La magia de Hancock

El pianista se presentará, el próximo martes, en el San Martín. Uno de los renovadores del jazz tocará acompañado por prestigiosos músicos del Thelonious Monk Institute
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16 de abril de 1998  

Resuena su nombre. Abruma Hancock. Sinónimo de cultura afroamericana, de innovación artística, de claridad conceptual, de inmensa comprensión. Es por esto que el próximo martes no puede pasar inadvertido.

A las 21, la sala Martín Coronado del Teatro General San Martín se vestirá de gala para recibir a Herbie Hancock y su piano, a Lisa Henry y su voz, y a seis talentos del Thelonious Monk Institute of Jazz Performance, del Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra, Boston. Eli Digibri y Wayne Escoffrey en saxo tenor, Michael McKenna en trompeta y flugel, Richard Johnson en piano, Derek Nievergelt en bajo y Sebastiann deKrom en batería. De Miles Davis a Cole Porter, de Monk a Carl Atkins y de Hancock a él mismo, el programa que recorrerán los músicos sobresale por su cuidada elección y refinamiento.

Prodigio

De su nacimiento en Chicago, Illinois, el 12 de abril de 1940, a sus primeros pasos en la música, sólo lo separan siete años. Ya a los 11 se zambullía en la música clásica, con la Sinfónica de Chicago y recién en la adolescencia se acercaba al jazz. Tras graduarse como ingeniero electrónico en Iowa, retorna a su ciudad. Allí acompañará con su piano a visitantes ocasionales, como Lee Morgan y Hank Mobley.

Con 20 años, viaja a Nueva York invitado por el trompetista Donald Byrd. Tocará con él y será cobijado por el sello Blue Note. Durante 1960, acompaña a Coleman Hawkins y participa en discos de Hank Mobley, Oliver Nelson y Phil Woods.En su debut como líder edita Takin´ Off (1962), con "Watermelon Man".

Tras una breve estada en la agrupación de Eric Dolphy, pasa a conformar el nuevo quinteto de Miles Davis, con Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams. Revolución en el jazz, revolución interior.

Funk "Tocó mi alma y me indujo a crear mi propio funk." Palabras de Hancock al escuchar los primitivos acordes de "Thank You Falletinme Be Mice Elf Agin", de Sly Stone. El y James Brown lo indujeron a penetrar en el soul y el funk. Alejado de Davis, se inmiscuye en la fusión. Conforma su sexteto con Julian Priester, Eddie Henderson, Buster Williams, Bennie Maupin y Bill Hart e incorpora a su música el rhythm and blues y los teclados electrónicos. Ya en 1973, con la Head Hunters Band, introduce sintetizadores en el disco homónimo. Inquieto, siempre le ha temido al aburguesamiento artístico. Tras su fiebre de fusión, retorna al campo acústico con sus antiguos compañeros de ruta. Con ellos crea el quinteto VSOP, con Freddie Hubbard en lugar de Miles Davis .

Convertido al budismo, en 1978 se alía con Chick Corea. Como resultado arrojan dos duetos acústicos de piano: "In concert, 1978" y "An evening with Corea/Hancock".

Un shock

Hábil catador de talentos, al escuchar al joven trompetista Wynton Marsalis no lo deja ir. A pesar de sus diferencias ideológicas, sale de gira con éste. Luego, Hancock vuelve a producir un giro en su carrera, se acerca a la música disco y actualiza algunos de sus conceptos con "Future shock" (1983).

Así, logra juntar sus dos pasiones: la música y la electrónica. Utiliza la tecnología que tiene a su alcance y, como le había sucedido en los 60 con el funky, se enamora del hip hop. Con el tema "Rock It" gana el Grammy y con sus videos se convierte en el primer artista de jazz que aparece en la MTV.

Pero no podemos obviar su contribución con el cine. Desde "Blow-up" hasta "Cerca de la medianoche", filme que le valió el Oscar en 1986, compuso decenas de obras para el séptimo arte.

Sobre los años 90, Hancock se abraza con más fuerza que nunca a la tecnología, produce series de TV y videos para productos educativos interactivos. "La tecnología me ha permitido desarrollar mi parte científica", supo señalar en más de una oportunidad.

Tocado por la genialidad, tal la definición de la Rolling Stone, en 1994, relee por enésima vez su obra y saca de su galera un trabajo tan ecléctico como indispensable: "Dis is da drum".

"La idea fue combinar aquellas herramientas de mi experiencia con los sonidos actuales para crear música que la gente pudiera bailar, pero sin sacrificar el arte", definió Hancock. En él incluye rap, ritmos africanos y el vértigo del hip hop.

En los años 90 Hancock muta aún con más vértigo. Tributará a Miles, tocará con alumnos del Instituto de Jazz Thelonious Monk y entregará dos obras exquisitas: "The new standard" (1996), ganador del Grammy, y "1 + 1" (1997), con Wayne Shorter.

Llega Hancock, llega la oportunidad imperdible de apreciarlo.

Martes 21, en el Teatro Gral. San Martín. Platea $ 12 y pullman $ 8.

De duetos y nuevos clásicos

Cuando hacía largo tiempo que Hancock no editaba material acústico, decidió sorprender con "The new standard", compacto por el que obtendría, en 1996, un nuevo Grammy. Una relectura de clásicos del jazz y versiones instrumentales de temas fundamentales del rock, componen la obra. Peter Gabriel ("Mercy street"), Prince ("Thieves in the Temple"), Stevie Wonder (You´ve got it bad girl"), Nirvana ("All apologies"), The Beatles ("Norwegian wood") y Simon y Garfunkel ("Scarborough fair"), entre otros, son examinados por Hancock.

Tras esta sorpresa, en 1997 volvió a juntarse con Shorter para concebir "1+1", trabajo acústico considerado entre los mejores que dio el jazz en el año último. En el dueto de piano y saxo, los artistas reviven la experiencia mutua recogida en los años 60 con Miles Davis. Viejos temas y nuevas composiciones, sazonadas por la improvisación como elemento desequilibrante, son el resultado de la esperada reunión.

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