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La Guerra del Golfo sigue en pantalla

"Tres reyes" costó 50 millones de dólares, pero asoma en ella el espíritu independiente de su director.
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22 de marzo de 2000  

El cine parecía tener una deuda pendiente con la Guerra del Golfo. Pero mañana, cuando "Tres Reyes" llegue a las pantallas locales, parte de esa cuenta empezará a saldarse.

Esta vez, el director David O. Russell -que años atrás dirigió "Spanking the Monkey"- optó por enfrentar el dilema con los argumentos del cine independiente del que surgió. El método para combatir la parálisis fue radical: por un lado, un guión insólito y descabellado; por otro, un manojo de tomas sacadas del manual de los hermanos Coen o de otros ejemplos del cine off Hollywood.

El resultado de la ecuación es simple. "Tres reyes" es una película de espíritu independiente, pero realizada en el corazón mismo de La Meca del cine. Una superproducción de cincuenta millones de dólares financiada por la Warner, el estudio más clásico y tal vez más timorato de Hollywood, que la dejó en manos de un director de 41 años con apenas dos films de escaso presupuesto en su haber. Una historia que transcurre durante el conflicto del Golfo, pero que se apropia de las convenciones del relato de aventuras. Una comedia negra que termina desdoblándose en drama. Un relato corrosivo y amoral que se transforma en un alegato de ética individual.

En pocas palabras, un film que no tiene ningún punto de contacto con la épica tradicional de las heroicas sagas bélicas.

El mapa del tesoro

La acción de la película -que fue filmada en Arizona y México- comienza en los desiertos iraquíes, en 1991, durante los últimos espasmos del conflicto. Tres soldados (Wahlberg, Cube y Jonze) esperan ansiosos el fin de una guerra de la que se encargan los aviones y los misiles y de la que casi no participaron. Cuando se enteran de que el gobierno norteamericano y el de Saddam Hussein han decretado un cese de hostilidades definitivo, descubren en un lugar insólito un mapa del tesoro. El mapa en cuestión muestra la ubicación de los bunkers donde Saddam ocultó los lingotes de oro que le robó a Kuwait tras la invasión. Después de sumarse al equipo el personaje de George Clooney, los cuatro decidirán hacerse con el botín antes de que las tropas sean movilizadas y deban volver a casa. Según sus cálculos, el oro se traduce en 23 millones de dólares (el dato, como tantos otros del film, es real: en efecto, Saddam tomó el oro kuwaití; en efecto, lo tuvo escondido en lugares inaccesibles).

De allí en más, la película seguirá al cuarteto en sus peripecias, en un clima surreal donde pueden aparecer Rolls Royce por docenas en pleno desierto o teléfonos celulares con los que comunicarse directamente con los Estados Unidos. Algunas escenas son dignas de un Tarantino bélico (como la tragicómica explosión de una vaca al pisar una mina), o en apariencia absurdas (un camión de combustible vuelca tras ser ametrallado y lo que derrama es leche).

Si "Tres Reyes" es un guión independiente y delirante que se filtró por alguna razón en los mecanismos de la gran industria, no deja de volverse un poco más convencional en su último tramo. Concesión o no a los productores, las consecuencias no dejan de ser originales. El mayor Archie Gates y sus secuaces van descubriendo que si la soldadera de ambos lados no sufrió en carne propia la brutalidad del enfrentamiento, sí existen las víctimas. Y son tangibles. Son, por supuesto, iraquíes, y más concretamente civiles.

Controversia en puerta

La constatación de este hecho es una ácida crítica al papel norteamericano en el conflicto. Gates repite de manera insistente -y a veces un poco didáctica- que los civiles iraquíes se convirtieron en rehenes de Saddam por culpa directa de George Bush, el entonces presidente norteamericano, que los exhortó a sublevarse para después abandonarlos a Saddam para ser impunemente masacrados.

Lo que los tres Reyes (o cuatro, para hablar con precisión) comienzan, finalizado el ascéptico intercambio de misiles, como una búsqueda del vellocino de oro deviene drama. Al haber un cese de fuego, Archie Gates (Clooney) y sus secuaces se ven incapacitados de actuar a riesgo de sufrir un juicio militar.

El original punto de partida, pero sobre todo sus nada veladas críticas al gobierno norteamericano, amenazaron en su momento con postergar indefinidamente el proyecto. Los productores temieron que la tesis sobre la participación norteamericana terminara levantando polvareda, tanto dentro de los Estados Unidos como en el exterior. La bomba colocada en un Planet Hollywood de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, en agosto de 1998, fue casi el certificado de defunción del proyecto. Los productores, antes de decidirse a seguir adelante, alegaban que la película podía ser objeto de ataques terroristas.

Otros temores sobrevolaban también el set. Russell confesó ya terminado el montaje y cuando se señalaba a "Tres Reyes" como un posible "tapado" en las nominaciones para el Oscar que durante toda la filmación lo aterrorizaba la idea de que descubrieran que los dos presupuestos que había manejado hasta entonces eran un film casero de 80.000 dólares ("Spanking the Monkey") y una comedia de siete millones de dólares.

Camino complicado

También la escritura del guión tuvo sus vericuetos. Aunque Russell pasó 18 meses investigando la Guerra del Golfo, utilizó como base de la historia una sinopsis que vio al azar sobre uno de los tantos escritorios de la Warner. Aunque la trama propiamente dicha fue escrita por el propio Russell, hubo denuncias de robo y plagio que amenazaron el proyecto. John Ridley, el autor de la idea, todavía sigue reclamando y no se conforma con aparecer en los créditos.

Otro conflicto que estuvo a punto de hacer naufragar el proyecto fue la elección del actor principal. El estudio ponía como condición que el papel de Archie Gates recayerá en la piel de una estrella confirmada. Su candidato era Mel Gibson. Russell lo quería a Niclas Cage. Clooney bombardeó al director con cartas e incluso hizo un viaje sorpresa a Nueva York, donde vive Russell, para rogarle que lo eligiera a él. Pero fue sólo después de que Cage se decidiera por "Bringing Out the Dead", de Scorsese, que logró su objetivo.

En la cinta, todo este cúmulo de problemas -sumados a las extravagancias del director- parecen haber colaborado para darle a la película su informalidad iconoclasta. Y aunque a veces peque por exceso de ingenio, Russell ha dado a luz una de las obras bélicas más inesperadas de las últimas décadas.

En el subibaja

A Clooney, que interpreta al mayor Archie Gates, todavía hoy lo persigue el fantasma del actor de TV que supo ser. A pesar de su estrella ascendiente, los productores siguen mirándolo con cierto resquemor y no lo consideran un actor que garantice el éxito de un film con su sola aparición. Su participación en varias películas desafortunadas ("El pacificador" o el último Batman) contribuyó para acentuar esa imagen, pero "Un romance peligroso", de Steven Soderbergh, lo reveló como actor de relieve y "Tres reyes" parece abrirle definitivamente las puertas de la pantalla grande. Actualmente está filmando "The Perfect Storm" y lo espera "O Brother, Where Art Thou?", el próximo opus de los hermanos Coen. David O. Russell dice que decidió darle su papel después de verlo en la bizarra "Del crepúsculo al amanecer", de Robert Rodriguez.

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