La memoria, otra herencia televisiva

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22 de marzo de 2000  

-¿Qué aprendieron de aquella experiencia de trabajo junto a Tato?

Sebastián: -Hoy por hoy, es un delirio pensar en lo que hacíamos. Hacíamos un éxito, lo tirábamos a la basura y empezábamos al año siguiente con otras cosas. Y hoy me pregunto: ¿para qué? Nosotros teníamos una suerte de autoexigencia que no sé si es familiar, mandataria... Pero la verdad es que terminábamos un año y lo único que rescatábamos para el otro año era el frac, la peluca, el habano y a Roberto Carnaghi.

Alejandro: -Pero era una dinámica que había inventado el viejo para él también. El tiraba todo a la basura. Mi viejo tiró a la basura todos los libretos porque estaba convencido de que no había que guardar nada...

Sebastián: -El viejo decía que guardar los libretos era sucumbir a la tentación de ir al archivo a fijarte qué hiciste hace cinco años para volver a hacerlo. Para evitar esa posibilidad, tiró 30 años de televisión escrita en papeles. Lo juro: eran valijas enteras llenas de libretos, que fueron a dar todas al quemador. Y me parece bien esto de resistir la posibilidad del archivo, pero... Teníamos algunas pegadas y éramos condenados a tirar todo a la basura. No se nos ocurría ni siquiera la posibilidad de proponerle que volvíamos con algo...Y eso nos generó una gimnasia que después se vio en nuestros trabajos.

-¿Qué les pasa cuando escuchan hablar de Tato como si le perteneciera a todo el mundo?

Sebastián: -Es que es así, es un bien nacional.Lo que es nuestro, es nuestro. Fue padre nuestro y de nadie más. Y eso no nos lo quita nadie. Pero una vez que va al aire, es de la gente. Tato es de la gente, nunca fue nuestro. Como miembro de la familia es nuestro, pero como imagen popular es de la gente. Es como el Negro Olmedo, que es de todos.

Alejandro : -Además, una cosa es Tato y otra es papá. Son cosas demasiado distintas. Son cosas separadas.

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