La brutalidad, magistralmente expuesta

Carlos Pacheco
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31 de mayo de 2015  

La violación de Lucrecia / Autor: William Shakespeare / Traduccion: José Luis Rivas Vélez / Intérprete: Nuria Espert / Creación sonora y diseño: Sandra Vicente (Studio 340) / Iluminación: Juanjo Llorens / Escenografía y vestuario: Ikerne Giménez / Producción: Juanjo Seoane / Asistencia de dirección: Rosana Rodríguez, Horacio Larraza / Dirección: Miguel del Arco / Sala: Cunill Cabanellas del Teatro San Martín (Corrientes 1530) / Funciones: miércoles a domingo, a las 21 / Duración: 75 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Publicado en 1594, el extenso poema La violación de Lucrecia está considerado el germen fundamental de la creación posterior de William Shakespeare. Un material desgarrador en el que asoma con crudeza el abuso de poder y que el autor va detallando con un lenguaje por momentos brutal, aunque siempre en un tono poético de gran belleza.

El espectáculo que ahora llega a Buenos Aires fue estrenado en 2010. Luego de cumplir una serie de exitosas funciones, Nuria Espert recreó otros muy diversos materiales (su último proyecto fue asumir el rol protagónico de Rey Lear, también de Shakespeare) pero un placer personal parece llevarla a recuperar, una y otra vez, a esta Lucrecia para volver a relatar su trágico destino.

Violada por Sixto Tarquino, la muchacha reclama a su padre y a su esposo, Colatino, que la venguen, y termina suicidándose. El hecho provoca una gran conmoción en Roma: cae la monarquía y se impone la República.

El director Miguel del Arco (la crítica española viene reconociéndole su talento con renovada insistencia) construye una experiencia con una mínima escenografía y pone en valor la narración de los hechos, repara con extrema intensidad en las disquisiciones del personaje y conduce a la actriz por el camino seguro de las palabras.

El tono exacto

En el exquisito decir de Nuria Espert, la poesía de Shakespeare adquiere una profunda vitalidad. Ella siempre encuentra el tono exacto para transitar por esa enorme variedad de sentimientos encontrados que castigan al personaje. La actriz se deja llevar por esos acontecimientos nefastos que describe, su cuerpo se transforma y la conmoción que provoca es mucha. Verdaderamente es un placer observar como, con su sola presencia, puede completar el espacio de manera tan imponente.

No es nada sencillo acercarse a ese mundo personal que reelabora Shakespeare, "ese laberinto hermoso y esquizofrénico", como lo ha definido la misma actriz. Consigue componerlo con mucha maestría y así el espectador no sólo se deslumbra por la apasionada poesía shakespeareana sino que, además, toma contacto directo con la grandeza interpretativa de Espert.

El pequeño escenario de la sala Cunill Cabanellas, que ella misma eligió para representar este trabajo, se transforma en una caja de resonancia en la que imágenes cuidadas (las de la puesta) se confrontan con otras que remiten al horror (las del texto) en un muy ajustado equilibrio. Si el arrebato de las pasiones lleva a los hombres a quebrar el mundo íntimo de una mujer, allí estará la sociedad para imponer castigo. Sucedió en Roma, en su momento, y en la historia actual muchas Lucrecias claman por recuperar su dignidad.

En este punto el espectáculo adquiere un valor extra. Es inevitable no ubicarlo dentro del contexto social actual donde el femicidio está resultando, casi, una moneda corriente. La violación de Lucrecia se instala entonces con más hondura, no sólo como una muy destacada muestra teatral, sino, también, como una referencia que deja más de una reflexión en la platea.

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