La ópera final de Alfredo Kraus

Se editó "Marina", el último registro discográfico que dejó el gran tenor canario
Se editó "Marina", el último registro discográfico que dejó el gran tenor canario
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19 de marzo de 2000  

Habría que aclarar que esta zarzuela de 1855, devenida en ópera en 1871, se llama "Marina" y que el personaje principal es, precisamente, Marina, la joven huérfana enamorada. Sin embargo, en la portada del álbum es Alfredo Kraus quien aparece en primer término, aun cuando su personaje Jorge no es sino el enamorado de la muchacha. Este registro fue tomado en septiembre de 1998 y editado apenas después del fallecimiento del gran tenor. Desplazando a María Bayo, la verdadera heroína de la ópera, este álbum doble es, evidentemente, un homenaje a Kraus en lo que fue su última grabación.

"Marina" es un caso extraño dentro de la producción española de mediados del siglo XIX. Originalmente una zarzuela, el mismo Arrieta la extendió hacia el formato operístico, transformando los diálogos en recitativos, modificando algunos personajes, "adecentando" o planchando los pasajes más folklóricos y extendiéndola de los dos actos zarzueleros a los consabidos tres de la ópera decimonónica.

Zarzuela v. ópera

Cuando María Bayo estuvo en Buenos Aires para, interpretar "Doña Francisquita", manifestó a La Nación que una zarzuela "puede ser menos, igual o mucho más complicada que una ópera clásica, pero el estilo es completamente diferente. Esta música surge de la base de nuestra tierra, con melodías maravillosas, venidas del pueblo y que, por lo tanto, deben ser cantadas de un modo particular". Por el contrario, el tenor argentino Raúl Giménez, su compañero lírico en aquella ocasión, manifestaba que para él no había ninguna diferencia entre "Doña Francisquita" y una típica ópera de bel canto.

Cuando se escucha "Marina" parecería que fue Giménez el más certero en su opinión. Arrieta, al llevar la zarzuela al terreno de la ópera, incorporó como propios los modos y la estética de la ópera italiana, produciendo una obra donizettiana , matizada con algunos crescendi rossinianos, algunas orquestaciones a la Verdi, un extraño toque de cornos en el Preludio que recuerdan a Weber y muy pocos toques españoles, justamente, los momentos más originales y atractivos de la ópera.

No obstante, y aun a pesar de la ausencia de los aires populares españoles, "Marina" es eminentemente una zarzuela. El libreto, los bellísimos giros poéticos de Francisco Camprodón, la temática entre inocente y previsible, tan teatral como lírica, las armonías más clásicas que románticas, las escenas todas muy breves y absolutamente cerradas, el melodismo sencillo y las muchas participaciones del coro señalan el carácter no operístico de "Marina".

Kraus, en escena

María Bayo, fiel a sus principios y no confundiendo los tantos, canta esta ópera como si de una zarzuela se tratara. No abusa del vibrato, desarrolla una muy buena "desimpostación" cuando participa en los recitativos dialogados y canta cada una de sus arias con precisión, pasando sin inconvenientes por las tremebundas coloraturas que Arrieta sembró en la partitura con una voz entre tímida y ansiosa, exactamente lo que su joven personaje requiere.

Kraus, en cambio, está más cerca de la ópera. Su personaje entra en escena casi unos treinta minutos después del comienzo del Preludio con un aria brillante, varonil, y su interpretación parece más apropiada para un héroe verdiano que para lo que esta partitura y el contexto proponen. Sin embargo, y aun cuando realmente a esa altura de su carrera su voz no era la de un joven enamorado y su afinación denota ocasionalmente alguna distracción, el asombro y la admiración surgen espontáneos cuando aparecen, sin pedir permiso, ese brillo milagroso, esa potencia y ese señorío que acostumbró a exhibir a lo largo de medio siglo.

Entre arias, escenas de conjunto y diálogos más y menos atractivos, en el último acto, por fin, aparecen la seguidilla y el tango -en realidad, una elegante habanera- ambas en la voz de Juan Pons, con acompañamiento coral. Pero, desde lo lírico, lo más destacado es el número final, una cabaletta valseada que Marina canta para cerrar la ópera. Bayo pasa con salud y felicidad por entre saltos, pasajes de velocidad, arpegios, escalas y gorjeos de todo tipo que Arrieta eligió para hacer lucir a la soprano y para expresar la felicidad.

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