La madurez de la expresión

Pablo Gianera
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3 de agosto de 2017  

Barenboim, la madurez de la expresión
Barenboim, la madurez de la expresión Crédito: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli.

Barenboim es un director raveliano por derecho propio y la WEDO se siente como en casa en ese repertorio. La "Forlante" del Tombeau tuvo un tratamiento de un detallismo casi puntillista, como si Barenboim leyera el estilo impresionista sobre la base de su radicalización en la segunda mitad del siglo XX. No debería sin embargo imaginarse ninguna rigidez; por el contrario, ya desde el "Preludio" resultó evidente la fluidez y la elegancia de las líneas que había pensado el maestro. Lo mismo ocurrió en Ma mère l'Oye. El filósofo Vladimir Jankélévitch escribió que si la música de Ravel expresaba algo, debía expresarlo a la inversa, per contrarium. "Ravel es muy amigo de las ilusiones ópticas, los caballos de madera y los juegos de metamorfosis", decía, y tenía en mente las fanfarrias de trompetas que ejecutan los cornos. Como sea, ese principio podría generalizarse (así hay que entender su credo de la insinceridad que consignó en el escrito Mes souvenirs d'enfant paresseux). El enfoque de Barenboim conquistó la verdad a fuerza de ilusionismo.

La última vez que Argerich tocó el Primero de Shostakovich fue en su visita de 2005, trastornada por conflictos gremiales. Lo tocó en el Gran Rex. Sabemos que la memoria sonora no es muy confiable, pero da la impresión que su visión del concierto no dejó de madurar, y esto no sólo en un aspecto técnico, sino expresivo. El movimiento lento no pudo ser más doloroso, y la comunicación con Barenboim no tuvo fisuras. Se lució además el trompetista Bassam Mussad.

Alban Berg había dicho que la partitura de sus Tres piezas para orquesta opus 6 era la más complicada de todo los tiempos. Tal vez exagerara en cuanto a la escritura, pero no en cuanto al carácter. El ámbito estilístico es muy amplio. Pocas veces habrá llegado más lejos Berg en su coeficiente de fricción. Barenboim y la WEDO convirtieron la obra maestra de Berg en una auténtica tempestad modernista: lo más cercano que pueda imaginarse en música al poema de Georg Trakl.

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