Jarrett y el jazz que no se fatiga

Tras un extraño mal, lanzó otro disco, "Whisper Not", con Peacock y DeJohnette
Tras un extraño mal, lanzó otro disco, "Whisper Not", con Peacock y DeJohnette
Ricardo Carpena
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22 de octubre de 2000  

Justo a él, que parecía infatigable, una rara enfermedad llamada síndrome de fatiga crónica lo mantuvo postrado por más de dos años. Prácticamente sin tocar el piano. Recluido en su casa. Postrado. Keith Jarrett parecía casi una sombra de ese vertiginoso artista que se había convertido en un músico de culto, mucho más allá de las amplias fronteras del jazz.

Desde aquel hiperkinético chico de 7 años que debutó en público en su ciudad natal, Allington, Pensilvania, Estados Unidos, hasta ese cincuentón con un misterioso mal que minó sus fuerzas habían pasado más de cincuenta años de una increíble trayectoria, en los que recuperó, en pleno auge electrónico, la pasión jazzera por el piano acústico y en los que delineó un estilo propio, explosivamente lírico, a veces cercano al free y otras a la música clásica.

Es difícil que alguien de buen oído no haya quedado atrapado por algunos de sus discos, como ese hipnótico "The Köln Concert", o por cualquiera de los cuatro discos que grabó junto con Dewey Redman, Charlie Haden y Paul Motian ("Shades", "Mysteries", "Byablue" y "Bop-Be"), o por "Spirits", donde Jarrett toca 18 instrumentos (!), o su experiencia con Jan Garbarek (como en "My Song") o por sus acercamientos a Bach, Mozart, Händel y Shostakovich.

Jarrett nació el 8 de mayo de 1945, aprendió a tocar el piano a los 3 años y a los 17 dio su primer recital. Después de su etapa de estudios musicales y de una beca para perfeccionarse, en 1965 le llegó su gran oportunidad: se integró a los Jazz Messengers del genial Art Blakey. Un año después se asoció con el saxofonista Charles Lloyd, una suerte de genio desaforado, con el que grabó varios discos y gracias a quien conoció al baterista Jack DeJohnette.

A fines de los años sesenta estructuró su primer gran trío, con Haden y Motian, pero probablemente los años setenta lo encontraron en su apogeo: tocó con Miles Davis, Gary Burton y Jan Garbarek, grabó en 1972 su primer disco para el sello ECM, compuso obras para orquesta, música de cámara y logró grabar un disco doble improvisando en órganos del siglo XVIII.

El polémico

Aun así, este ecléctico y fascinante pianista se ha dedicado a sembrar (¿gustosamente?) polémicas a su paso, sobre todo por su carácter irascible, sus excentricidades, su personalidad tranquila pero peligrosamente inestable (tanto como su música). Y así como en sus más de 70 discos hay firmes huellas de genialidad, hay también rastros de caprichos, de reiteraciones, de altibajos (algunos de sus discos desafían la paciencia hasta del mejor predispuesto oyente).

Pero con los años hay una formación con la que Jarrett conformó a todos, a los más y a los menos ortodoxos: el trío que integró con DeJohnette y el contrabajista Gary Peacock.

Ellos tres, desde 1983, han tocado en vivo y grabado standards, y sólo con eso pudieron meterse en el bolsillo a quienes pensaban que Jarrett era sinónimo de música hermética.

Experiencia

Escucharlos improvisar, hacer honor con sus instrumentos al tan bastardeado concepto de la libertad musical resulta una de las experiencias más fascinantes del jazz contemporáneo, lleno de pretensiones y rebuscados intentos de hacer algo distinto (aunque los resultados sigan marcando más de lo mismo).

Jarrett, Peacock y DeJohnette ya grabaron juntos unos doce álbumes, y eso se nota. Funcionan como una perfecta máquina de hacer jazz. Y quizá sea "Whisper not", el flamante disco doble que ECM distribuyó en todo el mundo, el mejor homenaje para celebrar el regreso a la vida musical de Keith Jarrett tras su enfermedad.

Si bien había roto el silencio con "The melody at night, with you", que salió el año último y lo mostraba, solo con su piano, en una faceta introspectiva y melancólica, este excelente disco de standards recupera al Jarrett que todos conocemos: el que dispone una respetuosa deformación (o viceversa) de canciones clásicas. El que toca como uno espera que lo haga, pero irrumpe sorpresivamente para derribar convenciones musicales. El que juguetea con sus dedos como si martillara las teclas y, al tiempo, las acariciara. El que canturrea y deja que su voz se convierta en un instrumento más, lacerante y necesario, de su propuesta.

Aquí, en estos dos CD hay temas de Bud Powell, Thelonious Monk, Clifford Brown, Cole Porter y Billy Strayhorn, entre otros.

Pero, sobre todo, lo que puede encontrarse es la confirmación de que el gigante del piano se levantó de su larga siesta. En su mejor forma, como si hubiera salido de una pesadilla y ahora, para compensar tantos meses de ausencia, se dedicara a cumplir el sueño de quienes no hacíamos más que extrañarlo.

Whisper not (2 CD)

Keith Jarrett, Gary Peacock y Jack DeJohnette

Bouncin with Bud, Whisper not, Groovin´high, Chelsea bridge, Wrap your troubles in dreams, Round midnight, Sandu, What is this thing called love, Conception, Prelude to a kiss, Hallucionations, All my tomorrows

Dos CD made in Corea

Mientras Jarrett regresa al formato del trío, Chick Corea, otro gran pianista, volvió a grabar solo con su piano y acaba de lanzar al mercado dos discos en versión "desenchufada" que se pueden comprar por separado: "Standards" y "Originals". El primero, como su nombre lo indica, reúne clásicos inoxidables como "Monk´s Dream", "Yesterdays", "Round Midnight", "It Could Happen To You" y "How Deep in the Ocean". El segundo, temas originales del propio Corea, que se han convertido en piezas célebres de su repertorio en los años 70 y 80: "Armando´s Rhumba", "Spain", "Yellow Nimbus" y "Chase", entre otros.

De la audición de ambos discos quizá se puedan sacar dos saludables conclusiones: que Corea ya no oculta la influencia de Thelonious Monk y de Bud Powell en su música, y que, más allá de la feliz experiencia de su último grupo, Origin, reencontrarse a solas con el piano acústico fue una de las mejores cosas que decidió en los últimos años.

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