Las damas del piano

Pertenecen a tres generaciones diferentes y se destacan como instrumentistas y creadoras dentro de la música de raíz folklórica, el tango y el jazz
Mauro Apicella
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28 de septiembre de 2005  

Que sólo haya mujeres reunidas para esta charla no es casualidad. Durante la entrevista hablarán del lugar de las damas en la música popular y hasta se enojarán por algunas situaciones. Pero el motivo principal del encuentro es que Hilda Herrera, Lilián Saba, Nora Sarmoria y Paula Shocrón son muy buenas pianistas y compositoras que pertenecen a diferentes generaciones. Para los que no las conocen, ahí va esta breve presentación:

La primera es una veterana y experimentada intérprete de tango y folklore, compositora, investigadora y docente de las más prestigiosas. Su último CD, "La diablera", es una maravilla de piano solo recientemente publicada con obras propias y ajenas.

La última tiene apenas 25 años y es una de las revelaciones del jazz vernáculo surgidas en los últimos años. Meses atrás lanzó su debut discográfico de piano solo, "La voz que te lleva", y terminó de grabar un material con el cuarteto que dirige junto a Marcelo Gutfraind, para publicar en 2006. "Yo siempre vi el jazz como una vía -dice-. Por suerte o desgracia, se convirtió en un género que abarca música de todo el mundo. Improviso con recursos jazzísticos, pero la música va más allá de un solo género. No se puede evitar la cosa local. Uno puede ser improvisador y estar constantemente investigando en distintos géneros."

En esta reunión Sarmoria y Saba vienen a ocupar el lugar de una generación intermedia. Saba buscó su propio espacio en la música de raíz folklórica con un aporte propio y una atenta mirada en antecesores de la tradición y la proyección -desde Adolfo Abalos hasta Eduardo Lagos, Waldo de los Ríos y Manolo Juárez-. Tiene varios discos publicados como solista (el último es "Malambo libre") y proyectos compartidos como "Pequeñas alegrías", con el guitarrista Sami Mielgo y el violinista Quique Condomí.

La música de Sarmoria no acepta más calificativo que el de "popular". Porque esta pianista no se ciñe a géneros, pero basa su labor en las músicas folklóricas sudamericanas. Varias veces elogiado, su trabajo quedó plasmado en discos como "Vuelo uno", "Espacio Virgen", "Verde madre" y "Libre consenso". En 2005 publicó un bello trabajo en dúo con el marimbista Marcos Cabezaz, "Bichos y malezas", y cada tanto reedita una sociedad musical con Lilián Saba. En 1998, juntas publicaron el disco "Sonideras".

"En noviembre volvemos a tocar y nos prometieron dos pianos. Creo que en 10 años que tocamos juntas va a ser la primera vez con dos pianos." Sarmoria se refiere a dos pianos de verdad, porque la mayoría de las veces hay que conformarse con teclados eléctricos o electrónicos.

Estas cuatro músicas crecieron en casas con pianos. Ahora algunas se adaptan a otras teclas, pero nunca falta la queja por la escasez de instrumentos en los locales de música en vivo.

Hilda Herrera es la que toma la posta: "Los pianos dan algo que el sintetizador no. Tienen un alma que no tienen los instrumentos eléctricos. Yo no me hago la exquisita. No es que no quiera tocar con pianos eléctricos, es que no me sé manejar. Para mi trabajo, no me sirven".

Su trabajo es tocar, componer, arreglar, enseñar. ¿El caso de estas pianistas, que se destacan como intérpretes y además se dedican a la composición, es excepcional? Sarmoria dice que "no hay una cultura de piano" y Herrera asegura que la producción musical para piano solo es mínima. "Pero en el tango y el folklore, el grupo de músicos con el que trabajo en Cimap [ver recuadro] está empezando a componer y parte de lo elemental, de esquemas simples. No de Cuchi Leguizamón o Piazzolla. Van más atrás para encontrar su propio lenguaje. La prueba es componer un gato. Ahí tal vez descubren que son compositores y que tienen un mundo por hacer."

