La historia de un artista y su tiempo histórico
Un creador inteligente, innovador y con gran sensibilidad
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La historia de René Pollesch es tan rica y compleja que no puede ser contada sin tener en cuenta la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana. Y es necesario comprender parte de esa historia para entender qué significa este enorme artista alemán y cómo se produce su vinculación con el actor y director argentino Luciano Cáceres.
Una vez caído el Muro de Berlín, la Alemania reunificada se encuentra ante una situación muy particular con sus teatros deficitarios del ex bloque del Este. Una de esas salas es la Volksbühne (escena del pueblo). El ministro de Cultura de entonces se encuentra ante la difícil tarea de decidir qué hacer con ella. Cerrarla parecía la primera opción. Sin embargo, el gobierno decide dársela a uno de los directores más jóvenes y transgresores de Berlín: Franz Castorff (estuvo en la Argentina en 2007, con Endstation Amerika, en el marco del FIBA). Castorff se apropia de esta sala y la revoluciona de tal modo que altera la estética teatral del planeta entero, asociado indirectamente a uno de los críticos teatrales de mayor impacto global: Hans Thies Lehmann, un profesor universitario que crea el concepto de "teatro posdramático", concepto que circuló en todo Occidente, incluyendo nuestro país.
Uno de los alumnos de Lehmann era un joven de gran inteligencia y sensibilidad artística llamado René Pollesch. Alemania encuentra en él inmediatamente a un representante del teatro joven, de ruptura o de vanguardia. Y Castorff, que se sabía en una tarea titánica de resucitar una vieja mole, le ofrece hacerse cargo de una de las salas satélite de la Volksbühne, la Prater.
A partir de entonces, a las puertas del siglo XXI, Pollesch se posiciona como uno de los artistas más innovadores de la escena alemana, con un tipo de dramaturgia que dista mucho de la convencional, comprendida como dramática, y empieza a forjar un nuevo concepto que explica con bastante eficacia parte de su estética: teatro no representacional. Sin personajes, sin diálogo, sin conflicto tal como el teatro lo entendía tradicionalmente y con una frescura y energía pocas veces vistas. Mientras tanto, el uso del video se iba a convertir en marca de estos dos creadores, con escenas completas que llegan al espectador a partir de pantallas que, en tiempo real, muestran la trastienda de un teatro o de una obra.






