La holística como terapia

Un abordaje integral de la medicina y disciplinas orientales le permiten a Rogelio D’Ovidio buscar otros caminos para la cura
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17 de mayo de 2011  

Creo que la pregunta que más iluminación ha traído a la gente del planeta es ¿quien soy yo? ¿Que vine a hacer a este planeta? Cuando uno no tiene esa respuesta debería hacérsela una y otra vez, y luego seguir la pregunta hasta que la respuesta sea clara", reflexiona Rogelio D’Ovidio, médico, escritor, docente y practicante activo de lo que denomina medicina holística.

Misioneros espirituales. "Hay gente que se enferma porque su alma no está haciendo lo que vino a hacer al planeta. Todos nosotros somos almas con una misión. Para eso nacimos en este país y con una personalidad determinada. Cuando el alma se manifiesta y puede expresarse libremente no hay enfermedad. El mal surge cuando no permito que mi alma se exprese. Si yo nací para ser pintor y soy comerciante, aunque gane mucho dinero, me puedo enfermar", agrega.

Pistas. D’Ovidio tardó tres años en tener una respuesta. En general, la contestación viene con cuentagotas, dice. A veces escuchando una radio oímos una propaganda y aparece una palabra que nos revela parte del misterio. O algo que murmura un colectivero. "La misión que me trajo al mundo es sanar a la gente y divulgar maneras de vivir mejor, de ser más sanos. También nací con la capacidad de hacer simple lo complejo y comunicárselo a la gente. Por eso escribo. Si repasamos adiciones, gustos, tendencias, películas, música, siempre hay pistas acerca de cuál es nuestro rol en el mundo. Pero hay que tener los ojos bien abiertos: la vida de hoy es compleja, el dinero es lo más importante, y así postergamos el encuentro con nuestro ser. Eso es lo que enferma. Sentimos una sensación de vacío que provoca depresiones graves y enfermedades complejas."

Mente y enfermedad. "Cuando me recibí fui médico pediatra en Casa Cuna. En el Servicio de Meningitis Infantil había un médico, el doctor Touceda, que sostenía que ninguna meningitis era casual. Investigando antecedentes descubrió que en un porcentaje importante esos niños tenían padres o abuelos con patologías en el cerebro. Eso me fue despertando inquietudes. Luego ingresé al Hospital de Clínicas, al Servicio de Neumonología Infantil, y trabajé con el doctor Víctor Badaracco, uno de los mejores neumonólogos infantiles. Un día, él me entregó un artículo que se titulaba La mente sobre la enfermedad y me pidió que lo estudiara. Se podría decir que todo fue un antes y un después de leer ese artículo. Encontré un sendero y comencé a estudiar. Primero psicoterapia gestáltica."

Meridianos chinos. Para esa época usaba anteojos y desde los 9 años (tenía 30) convivía con una pérdida de visión del 80% en cada ojo. En una revista sobre crecimiento interior vio un aviso sobre recuperación visual sin lentes y así conoció al doctor Raúl E. Flint y recuperó plenamente su visión normal. "De él escuché palabras como holismo, meridianos chinos, armonización... Combinaba técnicas de psicoterapia, acupuntura, shiatsu, visualización creativa, y explicaba que en la India se hacían ejercicios para la recuperación visual desde antes de la era cristiana. Al año siguiente me puse a estudiar acupuntura y posteriormente, homeopatía y psicoterapia cognitiva. Comprendí que ninguna medicina puede curar todo, entonces se me ocurrió integrar todos mis conocimientos sobre salud, sentimientos, pensamientos y llegué a la medicina holística."

Amor y sabiduría. Otro hecho importante ocurrió en su vida espiritual. "Tengo formación católica, pero al ir estudiando otras fuentes como el hinduismo y el budismo me alejé de la iglesia ortodoxa. Buda, que es anterior a Cristo en 6 siglos, trae un método y Cristo, como sabe que Buda trajo el método al mundo, simplemente trabaja desde otro lugar. Trabaja desde el amor, el amor cósmico. Cristo es el gran maestro del amor; Buda es la sabiduría. Mi idea es que ambos son complementarios."

Lo nuevo. Uno de los cursos que dicta desde hace años en el país y el extranjero es una mezcla de psicología occidental y elementos del raja yoga, que es el yoga mental. "Lo titulé Borrón y cuenta nueva . La base es que puedo cambiar los pensamientos que me hacen sufrir reemplazándolos por los pensamientos contrarios. Un pensamiento nuevo se cultiva casi como una planta. Hay que atenderlo todos los días hasta que adquiere fuerza propia y desplaza al pensamiento negativo."

LECTURAS

  • Bhagavad Gita
  • El poder de cambiar (Rogelio D’Ovidio)
  • El kybalion (Tres iniciados)
  • Raja yoga (Swami Vivekananda)
  • Del cuerpo al espíritu (Rogelio D’Ovidio)
  • Nuevo Testamento
  • UN SANADOR CRÓNICO

    Rogelio D’Ovidio se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires en 1983. Tarea que lo llevó a comprender que el hombre es en realidad un ser holístico que integra cuerpo, alma y espíritu. Continuó sus búsquedas estudiando otras disciplinas como psicoterapias gestáltica y cognitiva, homeopatía, acupuntura y visualización creativa, entre otras. De formación católica, sus inquietudes lo acercaron también a otros maestros espirituales. Es autor de Del cuerpo al espíritu, un camino de sanación y El poder de cambiar, secretos milenarios para vivir mejor , donde explica las bases de lo que denomina medicina holística. Dicta cursos sobre pranayama (respiración ayurvédica), visualización creativa y meditación.

    ACROBACIA

    Cuando tenemos un pensamiento o un hábito que nos hace sufrir (tengo miedo, no puedo, no sirvo para nada, soy fea, nadie me va a querer, etcétera) el raja yoga sostiene que hay que cultivar pensamientos o hábitos opuestos. Tenía un paciente que era un verdadero extremista, nunca bebía, pero de pronto aparecía totalmente alcoholizado y así podía pasar días y días. El primer paso es buscar y determinar el hábito opuesto, que en su caso era el equilibrio. Como el ser humano es una totalidad, al cultivar el equilibrio también seré más equilibrado en lo emocional, lo mental y lo espiritual. Entonces lo mandé a estudiar a una escuela de circo, donde el equilibrio era fundamental. Finalmente superó su gusto por la desmesura.

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