Las superestrellas van a la TV

Primeras figuras de Hollywood están comenzando a tomar muy en serio la posibilidad de trabajar en la pantalla chica
Natalia Trzenko
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28 de octubre de 2000  

En Hollywood existe una serie de reglas no escritas que marcan una tajante diferencia entre aquellos actores dedicados al cine y esos otros que se hicieron conocidos por trabajar en la televisión. Los primeros, si consiguen que el éxito de taquilla se combine con una imagen carismática, se convierten en estrellas, mientras que los segundos deben luchar a brazo partido para romper los moldes y liberarse de los límites que impone la pantalla chica.

Pero esas fronteras tan rígidas están para romperse. En los últimos tiempos varias de las grandes luminarias de la industria del cine norteamericano decidieron, por diferentes razones, que la televisión era un medio que habían subestimado y que era hora de conquistarlo.

Los televidentes argentinos podrán ver desde el próximo jueves, a las 20, por la señal de cable Sony, la serie de estreno "Bette", protagonizada por la cantante y actriz Bette Midler, empeñada en darle un nuevo giro a su carrera desde la pantalla de TV. El programa, una comedia de situaciones, o sitcom , sigue los pasos de una famosa celebridad de Hollywood, casada y con una hija adolescente. Una historia en la que no tuvieron que esforzarse demasiado los guionistas, ya que repite con detalles la vida real de Midler. Es más: se supone que el personaje de ficción, que se llama como ella, participó en las mismas películas que ella y ostenta la personalidad algo egocéntrica y soberbia de la cantante conocida como "la divina señorita M". Los ingredientes, que para muchos parecían ideales a la hora de armar una ácida comedia, para muchos otros indican que "Bette" es el canto del cisne de una diva en decadencia.

Según explicó Midler cuando presentó el programa en los Estados Unidos, al aceptar hacerlo sabía que se exponía a los comentarios que dirían que si ahora recurría a la TV era porque se le agotaron los ofrecimientos cinematográficos.

"Tuve una buena cosecha de películas", señaló en la presentación que hizo para la prensa vía satélite desde sus vacaciones en Italia, y agregó: "Muchas de las actrices de mi edad ya no tienen la clase de trabajo que solían tener".

Midler, según contó, se hartó del proceso de desarrollo de una película, o según sus propias palabras, "de la turbulencia, la opresión, la tensión, la angustia de sacar esas películas de... las tripas. Además, hay que esperar que los jóvenes de 25 años aprueben el proyecto, así que, mejor olvidarse del asunto. La vida es corta". Tan efímera como un programa de TV de media hora de duración.

Si la falta de propuestas para hacer cine fue el catalizador que llevó a Midler a la televisión, una serie de películas fallidas hizo lo propio con Geena Davis. Nueve años después de protagonizar la aclamada "Thelma and Louise", Davis decidió probar suerte en la pantalla chica, ya que la grande le estaba siendo esquiva.

Después del fracaso de "La pirata", aunque consiguió un papel en la exitosa "Stuart Litlle"(la del ratoncito), la actriz que ganó un Oscar a la mejor actriz secundaria por "Un tropiezo llamado amor" no logró volver al primer plano. Así que a los 43 años, Davis decidió regresar a su viejo amor. Como muchos de los más famosos actores, Davis hizo sus primeros papeles en olvidables series televisivas. Con menos suerte, en los últimos tiempos, que Meg Ryan o Susan Sarandon, que también debutaron como actrices de telenovelas, la protagonista de "La mosca" fue expulsada del universo del cine y ahora es una más de las actrices de la pantalla chica. Claro que el ajuste tiene sus privilegios: contratada por la cadena de televisión ABC, deseosa de arrebatarle con ficción algo de sintonía a los programas en vivo, tan de moda (talkshows, reality shows, concursos millonarios), Davis fue muy bien tratada por sus productores, que prepararon especialmente para ella la sitcom "The Geena Davis Show". Para convencerla, le aseguraron un ingreso superior a los 200.000 dólares por capítulo, por un mínimo de 22.

