Los museos subieron a escena

Se realizaron puestas inspiradas en el Tecnológico, el de Armas y el Criollo
Alejandro Cruz
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9 de diciembre de 2000  

La quinta edición de Proyecto Museos, que culminó el sábado en el Centro Cultural Rojas, volvió a demostrar que es uno de los ciclos de investigación escénica más interesantes de esta ciudad. En esta edición, la directora del proyecto, Vivi Tellas, convocó a Beatriz Catani, Alejandro Tantanian y Luciano Suardi, que, a su manera, opinaron sobre el Museo Tecnológico, el Criollo de los Corrales y el de Armas de la Nación, respectivamente.

Catani, la misma directora de "Cuerpos abanderados", habló de cómo las clases dominantes fueron vapuleando la figura del gaucho hasta transformarlo en "un objeto very typical from la pampa ". En el caso de Suardi, al ubicar la historia de "La víspera" a fines de la década del sesenta, desplegó una sólida línea crítica sobre la falta de actualidad del museo en sí mismo, y sobre el discurso esperanzador de aquella época, que hizo creer que todo era posible.

A un tono semejante apeló Tantanian, quien, junto con Luis Cano, montó un trabajo en el cual el único protagonista realizaba una nostálgica visita guiada a su propio pasado.

En conjunto, podría afirmarse que esta edición de Proyecto Museos fue una de las más sólidas. Y aunque no contó con el efecto sorpresa que supone ver cómo los directores resolvieron cada puesta en un espacio distinto del Rojas, ya que los tres trabajos tuvieron lugar en el gimnasio del Centro Cultural, la experiencia resultó igualmente inquietante.

El trabajo de Catani, que junto a Luis Cano realizó "Todo crinado", comenzaba en un clima de ruidos y caos emulando la típica desorganización que se vive en los actos de celebraciones patrias, tan cercana al didactismo de los actos escolares. La primera parte transcurría en medio de vinos pateros, unas señoras cantando mientras jugaban al Estanciero y empanadas que aparentaban ser chinas. En medio de ese desorden, el verdadero director del museo, ubicado en Mataderos, explicaba las bondades de la sala con algunas acotaciones desopilantes.

Y como en toda fiesta que se precie de tal, la velada incluyó una obra. En ella, el gaucho degradado que Catani había reconocido en las vitrinas o en maquetas truchas, tomaba vida. Y pese a que la obra poseía un tono demasiado crispado desde lo actoral, contaba con una escena de enorme teatralidad, en la cual la actriz Victoria González Albertallí decía un monólogo de profundo contenido dramático. Una verdadera tragedia pampeana enunciada desde un corral que compartía junto a una codorniz y un pato. Indudablemente, la escena más contundente de este tríptico museístico . Un verdadero cachetazo de campo.

Déjalo ser

Suardi opinó sobre el Museo Tecnológico a partir de la historia de una pareja entusiasmada por los avances de la época. Así, los actores Fabiana Falcón y Darío Tangelson lucían los avances tecnológicos de los sesenta que, en nombre del confort, invadían los hogares. Al mejor estilo de una serie norteamericana, la parejita feliz hacía uso de estos beneficios mientras seguía por la radio los primeros pasos del hombre en la Luna.

En medio de ese clima, una vieja revista Claudia daba cuenta de un 2000 sin ruidos, con una calidad de vida que poco tiene que ver con nuestra realidad cotidiana. Claro que ellos ni se imaginaban el curso de la historia. En definitiva, los dos jóvenes se movían al ritmo de las melodías de Los Carpenters, Los Beatles y Elvis Presley. Las mismas canciones que imaginaban para el hijo que ella mimaba en su panza. Pero este mundo perfecto de "All you need is love" pegaba una brusca y contundente vuelta de timón cuando ella tenía una pérdida y, mientras tocaba su propia sangre, se escuchaba "Yesterday". Un mazazo para un cuento escénico de muy buen nivel.

"La desilusión" fue el título que Tantanian y Luis Cano eligieron para contar una historia que tuvo como disparador dramático a una pintura en la cual se veía a un general Roca que, entre otros, aparecía acompañado por un oficial de campaña de nombre Fotheringham. Era este oficial quien nostálgicamente recordaba aquellos tiempos. Así se armaba un clima inquietante que se apoya en una excelente banda sonora compuestas por canciones patrias y bandas militares tan deshilachadas como el propio daguerrotipo que daba inicio a esta trama.

Con estos elementos, el excelente Alberto Suárez narraba los márgenes de una historia supuestamente grande convertida en recuerdos patéticos. Inevitablemente, en el aire quedaban esas nostalgias de un sector de la sociedad que todavía añora los años de plomo de la dictadura. Seguramente para este militar, como para la parejita de Suardi o para el salvaje gaucho de Catani antes de todo intento domesticador, el pasado habrá sido mejor que este presente.

Si bien ninguno de las tres obras tuvo la contundencia de "Dens in dente", el trabajo que Mariana Obersztein realizó inspirándose en el Museo Odontológico, este tríptico a cargo de tres directores de enorme talento constituyó un programa de un sólido nivel, que merecería agregar algunas funciones adicionales, para llegar a más público.

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