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La belleza vale oro

Los premios de la Academia arrojaron pocas sorpresas, pero abrieron tendencias hacia el futuro a partir de la consagración de "Belleza americana".
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28 de marzo de 2000  

Las extenuantes cuatro horas de la 72a. ceremonia de los premios Oscar tuvieron pocas sorpresas entre los ganadores (tal como se preveía, "Belleza americana" se quedó con la mayoría de las estatuillas principales), pero abrieron bastantes temas y tendencias para tener muy en cuenta a la hora de analizar el futuro próximo de la producción norteamericana.

Mientras la velada de anteanoche resultó bastante previsible y monótona, sin el glamour ni el clima de tensión de años anteriores (una prueba de ello fue el premio casi cantado para "Todo sobre mi madre"), en términos artísticos la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood apostó, dentro de sus habituales límites conservadores, por el riesgo y la renovación.

Los cinco galardones para "Belleza americana" (mejores película, dirección, actor protagónico, guión original y fotografía) significaron un aval para una satírica comedia negra sobre una familia disfuncional en un típico suburbio norteamericano. Una propuesta provocativa y desenfadada, muy en sintonía con la línea estética y temática que el cine independiente estadounidense propuso a lo largo de la década del ´90.

La gran contrincante para esa opera prima del joven director inglés Sam Mendes era "Las reglas de la vida", del sueco Lasse Hallström (ganó en guión adaptado y actor de reparto), un relato de corte más clásico, pero con una apuesta ideológica bastante radical, especialmente respecto del tema del incesto y el aborto. A propósito, grupos conservadores organizaron ruidosas manifestaciones en la puerta del auditorio Shrine, donde se realizó la ceremonia, e insultaron al actor Michael Caine, uno de los premiados.

Estas dos películas fueron financiadas por los dos principales y ascendentes estudios minimajors : DreamWorks y Miramax. La primera, empresa productora de Steven Spielberg, dio un paso decisivo en su intento por competir en igualdad de condiciones con los estudios tradicionales al avalar "Belleza americana", mientras que la empresa de los polémicos hermanos Weinstein (subsidiaria de la Disney) no pudo repetir lo lograda el año último con "Shakespeare apasionado", pero rescató dos estatuillas y se consolidó como factor de lobby y poder dentro de la industria.

En cambio, los otros tres largometrajes nominados en las categorías principales ("El informante", "Sexto sentido" y "Milagros inesperados"), que llegaban con el aval de los grandes estudios y presupuestos bastante más importantes, se quedaron con las manos vacías.

El otro hecho indicativo de que Hollywood se jugó por el cambio fue el triunfo de la joven y hasta ahora casi desconocida Hilary Swank por su arriesgado tour-de-force en "Los muchachos no lloran", en detrimento de tres "veteranas" ya consagradas, como Meryl Streep (actriz récord, con 12 nominaciones), Julianne Moore y Annette Bening.

La cosecha off-Hollywood se completó con los dos galardones (maquillaje y vestuario) del musical de época "Topsy-Turvy", del inglés Mike Leigh ("Secretos y mentiras"), y la distinción para el film canadiense "El violín rojo" en el apartado de bandas de sonido.

Pero la falta de superproducciones al estilo de "Titanic" o de "Rescatando al soldado Ryan" en la puja de este año y el triunfo de actores de segunda línea en cuanto a popularidad (ni Kevin Spacey, ni Michael Caine, ni Angelina Jolie son considerados estrellas) tuvo su contracara a nivel de glamour y de atracción popular. En un hecho muy sintomático, varias de las principales figuras de Hollywood (Michelle Pfeiffer, Robert De Niro, Sharon Stone, Leonardo DiCaprio, Julia Roberts, Al Pacino y Kevin Costner) no estuvieron en la ceremonia y su ausencia hizo que las cámaras volvieran una y otra vez sobre el a esta altura "abonado" Jack Nicholson, la embarazada Annette Bening, el infaltable Arnold Schwarzenegger o Keanu Reeves (favorecido por los cuatro premios técnicos de "Matrix"). Por eso no extrañó que las mediciones del rating cayeran respecto de años anteriores.

El show de Billy Crystal

En una ceremonia sin demasiadas novedades, el conductor Billy Crystal volvió a ser el único alivio cómico entre tantos discursos emocionados y repetidos hasta el aburrimiento.

Aunque menos chispeante y verborrágico que en años anteriores, el intérprete de "Analízame" se las ingenió para aprovechar el hecho singular de este año (la pérdida de 53 estatuillas luego recuperadas por el "cartonero" Willie Fulgar, presente en la sala) y entregó algunos bocadillos jugosos.

La cada vez más repetida fórmula de la gala incluyó la típica apertura musical con Crystal mofándose de las cinco nominadas a mejor película, una producción en la que el conductor, efectos especiales mediante, apareció en pantalla "dialogando" con Charles Chaplin, James Dean, Robert De Niro, Marlon Brando, Dustin Hoffman y Humphrey Bogart, entre otros.

Fueron dos largas secuencias de montaje en las que se rescataron canciones clásicas de películas y la forma en que el cine retrató grandes hechos de la historia, los consabidos homenajes que este año protagonizaron el cineasta polaco Andrzej Wajda y Warren Beatty, el "In Memóriam" por los artistas fallecidos en 1999, con George C. Scott a la cabeza, y un compilado con los cinco temas nominados, que contó con la presencia de los veteranos Burt Bacharach y Ray Charles, y el taquillero Garth Brooks.

En ese pasaje no se produjo el tan anticipado conflicto en torno de la canción "Blame Canada", del film animado "South Park: Bigger, Longer and Uncut". A pedido de los ejecutivos de la cadena televisiva ABC, el tema original, que contenía múltiples palabras y referencias obscenas, fue censurado (tras un acuerdo con sus autores) y por eso Robin Williams apareció sobre el escenario con la boca tapada con una cinta negra.

En la senda de Benigni

Mientras Roberto Benigni intentaba, sin suerte, repetir el show unipersonal del año último, otro autor europeo, el español Pedro Almodóvar, consiguió su carnet de aceptación en Hollywood tras ganar el Oscar al mejor film extranjero con "Todo sobre mi madre". Con los almodovarianos Penélope Cruz y Antonio Banderas como presentadores (todo estaba evidentemente preparado para la condecoración), el director manchego realizó un ampuloso e ininteligible discurso en inglés, idioma que deberá mejorar cuando filme, en pocos meses más, su primera producción norteamericana.

En una noche favorable para los realizadores europeos, el alemán Wim Wenders fue el único gran derrotado. A pesar de que su "Buena Vista Social Club" había arrasado en los Globo de Oro y en todos los premios de los críticos, perdió en el apartado de largometraje documental a manos de "One Day in September", sobre la matanza de judíos en los Juegos Olímpicos de Munich 1972. Fue la única gran sorpresa en una noche dominada por las reiteraciones y la previsibilidad.

Triunfo en la taquilla:

Para completar su momento de gloria, "Belleza americana" fue el film más visto en los cines argentinos por sexta semana consecutiva. No quedaron dudas de que el público local que fue al cine entre el jueves último y anteayer se preparó para la entrega de los Oscar, ya que ocho de los diez títulos más vistos contaban con candidaturas. Al mismo tiempo, con un incremento en la asistencia global de casi el 17 por ciento, funcionaron muy bien los dos estrenos del jueves último: la corrosiva sátira bélica "Tres reyes" (que sorprendió al alcanzar el segundo lugar) y la multinominada "Las reglas de la vida", que quedó tercera, pero con el mayor promedio de espectadores por sala.

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