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Los pliegues de una mujer tan simple como única

Todas las canciones de amor, el sensible texto de Santiago Loza que protagoniza Marilú Marini, una verdadera maga inspiradora de la escena
Alejandro Cruz
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16 de agosto de 2016  

Marilú Marini es la señora de esa refinada estampa, la maravillosa intérprete tan clásica como experimental. Santiago Loza es el cordobés tan del mundo del cine como del teatro. Es ese tipo de dramaturgo que enaltece a la cursilería misma, que reivindica el relato de las simples cosas transformándolo en puntos de concentración de máximas tensiones.

Ella se topó por primera vez con un texto suyo cuando vio La mujer puerca. "Aquel bello espectáculo protagonizado por nuestra admirada Valeria Lois", recuerda. Él la vio actuar por primera vez hace años. Claro que, cosas de un señor tímido, ni se animó a saludarla. El "encuentro cumbre" fue gestado por la escenógrafa Oria Puppo. Tomó cuerpo en un restaurante coreano de París. Así narrado, todo muy cool. "Para dos personas que no somos nada cool, eso fue extremadamente cool", reconoce ella, la encantadora del asombro escénico.

El contacto más fuerte entre ambos empezó a darse en este último año y medio. Ahora, luego de un ensayo de Todas las canciones de amor, el espectáculo que acaban de estrenar en La Plaza, él la escucha hablar con un dejo de indisimulable admiración.

Ella es la protagonista de este nuevo montaje. Él, el autor de este texto que dirige Alejandro Tantanian. "Con Santiago tengo una conexión que no es del nivel intelectual -dice Marini mientras se maquilla en lo que es una escena en sí misma de una teatralidad desbordante-. Primero, porque se llama como mi padre, una figura fortísima, nutriente en mi vida. Segundo, porque siento que comparto una vía de misticismo profano por el teatro, por lo que se quiere hacer con el arte, aunque me dio vergüenza decirlo de este modo."

-Tranquila, Marilú, prometo escribir arte en minúscula.

-Te agradecería... Pero lo que quiero decir es que Santiago es un descifrador de lenguaje. Frente a eso, lo que uno intenta hacer es interpretar el silencio que está entre las palabras.

Santiago la escucha. "La escucho y me da vergüenza -dice, explicando lo que expresa con claridad su propio rostro-. Marilú es alguien que sabe cómo acercarse al asunto, tiene algo que pertenece a la tradición siendo ella absolutamente contemporánea. Como me sucedió con Valeria Lois, cuando escucho el texto hecho suyo es como si no pudiera reconocerme, como si estuviera casi fuera de mí. En la escritura de esta obra había algo mucho más abstracto. Marilú y la dirección de Tantanian llevaron el relato a la tierra y lo hacen estallar. Quizá la mujer que yo imaginaba era más neutra, más calma. Ellos encontraron otras zonas. Pero no sé, ayudame..."

Marilú va en su ayuda. Dice: "La protagonista es una mujer, casi una señora de barrio, que espera la vuelta de su hijo que vive en el extranjero después de no verlo durante un largo tiempo. Esa espera está atravesada por todas las corrientes subterráneas y primitivas que hacen a la relación de una madre con su hijo y de uno con uno mismo. La espera la alimenta. Pero lo que está escrito no hace falta actuarlo, está. Entonces, ¿cómo se sostiene lo que está detrás? Yo pensé que era hermoso darle a esta sinfonía lírica el cuerpo de una señora de barrio muy por fuera del arquetipo del naturalismo".

En su imagen, esa mujer está atravesada por angustias, fantasías, pérdidas, dolores, alegrías y la posibilidad de poder quererse, aceptarse. "Pero ese aceptarse no es cosa de un manual de autoayuda. No -niega ella de manera rotunda-. Pasa por ser honesto. Admitirse la caca y lo bello, permitirse llegar a ese punto. ¿Ves? Eso me gustaría hacer todas las noches en escena, te lo juro. Que se realice en el escenario de La Plaza, que se expanda, que llegue."

En el texto de Loza, esta mujer dice: "El amor es contagioso. Está expandiéndose en este mismo aire que ustedes respiran". Las palabras de Marilú, o toda palabra dicha por ella, inevitablemente se expanden.

Santiago Loza habla de una mujer ordinaria que se descubre extraordinaria. Y habla también del registro lírico, del trabajo musical que irá apareciendo entre distintas escenas o escenas/capas de esta mujer en su viaje a las profundidades de ella misma. "Las canciones de la obra son temas populares que están al borde de lo kitsch. Como un tema de José Luis Perales que dice: «Cada vez que te beso me sabe a poco»", Marilú lo canta y los dos se ríen con ganas, se ríen en plan expansivo sobre estas canciones que son especies de ofrendas cuidadas por el músico Diego Penelas y el diseño de arte de Oria Puppo.

