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La recaída del muro

Pasado mañana saldrá un disco doble que rescata los conciertos en los que la célebre banda presentó, en 1980, un álbum clásico del rock: "The Wall".
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25 de marzo de 2000  

LONDRES (The Sunday Times).- "Hay que tener cuidado -dijo alguna vez el músico David Byrne, porque lo que estás buscando puedes conseguirlo".

Una recomendación que cualquier banda de rock tendría que tener en cuenta. Pregúntenle, si no, a Pink Floyd. Ellos consiguieron lo que buscaban con el tremendo éxito de "El lado oscuro de la luna". Y las cosas nunca volvieron a ser igual.

"El lado oscuro de la luna" estuvo firme durante seis años en los rankings ingleses y trece en los de los Estados Unidos. Hasta hoy lleva vendidas treinta millones de copias en el mundo.

Cuando apareció, en 1973, convirtió a Pink Floyd de una respetable banda de la psicodelia a dioses del rock para multitudes. Una transformación que se produjo sin problemas.

A largo plazo tuvieron que enfrentar conflictos cada vez más frecuentes dentro de la banda que, finalmente, terminaron con la partida de Roger Waters y una dura batalla legal entre él y los restantes integrantes por los derechos sobre el nombre del grupo. En el corto plazo, significó que la banda que se había acostumbrado a la atención reverente de una devota audiencia, repentinamente tuvo que lidiar con los problemas monstruosos que implican los gigantescos conciertos de estadio.

"Hay una parte de vos que está absolutamente shockeada de estar jugando el juego de los números -dice el guitarrista David Gilmour-. Toda esa gente que paga para verte en un concierto, la cantidad de discos que vendés y lo alto que trepás en los rankings. Pero habíamos perdido la intimidad a la que estábamos acostumbrados y eso ninguno de nosotros lo disfrutaba. En los momentos en que tratás de estar tranquilo, siempre hay alguien por ahí gritando sobre las cosas que hay que hacer".

Como principal compositor de la banda, Roger Waters fue quien llevó la peor parte. "Era deprimente en lo que se había convertido el show -recuerda hoy-. Tenía claro que ya no me sentía bien en el escenario. Era una experiencia alienante. La magia de la comunicación de la música había quedado aplastada por el peso de los números."

Waters comenzó a enfurecerse con esa multitud que parecía ni preocuparse con lo que tocaba la banda. Tanto que, en julio de 1977, en un recital en Toronto, escupió a uno de los espectadores. Una conducta tal vez aceptable para una banda punk, pero en el caso de Waters, uno de los compositores más cerebrales del rock, era un signo de que las cosas ya no podían seguir por ese camino. Tras el recital, Waters volvió en auto a su hotel junto al productor discográfico Bob Ezrin, que había estado en el show. Durante el viaje, el músico le dijo que estaba tan disgustado con los recitales en estadios que le gustaría construir una pared entre la banda y el público.

Obreros de la construcción

Imaginen la sorpresa de Ezrin cuando, poco más de un año después, a fines de 1978, Waters lo llamó para decirle que en la siguiente gira de Pink Floyd ellos iban a construir una pared en el escenario, entre la banda y el público, y le proponía a Ezrin que trabajara con ellos en el nuevo álbum.

"En el minuto en que dibujé en un papel esa pared, que expresaba la alienación en la que estábamos, me pareció una idea buenísima y mi depresión desapareció", recuerda Waters.

El álbum resultante fue "The Wall", que se unió con "El lado oscuro de la luna" en el panteón de los discos clásicos del rock (Trent Reznor, de Nine Inch Nails, lo ha citado como su grabación preferida de todos los tiempos). La gira de presentación del álbum, en el que una pared fue realmente construida a través del escenario, fue un hito en las escenografías del rock. Y ahora, justo veinte años después, un álbum en vivo tomado de esa gira de The Wall, "Is There Anybody Out There?", está por editarse.

Nick Mason, el baterista de Pink Floyd, recuerda que cuando Waters presentó por primera vez el concepto de The Wall, consistía simplemente en construir un muro a través del escenario y caminar sobre él, posiblemente dejando algunas cintas sonando mientras tanto: una actitud hostil hacia la audiencia que implicaba que si al público no le importaba lo que tocaban, entonces ellos ni siquiera se molestarían en tocar.

"Creo que todos estábamos un poco sacudidos por esa idea -dice-, pero, porque éramos demasiado inteligentes o cobardes, a ninguno se le ocurrió decir: "Roger, ésa es una idea demasiado desagradable"."

Waters niega esto absolutamente. "Lo que yo quería era crear una pieza de rock teatral que fuera disfrutable y tuviera un sentido. De ninguna manera era mi intención molestar o provocar a la gente."

