojos actuales, como que los salones de Elizabeth Arden, la compañía de cosmética, servían como lugares de reunión y lavado de dinero para simpatizantes nazis o que Mary Pickford era admiradora de Hitler y así lo manifestaba en los frecuentes brindis con los que aterrorizaba a sus invitados. Otras son tan ilustrativas, que ciertamente podrían ser parte de un guión hollywoodense, como la reconstrucción de lo ocurrido en una cena en casa del actor Melvyn Douglas, en la que se relata que su esposa observó, luego de que sus invitados alabaran su residencia: "No sé para qué dedicamos tanto tiempo y esfuerzo a esta casa, si cuando venga la revolución vamos a perderlo todo".

Sin embargo, la forma más sencilla de descubrir por qué existe la posibilidad de pasar horas leyendo las propuestas de Walt Disney para hacer una serie de programas especiales sobre el funcionamiento de la agencia o que Noël Coward era un espía británico que intentaba que Estados Unidos entrara en la guerra es el inmejorable retrato que pinta la gran cantidad de material desclasificado que puede consultarse sobre la investigación de la infiltración comunista en Hollywood (1942-1958).

En las dos mil páginas disponibles se nombra a quienes el FBI juzgaba como comunistas o simpatizantes de la causa en la comunidad cinematográfica, como John Steinbeck, Dorothy Parker, Lilian Hellman, Orson Welles, Clifford Odets, Frances Farmer, John Garfield, Fredric March y James Cagney, por nombrar algunos. Muchos de ellos fueron llamados a declarar frente a la comisión del Senado en 1947; algunos se negaron a hacerlo; otros respondieron a las preguntas o denunciaron a otras personas como comunistas. Un grupo de ellos se negó a responder si estaba afiliado al partido comunista: quienes serían conocidos como los "diez de Hollywood" fueron a la cárcel. Con el tiempo, más de 300 técnicos y artistas terminaron en las listas negras.

Otto Preminger, uno de los primeros en desafiarlas –al contratar a Dalton Trumbo, uno de los diez, para escribir "Exodo"– tiene su propia revelación en los expedientes recuperados por AP.

En 2001, un memorando interno de la agencia advertía que debía retenerse toda la información pertinente a su deseo de convertirse en informante del FBI. Y así se hizo.

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