La dulce satisfacción del hate-watching

Natalia Trzenko
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25 de julio de 2015  

Se habla mucho del binge-watching, el irrefrenable deseo de satisfacer inmediatamente y por atracón la pulsión de consumir series. Menos se dice del hate-watching, la muy sana costumbre de ver un programa que se odia. Para algunos, el hecho de mirar un ciclo que se desprecia puede sonar a pérdida de tiempo o a una rara forma del masoquismo. Y puede que en algunos casos lo sea, pero también puede ser tan satisfactorio como seguir un programa que sí nos gusta. La serie que parece prestarse más cómodamente para la práctica de hate-watching en la actualidad es la segunda temporada de True Detective. El policial reúne muchas de las características necesarias para el nuevo estilo de consumo. Para empezar, luego del éxito de la primera temporada, las expectativas para la segunda eran enormes. Además está producida por HBO, el gigante de la TV premium, y cuenta con un elenco de jóvenes estrellas del cine. Y, lo más importante, habiéndose ya emitido la mitad de los capítulos de la temporada con un pésimo guión repleto de sentencias vacías y personajes estereotipados, una inconsistente dirección y el nivel de actuaciones increíblemente bajo (¿será Vince Vaughn el peor actor que haya brindado el cine a la TV? Es posible), está claro que True Detective cumple el requisito principal para los cultores del hate-watching. A saber: tenía todas las posibilidades para ser buenísimo, todo el mundo esperaba que lo fuera y sin embargo apenas supera el nivel de lo aceptable. Y no hay nada más reconfortante ni que inspire más odio que mirar un programa que presumió tanto terminar siendo tan poco. Puede que el hate-watching no sea la experiencia más sana del mundo. Pero lo cierto es que atracarse de TV tampoco y todo el mundo presume de ello.

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