La aventura de un gambista

Juan Manuel Quintana, nuevo referente dentro del movimiento barroco
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26 de octubre de 2000  

En el momento de escuchar a Juan Manuel Quintana ejecutando su viola da gamba (instrumento del siglo XVII) se cree que es la música misma la que toma posesión de su alma. Su timbre inconfundible, aterciopelado y vigoroso, y su arco firme y dúctil, que durante la ejecución abre al oyente una maravillosa gama de posibilidades sonoras, son parte de un estilo capaz de conferir a ciertas obras del repertorio barroco una vitalidad renovada.

Encarar el estudio de la viola da gamba en Buenos Aires, no es una elección común. "Cuando tenía doce años empecé a escuchar música clásica por radio -dice Quintana a La Nación -; no todo me gustaba, y de esta manera descubrí que lo mío era la música barroca. Comencé a interesarme y pensé en tocar el oboe, la flauta o la trompeta, hasta que elegí la flauta dulce sin conocer bien de qué se trataba, y decidí que la viola da gamba iba a ser mi instrumento sin siquiera haberlo visto. Cuando di con Ricardo Massun, con quien tomé clases de este instrumento durante algunos meses, me dijo: ÔConseguite una viola´, y se portó muy bien: yo tenía 14 años y en mi casa no podían pagarme las clases, además, para mis padres la música era algo desconocido. Recuerdo que en los recreos del secundario me sentaba en la biblioteca a consultar la agenda de La Nación , y me iba a escuchar hasta dos conciertos por día, de lo que fuera."

El descubrimiento de una vocación, el aprendizaje y la carrera en el extranjero se sucedieron tan rápido que Quintana sólo ahora está tomando conciencia de lo que hizo. Con Massun permaneció seis meses hasta que éste debió regresar a Suiza. Decidió seguir estudiando solo. ¿Con algún método? " ¿Qué método? ¡Con partituras de obras que Massun me dejó! ¡Y hasta me dio alguna que otra clase desde Suiza por cassette! (risas)"

Luego llegó la posibilidad de armar un dúo con Jorge Lavista, ejecutante de clave que vive en Holanda. Tocaron juntos durante cuatro años, el saldo de la experiencia fue muy fructífero. A los diecinueve años, Quintana decidió viajar a Europa, sin plata y sin instrumento (hasta ese momento usó uno que le habían prestado), sólo con algunos contactos. El primer destino fue Ginebra, donde permaneció un año en el conservatorio y a causa del rutinario régimen de estudios, decidió trasladarse a Basilea. La experiencia en esta ciudad fue enriquecedora, hasta que en 1995 se fue a París. Empezaron a aparecer las grandes oportunidades, como debutar en la agrupación Concerto Köln, con un "Orfeo", de Monteverdi, en el Festival de Salzburgo, dirigido por René Jacobs. Después integró otras agrupaciones como Hespérion XX; Les Talens Lyriques; Akademie für alte Musik Berlin; Les Musiciens du Louvre, dirigidos por Marc Minkowski, de quien fue asistente de dirección durante una producción de "L´Incoronazione di Poppea", de Monteverdi, en 1999.

A los 28 años, Quintana trabaja en el desarrollo de proyectos. Hace dos años regresó a la Argentina para radicarse. Prepara propuestas para el medio local, aún con las trabas económicas que se encuentran aquí. A fin de mes viajará a Europa para la grabación de una obra de Monteverdi, y para ofrecer recitales en París, Lyon y Suiza. En Buenos Aires tiene previsto presentarse en el Museo Fernández Blanco junto a la clavecinista francesa Céline Frisch, mañana, a las 20, con entrada libre y gratuita. También actuará con la soprano Graciela Oddone y la clavecinista Héléne Dauphin en el Margarita Xirgu, el 15 de diciembre.

En enero de 2001 Quintana lanzará un nuevo disco con sonatas para viola da gamba y clave de Bach, junto a Céline Frisch, y está prevista la grabación de obras de Dietrich Buxtehude junto al violinista Manfredo Kraemer, otro argentino ampliamente reconocido en Europa.

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