La pasión de Hölderlin, en un cuento de Tantanián

Una historia de amor: inspirado en la vida del genial poeta alemán, el joven dramaturgo estrena el viernes "Un cuento alemán", en el Callejón de los Deseos.
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16 de abril de 1997  

Alejandro Tantanián integra las filas de una agrupación de dramaturgos que inicialmente se unió con el nombre de Caraja-ji, y luego cambió su denominación por la de Chela Samer, junto a otros siete jóvenes: Spregelburd, Daulte, Leyes, Arrieta, Robino, Zingman y Apolo.

Pero es además miembro de una de las compañías teatrales que más ha dado que hablar en los últimos tiempos _El Periférico de Objetos_, y su nombre resonó con más fuerza desde que dirigió, actuó y cantó en "Postales en sombra", de Kurt Weill, donde dio muestras de una versatilidad poco usual.

Quizá no extrañe entonces el hecho de que se sinta atraído por la vida tortuosa del poeta alemán Friedrich Hölderlin (1770-1843), y que inspirado en su locura escribiera "Un cuento alemán", la pieza teatral cuyo texto debió reelaborar durante quince meses, hasta lograr ponerla en escena en el Callejón de los Deseos, en coproducción con el Teatro San Martín.

"La obra tiene implícita una historia de amor", dice, con los brazos apoyados sobra la mesa de un bar, mientras afuera cae una llovizna melancólica sobre la Plaza Dorrego. " Hölderlin, a raiz de no ser reconocido como autor, se ganaba la vida como preceptor de familias acomodadas, igual que Kant -cuenta-. En uno de estos trabajos, se enamora perdidamente de la dueña de casa, Susette Gontart, y es correspondido en este amor. La relación se descubre, y como el señor Gontart era un banquero muy importante del pueblo, a Hölderlin lo sacan de allí porque su vida corría peligro. Le consiguen otro puesto como preceptor en Burdeos. Pasados unos años recibe una carta en la que se le comunica que Susette Gontart, su amor, ha muerto. Entonces, él abre la puerta de la casa en donde habita y camina durante seis meses, desde Burdeos hasta su pueblo natal, en busca de su amada. Este viaje lo lleva hacia el sueño del amor, hacia la amada, hacia la locura y hacia la muerte".

La historia de este viaje fue lo que movió a Tantanián a escribir "Un cuento alemán". "No quise hacer teatro histórico o biográfico -comenta, sino tomar esta anécdota como resorte para escribir. Tomar el viaje y las modificaciones que produjo en él. Un poco como los viajes del héroe en el plano mítico", aclara.

Pasión y conciencia

Para iniciar su trabajo sobre la vida y la obra de Hölderlin, Tantanián se tomó la licencia de considerar la locura del poeta germano como un hecho voluntario, una decisión plenamente conciente. "El era absolutamente inaceptado por el cenáculo de su época, donde estaba Goethe. En un tiempo fue apadrinado por Schiller, pero cuando se volvió loco, el mismo Schiller se reía de sus traducciones de los griegos. Para que se entienda más gráficamente, hay unos versos de Hölderlin, que utiliza Heiner Müller en "Máquina Hamlet", que dicen: "Feroz espera, en la terrible armadura, milenios". Estos versos resumen su situación. Era un poeta en espera".

- Esa no separación entre creación y creador, esta coherencia absoluta que mantuvieron Hölderlin, Artaud, Villiers, Van Gogh, Rimbaud ¿es lo que más te conmueve?

-Absolutamente. Esos nombres están atravesados por el mismo pensamiento. Son artistas que han llevado hasta sus últimas consecuencias su propia existencia. Tuvieron un espíritu que no podía comprender su vida separada de sus creaciones. Creo que es un modelo que produce fascinación y perturbación en la conciencia. Nosotros vivimos en una época en la que tenemos el privilegio del asco, como dice Heiner Müller. Puedo ver la náusea por televisión mientras como un plato de tallarines. Uno no es parte de esa náusea. En cambio, estos creadores eran parte del asco.

El joven poeta

En la obra, Alejandro Tantanián toma la figura de un poeta muy joven, Wilhelm Waiblinger, que murió a los 26 años. "Este poeta -explica Tantanián-, se muestra fascinado por la poesía de Hölderlin, se le ocurre escribir una novela sobre la locura, y se entera de que Hölderlin está encerrado en una torre. Entonces decide tomarlo como modelo para su historia. Lo visita frecuentemente y toma notas. En 1830 muere, su novela nunca se escribe, y los únicos textos que pasan a la posteridad son esas notas. Son el único testimonio de un contemporáneo de la fase oscura de Hölderlin".

Con estas notas Tantanián construyó el relato, que está estructurado como una narración doble. En "Un cuento alemán", Waiblinger, a punto de morir, busca explicarse el por qué de la locura de Hölderlin, el por qué de su creación, y no encuentra respuesta. "Es un texto literario -comenta Tantanián-, narrativo, y ese fue el gran escollo que tuvimos: trasladar el relato a acciones. Hay dos narradores: Un narrador en primera persona -Waiblinger-, y otro, que lo hace en tercera persona. Entre ambos se instala una discusión sobre el modo del narrar, y esto permite llevar adelante la acción."

El espectáculo buscará despertar imágenes en los espectadores, apoyándose en la palabra. "Me gustaría conseguir ese efecto que produce una abuela al relatar un cuento; es la palabra la que genera la evocación", afirma Tantanián.

Busca así que representación y narración se complementen para contar una historia, o tal vez muchas. Si Alejandro Tantanián lo logra, cada espectador podrá llevarse a casa la suya propia en el recuerdo.

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