Ignacio Monna es el actor que hará de hijo de esta madre cuyo nombre desconocemos. Ese hijo "tan blanquito y frágil" que está volviendo al país, al encuentro de su madre. Llegará acompañado por su pareja, un negro africano llamado Robert. "Es negro como una sombra, estoy usando mucho la palabra «sombra», me da un poco de inquietud esa palabra", dice esta madre sobre ese hombre que imagina musculoso. Este hombre que pasa las noches con el amado nene de su madre. "Ignacio es la evocación de ese hijo. En diferentes momentos él canta y yo «perreo» como puedo porque siempre me prendo en todas [se ríe de sí misma]. Esas canciones son como esos regalos que hacen los niños para el Día de la Madre: un corazón en papel maché o un portalápices de formas extrañas, que son como ofrendas un tanto toscas llenas de significantes. La canciones están todas en el imaginario colectivo y tienen que ver con sacar sentidos densos de las cosas que nos son cercanas."

En el imaginario de ese encuentro con sus ofrendas, Marilú, cuenta Loza, se mete en la sensualidad de ese hijo amado por un señor grandote. "El participar de esa sensualidad le permite reconocer su propio cuerpo erótico", explica él. Y, casi sin mirarla, repara en el cuerpo de esta hechicera de la escena. "Marilú tiene un cuerpo erótico, un cuerpo sensual. Es una actriz que entiende la zona a la cual su cuerpo debe arribar, a esa especie de festejo de lo sensual", agrega sobre esta creadora cuyo primer paso formativo fue la danza, el cuerpo en acción, en pleno movimiento.

Este segundo encuentro entre Marini y Loza -el primero fue la participación de ella en el ciclo Siete Casas, serie que Loza dirigió para la Televisión Pública- llevó su tiempo. Santiago tiene la costumbre de no compartir un texto hasta que no sienta que haya pasado por su cuerpo. "Si la obra no me sucede en el momento de la escritura, no hay obra, no hay escena", explica. ¿Cuál es el síntoma físico de ese momento? "Que no pueda pensar en otra cosa. Es como si sintiera la escena, la estructura física de las palabras. Si escribo la palabra «piedra», reparo en su sonoridad -dice, reparando en la sonoridad de la palabra piedra-. Como si la escritura misma fuera un hecho performático."

-Pregunta tonta: ¿te parás frente a un espejo y leés el texto en voz alta?

-Cuando escribo para teatro lo hago en voz alta. Aun en una obra monologal como ésta, no es lo mismo un relato narrativo que uno escénico. Cuando la veo a Marilú, no es alguien que cuenta algo que pasó. Ella arma escena. Yo he descubierto zonas de mi presente que en mi cotidiano no descubro. Soy mucho más confuso en el vivir que cuando estos personajes descubren cosas a las cuales yo no llegué, yo no vi.

El texto y las canciones de este amor cantadas por ese hijo y "perreadas" por una madre de apariencia simplona prometen un inquietante viaje por senderos insondables de esta mujer tan ordinaria como extraordinaria.

Todas las canciones de amor

Dirección: Alejandro Tantanian

Teatro, La Plaza, Corrientes 1660.

Funciones, viernes y sábados, a las 20; y domingos, a las 19.

Entradas, desde 400 pesos

Los mundos paralelos de uno y otro

Marilú, junto a Francella; y Loza, en las librerías

En Silencios de familia, la serie de Pol-ka que emite El Trece, Marilú Marini hace de la madre del personaje que interpreta Adrián Suar. Pero sus planes en este lado del Atlántico para quien hace 40 años que está radicada en París incluyen otros proyectos locales. Antes de fin de año comenzará la filmación de Los que aman, odian, la novela de Bioy Casares y Silvina Ocampo que llevará a la pantalla grande Alejandro Maci. Esa filmación se alternará con la finalización de la gira europea de El pájaro verde, el elogiado espectáculo basado en dos textos de Copi que presentó en el CCK. Y más teatro. Esta vez, por primera vez, como directora. Será un texto de Roberto Arlt, Escritor fracasado, que interpretará el actor Diego Velázquez.

Por su parte, Santiago Loza tiene en estos momentos otros 4 textos suyos en cartel: La enamorada del muro, en el Moscú Teatro; Esplendor, en el Teatro del Abasto; y Nada del amor me produce envidia y Todo verde, en Timbre 4. Mientras tanto, publicó Yo te vi caer, el texto que llevó a escena Maricel Álvarez, y Seix Barral publicará una novela que tituló El hombre que duerme a mi lado.

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