Los unos y los otros

A esta altura, debería explicar que entrevistar hoy a Pink Floyd no sólo incluye hablar con Roger Waters separadamente de los otros tres miembros del grupo. En realidad, implica cuatro conversaciones diferentes; raramente, o nunca, Gilmour, Manson y Rick Wrigth, el tecladista, se encuentran fuera de los compromisos de trabajo, cuando están grabando un disco, o para una gira. Esto significa que hay muchas versiones propuestas sobre lo que quiere decir Waters cuando habla de "teorías revisionistas". Tal vez debido a ello, "The Wall" ha llegado a ser visto no sólo como un gran álbum, sino también como el álbum que separó a Pink Floyd.

Waters considera que esto no tiene sentido. "La banda se había estado desintegrando desde 1974. Todo después de "Dark Side of the Moon" fue enojoso. Después de ese disco el asunto se convirtió en que yo iba hacia adelante, acarreando a los muchachos, colgados de mi saco y enojándose."

Las tensiones que afloraron después del éxito de "Dark Side of the Moon" y que se agravaron durante la grabación de "The Wall" giraron alrededor de la certeza de Waters de que los otros tres eran poco más que su banda de acompañamiento.

"Roger se vio a sí mismo como el líder de la banda y lo planteó así bastante claramente -dice Gilmour-. Obviamente, es algo bastante duro. Me veía a mí mismo, y todavía me sucede, como un músico superior y mejor compositor. Me parecía que Roger era el principal escritor de letras y el principal motivador, pero no lo podés hacer funcionar con eso solo."

Mason puede haber dado en el blanco con su matemático punto de vista sobre las bandas, aquel que dice que una totalidad es algo más que la suma de sus partes. "Pienso que en una banda que funciona adecuadamente -dice- vos lográs un 130 por ciento. Roger pudo sentir que él era el 60% de un álbum, y probablemente lo era, pero eso no significa que el resto de nosotros aportara sólo un 40%. Debemos de haber dado un 70 por ciento."

Que Waters se veía a sí mismo como el líder quedó más en claro cuando demandó que Wright abandone el grupo. Sin embargo, Wright es el primero en admitir que no puso mucho entusiasmo en las sesiones de grabación del álbum. "Mirando hacia atrás, sospecho que yo estaba en ese momento sufriendo algún tipo de depresión -acepta-. Yo me sentía realmente ausente y supongo que mi consecuente incapacidad para contribuir fue muy mal interpretada."

Carta de triunfo

La carta de triunfo de Waters fue la situación financiera de la banda. Sus contadores se habían quedado con mucho de su dinero y debían demasiado en impuestos. "The Wall" era vital para evitar la bancarrota.

Según Gilmour, Waters amenazó con que si Wright no se iba, él se llevaría sus canciones y las grabaría en un álbum solista. No habría ningún disco de Pink Floyd. Pero Wright aceptó irse con la condición de hacerlo luego de terminar el álbum y la gira.

Gerald Scarfe fue convocado para diseñar la tapa del CD y el show en vivo. Esa pared conflictiva evolucionó hacia un dispositivo mejor recibido que permitía, además, una serie de inusuales cambios escenográficos. Cada ladrillo en la pared representó alguna situación en la vida del personaje principal, Pink. Mucho de esto se relacionaba con la vida de Waters, especialmente la pérdida de su padre en la Segunda Guerra Mundial y sus desdichados tiempos de la escuela, los que le dieron forma al exitoso simple "Another Brick in the Wall Part Two".

El atípico ritmo disco de este tema proviene del hecho de que, antes de The Wall, Bob Ezrin, el productor, había estado grabando en un estudio al lado de Chic. Casi todo el resto del álbum es más lento, suave y teatral, como si Waters estuviera explorando los grados de su alienación, como en "Mother" ("mamá va a poner todos sus miedos dentro tuyo") y "Hey You" ("No importa cuánto lo intente, nunca podría ser libre"). Estos pasajes, habitualmente orquestados, contrastan con momentos como aquel de "Comfortably Numb" cuando Gilmour aparecía en lo alto de la pared para tocar la guitarra.

Todos los miembros de la banda recuerdan hoy aquella gira con agrado, e incluso Wright admite que disfrutó en esos shows.

Tal vez "The Wall" separó a Pink Floyd, pero si fue así es un argumento verdaderamente poderoso. Es, después de todo, un trabajo asombroso y, dado lo bien que la metáfora de la pared se aplica al modo en que Waters fue creando muros alrededor suyo en la banda, se podría decir que lejos de causar el conflicto dentro del grupo, más bien fue inspirado por él.

Como dijo Mason: "La mayoría de las bandas exitosas tienen un par de personas que compiten en lo creativo, como Lennon y McCartney, o Jagger y Richards. En teoría, una banda debería poder funcionar sin desacuerdos y en una armonía perfecta... pero entonces lo único que me viene a la mente son los Von Trapp, de "La novicia rebelde"".

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