Los afectos según Tom Plischke

El coreógrafo alemán busca con su "instalación" la participación del público
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29 de octubre de 2000  

A los 29 años, el alemán Tom Plischke vino por primera vez a Buenos Aires para mostrar su obra "Affects". Pasado mañana, el miércoles y jueves, a las 21, las ideas de este coreógrafo se verán en la Sala Ana Itelman, Guardia Vieja 3783.

Poyecto conjunto de Plischke, Martín Nachbar y Joachim Gerstmeier, la "instalación", como se denomina a las puestas multimedios de vanguardia, se inspira en el ciclo "Afectos humanos", de la célebre creadora y bailarina germana Dore Hoyer. Allí, esta pionera del expresionismo, reunió con ese título sentimientos básicos del hombre.

-¿Le interesa la corriente neoexpresionista?

-No me encuentro dentro de los que siguen esa tendencia. Aunque realicé mis primeros estudios en Munich, egresé de la institución Performing Arts Research and Training Studios (Parts), de Bélgica. Mis maestros fueron Steve Paxton, Anne Teresa de Keersmaeker y Wim Vanderkeybus. Paralelamente trabajé en obras de William Forsythe, De Keersmaeker, Trisha Brown, entre otros. Aunque no me enrolaría en la nouvelle dance. Hay toda una generación que está trabajando en unir la interpretación de la danza con un discurso de arte real. Se trata de una apertura para permitir el desarrollo del discurso. Es la motivación inicial que después se desarrolla en un proceso que distribuye el material en forma no estática. Por lo tanto, la técnica no tiene importancia. Y cada pieza puede tener estrategia y técnica propias.

-¿Cuáles son sus parámetros en la danza?

-Tengo interés en lo que genera un equipo, en los cuestionamientos. El grupo que tengo a mi cargo trabaja junto y, a la par, cada uno con sus propias habilidades. Conectan los sentimientos para después despertar en otros lo que ellos sintieron.

-Usted presentará partes de "Afectos humanos". ¿Por qué eligió esta pieza; es fiel a la original o es su versión de ella?

-Hay dos ideas diferentes, una es la que me interesa a mí: encontrar una verdadera reconstrucción para el escenario. No estoy interesado en la reconstrucción de la obra, sino en una real puesta en escena de los afectos humanos. El material puro debe estar inserto en un contexto y puede tener un discurso más amplio.

-¿Qué piensa de Dore Hoyer, que tanto influyó en coreógrafos argentinos, cuando estuvo hace varias décadas en nuestro país?

-Estoy impresionado. Su trabajo es muy claro, tiene increíble arrojo y trasunta una gran personalidad. Ella fue una transgresora dentro del expresionismo y lo llevó hacia un verdadero desarrollo. Estaba totalmente abocada a investigar dentro de sí misma y, de esa manera, creó mucha emoción. Fue una visonaria por la forma en que usó el material, lo que hacía que cada idea suya fuera innovadora y profunda. Por esta causa tuvo problemas en Alemania, incluso con sus colegas. No se sentía cómoda con la situación, pero fue muy importante para mi patria. Sin Dore Hoyer no podría haber existido alguien como Pina Bausch.

-"Afectos humanos" fue creada por una mujer. ¿Usted transmite, desde su perspectiva de varón, lo mismo?

-Lo importante es lo que uno puede sentir con el cuerpo. No es un asunto de hombre o de mujer, sino un tema de concentración en lo que se está haciendo. Es la personalidad y no el cuerpo la que trascenderá.

-¿Es parte de su propuesta que la gente tome conciencia e interrelacione los sentimientos con un mundo hipermaterialista?

-Ese tipo de experiencia me sucedió en París, donde tuvimos un público ultra exigente. Fue muy incómodo, porque era una audiencia difícil de abrir. Era increíble ver cómo se resistía a llegar a esa apertura.

-Tal vez porque en esa obra hubo cosas que no les agradaban y en las que se identificaban. Por lo general, se tiende a no aceptar las recovecos oscuros o demasiado vulnerables...

-La danza habla de desapariciones, similitudes, de un cuerpo democrático que es imposible, de memorias equivocadas que llevan mucho tiempo repitiéndose. También expone la reconstrucción. Siempre se vuelve a las cosas, a las huellas de la propia conducta que tratas de alimentar. Para mí ésa es la verdadera belleza de la actuación.

-La obra se divide en partes, pero el público, en esta instalación, se mueve y participa permanentemente.

-Entra en un lugar de luz mortecina donde los actores Alice Chanchat y Bruce Campbell están enfrentados en una mesa colocando tierra dentro de guantes higiénicos. Repiten las mismas frases, que tienen que ver con las palabras deseo y placer. Los intérpretes hacen experimentos con sus ropas, se oye una voz infantil. Luego, la gente explora el primer piso, donde yo, desnudo, me integro al plano de la proyección. Se ve un parto y ocho minutos depués nacerá un niño. Del suelo, surge el blanco brillante. El público sigue la luz en el piso. Ahí se verán las danzas "Avidez", "Odio" y "Miedo", de Hoyer, en reconstrucción de Martín Nachbar.

Además, también se oirá a Campbell contar una expedición por el monte Everest en tanto se encuentra con una accidentada colgando de una soga. Hasta que arroja tierra a cuerpos esparcidos por el piso. Una vez que se va, la instalación sigue abierta por treinta minutos para dar la oportunidad a los espectadores de decidir cuándo desean ponerle fin.

Talleres y conferencias

Simultáneamente con las funciones en la Sala Ana Itelman habrá talleres que dictarán los visitantes para bailarines y coreógrafos en ese recinto.

Las charlas, con entrada gratuita, tendrán lugar en la sede del auspiciante Instituto Goethe, Corrientes 319. Sobre el tema "La experiencia de reconstrucción a Dore Hoyer: una confrontación con los años 1960", hablará Martín Nachbar el martes 31 y el miércoles 1º de noviembre, a las 16, en tanto que "Danza Contemporánea, tradición y vanguardia", que desarrollará Tom Plischke, tendrá lugar el jueves 2, en el mismo horario.

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