La mejor de las escuelas para, después, salir a caminar solo

Luis Rivera López
Luis Rivera López PARA LA NACION
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27 de noviembre de 2017  

Éramos un grupo de amigos poco más que adolescentes cuando Ariel Bufano, que había sido nuestro maestro de teatro desde los 7 años en el Instituto Vocacional de Arte, nos convocó a formar parte de lo que sería una de las mayores epopeyas del arte titiritero argentino: la formación del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. Comenzaba una aventura que puede considerarse coronada este año con la La vuelta al mundo en 80 mundos, que estrenamos este año junto con Sergio Rower, con un elenco del Grupo de Titiriteros. Justamente, "la vuelta...", casi 30 años después de la decisión crucial de alejarnos del Grupo de Titiriteros y conformar Libertablas. Diez años en el grupo fueron la mayor de las formaciones. Como en el tango, allí... "aprendí todo lo bueno... aprendí todo lo malo...". Alucinado, formé parte de la invasión a los grandes escenarios de la metáfora que implica el objeto-títere exigiendo su lugar en el arte teatral en su conjunto. Y del crecimiento de las posibilidades expresivas que abrían un increíble y nuevo universo. Hubo ensayos que recuerdo como momentos cúlmines en el descubrimiento del mecanismo por el cual el impulso expresivo actoral se transmuta en el lenguaje incrustado en el objeto. La explosión del estreno de El circo criollo, en la Sala Martín Coronado, es un fenómeno cuya altura resulta difícil de igualar. Cuando tomamos la difícil y delirante decisión de alejarnos del Maestro para tomar nuestro propio camino, sabíamos que dejábamos atrás un momento imborrable de la historia de los títeres cuya impronta aún nos identifica. Gracias a muchos factores positivos que no siempre se conjugan, el Grupo de Titiriteros continúa hasta este merecido festejo de 40 años. Los primeros 40.

Integrante del grupo entre 1977 y 1986. Director de Libertablas.

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