La potencia de la imagen

Pasado mañana se verá "Juha", el primer estreno comercial en la Argentina del director finlandés.
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31 de octubre de 2000  

El realizador, productor y actor finlandés Aki Kaurismäki ya no tiene dudas al afirmar que "el sonido destruyó el cine". Con 43 años, este prolífico director de parodias en los más variados géneros (road movies, comedias, films noirs, clásicos de la literatura, musicales de rock), considerado el mayor representante -junto a su hermano Mika- de la poco difundida cinematografía de ese país del círculo polar ártico, decidió con su última película, "Juha", su rotundo retorno a las fuentes en un inequívoco intento por purificar el cine.

Esta película muda, con intertítulos, de 70 minutos, la historia de un trágico triángulo amoroso filmado en blanco y negro y con una banda de sonido original, es su primer estreno en la Argentina. Sólo una pequeña parte de su filmografía compuesta por unas 25 películas se conoció en el país a través de ciclos de cine. Entre éstas: "La chica de la fábrica de fósforos", un triste retrato de la vida de una mujer en una fábrica (protagonizado por Kati Outinen, la actriz de "Juha"); "Yo contraté a un asesino serial" y "Leningrado Cowboys", una road movie en la que un grupo de músicos finlandeses viaja a "America" buscando fortuna, considerada por Kaurismäki "la peor película de la historia del cine, a menos que consideremos las de Sylvester Stallone", dijo. Entre tantas menciones satíricas a Hollywood -que según él "ya está muerto"-, también tomó revancha contra ese héroe norteamericano ("porque es un estúpido") y le dedicó un corto: "Rocky VI". Entre otras excentricidades, está su versión del clásico de Shakespeare, "Hamlet en el negocio", que se verá el viernes, en la Asociación de Cronistas Cinematográficos. Todas sus películas son muy cortas, y a gusto personal, duran menos de una hora y media.

En una charla telefónica con La Nación , de pocas palabras, a tono con su estilo profesional lacónico, cínico, de una extraña frialdad y bastante tragicómico, Kaurismäki dice que "está bastante cansado", e, irónico, cuenta que en los últimos tiempos no estuvo "ni viajando ni filmando, pescando. Voy a producir la película de un amigo, y el próximo año haré la mía, pero nada grandioso. No es pereza, estoy cansado. Cuando era joven hacía tres películas al año". Kaurismäki también fue cartero, lavaplatos y crítico de cine antes de formar su compañía productora, Alphaville, con su hermano Mika, de quien hace 15 años está separado. Ambos tienen la quinta parte de la industria de cine finlandesa.

Para Kaurismäki, "Juha" no fue un experimento ni una burla a la difícil aceptación que tiene hoy una película muda. "En Finlandia, la vieron sólo 15.000 espectadores, lo cual no está mal en un país tan chico. Claro que de haber sido en colores y con sonido, habrían ido 60.000 personas." Así explica entonces el motivo de su elección: "Antes, de diversas formas, he intentado hacer películas mudas. Hoy el cine está tan lleno de diálogos vacíos. He visto cientos de viejas películas mudas y al no tener sonido eran mejores contando historias. Hoy los diálogos y las imágenes no significan nada. Y no hablo sólo de Hollywood".

-¿Considera la música como una suerte de narrador en todas sus películas?

-Sí. Siempre utilizo música en lugar de los diálogos para contar historias. Me sirve para comentar sobre los sentimientos de los personajes. Pero si bien en todos mis films utilizo música, nunca había encargado una original.

-Pero en "Juha" no se respeta el estilo de la música del período del cine mudo...

-Ni totalmente moderna ni totalmente clásica, es una mezcla de estilos. Quise darle al compositor toda la libertad artística.

-¿Los actores tuvieron que esforzarse para trabajar en una película muda?

-Todos tuvimos que esforzarnos porque es complicado hacer una película muda. Ni las imágenes ni la edición son lo mismo. La hice en el estilo del cine mudo de 1925. Hay diferencias entre el realizado cerca de este año y el de 1910. A comienzos de siglo los actores eran más teatrales y exagerados, y al final del período, más sutiles. En mi película nadie sobreactuó. Pero sí les pedí que actuaran más rápido o más lento que lo normal.

-En las más trágicas situaciones sus películas tienen un frío y a la vez tierno sentido del humor, ¿cómo lo definiría?

-Nadie entiende mi sentido del humor en Finlandia, ni en mis films ni en mi vida personal. Pero nací con él y no tengo otro. Tal vez sea un poco negro, pero tierno, pero no sé qué significa eso. Supongo que es una paradoja en mí.

-Son una constante en su cine esos guiños dirigidos a los cinéfilos...

-Es un juego que me divierte, pero que no perturba a la audiencia normal. Hay una escena en el río que empecé en el estilo de Wong Kar-wai pero terminé en el de Luis Buñuel. Por supuesto que nadie lo notará, ni mi equipo sabe nada de la historia del cine, por eso no agrega mucho que se los cuente a ellos. Esos detalles son como bromas privadas.

-¿Busca ser honesto con sus influencias?

-Sí. Hay cosas que he visto en otros films y que utilizo en los míos. Pero por esa cuestión de honestidad decido mostrarlas. Hoy todos roban cosas de otras películas sin decir nada. Prefiero hacerlo abiertamente y dejar notas de franqueza.

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