Shocrón: -Muchas veces la composición parte desde el piano y puede reflejar un montón de voces. Igualmente siento que, en general, y en todos los estilos, muchas veces no se va a la raíz. Hay poco conocimiento de la raíz. Por suerte, yo me dediqué al jazz, pero escuché folklore toda mi infancia. Me crié escuchando al Dúo Salteño. La curiosidad de volver a eso y conocer un poco más cómo se fue desarrollando el jazz y la música nuestra que tenemos impregnada.

Saba: -Lo bueno del jazz es que si querés estudiar un solo de Evans, vas a un libro y lo encontrás. En cambio, como decía Hilda, no hay mucho material escrito [de música argentina].

-¿El problema es editar?

Sarmoria: -Sí, hay muchas trabas para editar.

Saba: -Bueno, yo tengo material escrito a dos pianos que me pidió [el pianista] Eduardo Lagos y una editorial me dijo que al ser de folklore no tendría interés comercial. Lo curioso es que mucha gente en escuelas de música y conservatorios está trabajando con material didáctico.

Sarmoria: -Hay desinteligencia con lo cultural. Acá no se conoce el folklore porque se hunde al músico. No se lo difunde. Se lo encasilla.

Herrera: -Yo fui nominada en los premios Konex [a la música popular] con cinco cantantes: Suna Rocha, Liliana Herrero, Chany Suárez y Laura Albarracín. Hay un rubro solista instrumental, pero debe ser masculino [hace una leve pausa tras la ironía]. Nosotras no somos instrumentistas. Sólo servimos para cantar.

-¿Este es momento de justificar el hecho de que sólo sean mujeres pianistas en esta charla?

Herrera: -Es que no puede ser que no se acepten mujeres instrumentistas en la música popular. Sólo nos aceptan en la música clásica.

Sarmoria: -Hay muchos clisés . Cuando te ven te preguntan ¿qué cantás? Eso lo vivimos cada una en su generación y también lo vivirá mi hija.

La docente

Por ser la mayor, por el camino recorrido y las historias de música que tiene en su memoria, Hilda Herrera acapara la atención de sus colegas. Cuenta anécdotas, habla de Carlos Guastavino y de Remo Pignoni mientras sus colegas la escuchan con atención.

Hilda también se despacha con algunos conceptos. Digamos que su carácter puede ser directamente proporcional al forte de su mano izquierda en el teclado del piano: contundente. "Dentro de todo, lo que se encuentra [editado] del tango está mucho mejor escrito. Lo que hay de folklore es horrible. No se respeta la cosa rítmica que es lo que a mí más me interesa."

Herrera luego se refiere al trabajo que hace con un grupo de músicos en el Cimap. La sigla significa Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano. Con ese equipo de trabajo acaba de editar un CD y el libro de partituras de temas propios o de arreglos de piezas recopiladas. "No es ponerse al día, volver hacia atrás. Es la necesidad de los jóvenes", dice la pianista. "Estos chicos de entre 17 y treinta y pico de años se dan cuenta de que hay mucho por hacer. Viven revisando bateas buscando cosas viejas. De ahí hacen sus propias versiones."

Hace 12 años, Herrera comenzó a viajar a Europa con mucha frecuencia para dictar clases de música argentina. En Buenos Aires trabajó para el Centro de Recopilación de Música Argentina, dependiente del Centro Cultural San Martín, pero los cambios políticos terminaron diluyendo el proyecto. Tiempo después continuó en el ámbito de la Secretaría de Cultural de la Nación. "[Eduardo] Rodríguez Arguibel, con quien había trabajado en el San Martín, me pidió que siguiera con el proyecto, pero era demasiado ambicioso. Por eso se creó el Cimap. Tomamos a estos chicos que habían quedado en banda y empezamos a trabajar. Hay grupos de cuatro. El cupo es de 16 por año, pero los que terminan no se quieren ir. Y no les voy a decir que se vayan. Además, lo que me interesa es formar gente para que pasen lo que yo les paso."

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