La sorpresa de los Guns N' Roses

Steve Adler, el baterista original, se sumó a sus ex compañeros en un tema
Martín Artigas
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6 de noviembre de 2016  

Frente a un mar de personas ansiosas por ver y escuchar a los Guns N' Roses, la alguna vez llamada "banda más peligrosa del planeta" irrumpió en escena en el estadio de River. A diferencia de lo que pasó en Rosario, el público porteño no gozó de puntualidad: el show arrancó 47 minutos tarde. Imposible saber qué estaba sucediendo entre bambalinas, pero la espera hizo recordar la época de oro del grupo, cuando mantenían en vilo a sus audiencias hasta el último minuto. Porque así también construyó Rose su propia estampa de estrella de rock.

Si la demora fue estratégica, surtió efecto. Con su público en estado de ebullición, el pogo no se hizo esperar cuando sonó "It's so Easy". Lo inmediato fue otra gema de Appetite for Destruction, "Mr. Brownstone", y el salto temporal con "Chinese Democracy". Y allí estaba Slash, abstraído del mundo pero filoso, tocando una canción que le es ajena con la misma pasión de siempre.

Tras ello, la furia de "Welcome to the jungle". Ahora sí, la llama estaba encendida, y apenas bajó un poco con "Double Talkin' Jive", un tema de Use Your Illusion que dejó en primer plano nuevamente al guitarrista de la galera eterna. Así fue el juego durante toda la velada, con el reflector y las cámaras yendo de una figura a la otra con milimétrica precisión para no herir suceptibilidades.

Pese a que casi no mediaron palabras con la audiencia, la conexión entre los chicos malos californianos y la gente fue total. Sí hubo momento para que Axl tomara una bandera argentina y se la enseñara al público, como reviviendo una postal de viejas épocas. Los intentos del público por arrojar sus vivas y cantitos de cancha fueron caso ahogados por el desfile de canciones, que salían disparadas como balas.

También hubo tiempo para que Duff McKagan tomara el centro de la escena. El bajista, uno de los artífices de esta reunión, asomó con un fragmento de "You Can't Put Your Arms Around a Memory", de Johnny Thunders, para luego invitar al punk puro y directo de "Attitude", de The Misfits.

Los fans más acérrimos de Guns N' Roses tocaron el cielo cuando la batería de Frank Ferrer emuló el latido de un corazón: "Coma", esa perla de más de nueve minutos que cierra Use Your Illusion I, iba a ser interpretada por primera vez en Buenos Aires.

"Sweet Child o'mine" volvió a sonar fresca y tierna, y le abrió paso a la sencilla pero siempre efectiva "Used to Love Her". Y entonces, llegó el momento de que el invitado especial de la noche ingresara en el escenario: Steven Adler, baterista original de la banda, apareció con su melena rubia y su eterna sonrisa para demostrar que su swing sigue intacto. "Out ta get me" fue salvaje, filosa y violenta, lista para dar pelea. El aplauso cerrado y el olé olé olé no se hizo esperar, como una suerte de pedido de justicia para el gunner perdido pero también como un agradecimiento por el exclusivo regalo.

El cierre asomó con un duelo entre Slash y Richard Fortus en una versión instrumental de "Wish you Were Here", de Pink Floyd, y siguió con el hombre de la galera frente a Rose, sentado al piano, para hacer el final de "Layla" e introducir "November Rain". Continuó "Knockin' on Heaven's Door" y la bocina anticipó la llegada de "Nightrain". En el medio del tema, Rose hizo una pausa que trajo a la memoria el toallero que voló al escenario en su primer show en el país, en diciembre de 1992. "Por favor, den un paso atrás", pidió al ver que el pogo estaba dispersándose en una zona del campo vip, aplastando a los que estaban cerca de la valla.

Los bises fueron para "Don't Cry", "The Seeker" y "Paradise City". Ahora sí, la banda -acompañada por Dizzy Reed en teclados y Melissa Reese en sintetizadores- se despidió entera y aún algo incrédula por lo que había pasado allí mismo, en ese lugar que alguna vez marcó el punto y coma en su historia.

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