En la serie, Geena se convertirá en una mujer de negocios de treintaitantos, que descubre que su vida se encuentra en un momento decisivo cuando se enamora de un viudo con dos niños. La actriz no sólo protagoniza la serie, sino que es además su productora ejecutiva. La serie ya fue adquirida por el canal Sony y se vería aquí a partir de marzo.

Las primeros capítulos de "Bette" fueron bien recibidos por la crítica especializada, aunque por ahora el público sigue prefiriendo el programa de juegos "Quién quiere ser millonario", su competidor directo. El caso de "The Geena Davis Show" es el inverso: la gente se sentó a mirar el programa a pesar de la catarata de criticas adversas que recibió.

Mientras que Midler y Davis recurrieron a la TV en un punto algo bajo de sus carreras, otras estrellas pensaron en ella para realizar allí sus proyectos más personales.

Ese es el caso de Tom Hanks, que muchos años antes de ganar Oscars por "Filadelfia" y "Forrest Gump" había protagonizado una comedia televisiva, y que en 1998 volvió a la pantalla chica para producir la miniserie "De la Tierra a la Luna". En la actualidad está dedicado a la dirección de "Band of brothers", una serie dramática que produce Steven Spielberg sobre la Segunda Guerra Mundial. Estos dos pesos pesados eligieron el formato televisivo por ser el más indicado para la historia que querían contar, una suerte de versión ampliada de "Rescatando al soldado Ryan".

Otro que encontró en la TV el campo ideal para desarrollar sus ambiciones es George Clooney. El protagonista de "La tormenta perfecta" le debe su floreciente carrera cinematográfica al drama "ER, emergencias". A pesar de que ya hace dos años dejó el programa para dedicarse al cine, Clooney no se olvidó de sus orígenes, y a principios de 2000 produjo el programa especial "Zona de seguridad". Clooney no sólo se reservó uno de los papeles centrales, sino que distribuyó el resto entre reconocidos actores, como Harvey Keitel y Richard Dreyfuss.

La nueva temporada de la TV norteamericana apostó por las caras conocidas. En una industria que suele condenar a una muerte súbita los productos que no colman las expectativas de sus responsables, las estrellas siempre son una salida segura. Tal vez por eso la última temporada de la comedia "Friends" buscó la participación de Bruce Willis. La movida resultó bien para todos: la serie tuvo un cierre de lujo en una temporada en que estuvo lejos de la calidad de sus primeros años, y Willis, por su lado, se dio el gusto de volver una vez más al medio que lo hizo famoso. En los 80, durante dos años, el protagonista de "Duro de matar" fue David Addison, el personaje central de la exitosa serie "Luz de luna".

El final del programa llegó de forma abrupta por las constantes peleas entre Willis y sus compañeros de elenco, que aseguraban que al muchacho, desconocido antes de su paso por la TV, se le había subido el ego a la cabeza. Más de quince años más tarde, su status es indiscutible.

Más allá de que los sueldos de los actores de la televisión norteamericana alcanzarían para pagar ciertas deudas externas, en el Olimpo de la industria del entretenimiento los actores de la pantalla chica eran vistos hasta ahora como dioses menores. Pero ya la TV no afecta el poder sobrenatural de las superestrellas.

Un notable semillero

Aunque hace muchos años que brillan en el cine, algunos de los actores que hoy son considerados irreemplazables empezaron con pequeños papeles en televisión. Entre ellos se cuentan el actor y director Clint Eastwood, que se hizo conocido gracias al western "Rawhide"; el cómico de la cara de goma, Jim Carrey, quien además de participar en mediocres películas de televisión fue uno de los protagonistas del ciclo cómico "In living color". A los mencionados Bruce Willis, Meg Ryan y Tom Hanks se suma también Eddie Murphy, que formó parte del mítico primer elenco de "Saturday Night Live". Algunos han vuelto a la televisión y otros la dejaron para siempre. Hay quienes todavía recuerdan con nostalgia su paso por la pantalla chica y otros prefieren pensar que nunca la pisaron.

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