Lucas Menghini Rey, el juglar que perdimos en la tragedia de Once

Antes de morir en la tragedia ferroviaria, Lucas era un artista revelación deslumbrado por el folk y la psicodelia, con una energía expansiva que dejó marcas en todo lo que tuvo alrededor
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9 de abril de 2012  • 17:36

Podía cantarlas en cualquier lugar, solo, acompañado, en un baño, arriba de un escenario o en un vagón del tren Sarmiento ante un público indiferente (como se lo ve en un video en YouTube), pero siempre que cantaba sus canciones lo hacía con la misma intensidad. Sabía que con ellas podía sensibilizar y que ése era su fuerte.

Es sábado 18 de junio de 2011 y Lucas Menghini Rey, "el Chimu", le habla verborrágicamente al grabador sobre su propia música, en un local comercial del centro de Padua reconvertido en sala de ensayo. "Podría caratularlo como hypnotic-folk", dice. "Como una suerte de canción tradicional hipnótica hecha por mí."

Meses antes de morir en la tragedia de Once, Chimu ya era el nuevo hijo pródigo de la escena under del oeste bonaerense. Su segundo grupo, Chimeneas (también tocaba en Sistemática, otra banda, más rockera), tenía apenas cinco temas colgados del sitio Bandcamp, pero el carisma explosivo y cierto magnetismo un poco mágico que irradiaba hacía que se hablara cada vez más de sus shows.

Para esa época, una presentación en vivo de Chimeneas en Casa Frida (una casa comunitaria en Ituzaingó que, desde hace un tiempo, funciona como enclave cultural de esa zona) había dejado todo claro: para atraer al público, que estaba disperso en el living y no en la pieza –donde estaba el escenario en el que iban a tocar–, Chimu se paró en el medio de la sala e interrumpió el bullicio que acompañaba el fuego del hogar cantando con su guitarra la primera canción del set, "Nueva intención". Desde entonces, nadie que estuviera cerca de él pudo dejar de mirarlo.

El día de la entrevista, en la sala de Padua, contaba que le gustaban Beach House y Fleet Foxes, que Vetiver lo tenía "re flasheado" y que, en cuanto a la experimentación (el corazón de su música), estaba fuertemente influenciado por Arcade Fire, aunque estéticamente pareciera más un fanático del rock chabón que un moderno indie-rocker. Por fuera de ese estado de deslumbramiento musical permanente (el rasgo que más destacan sus amigos-músicos), en un encuentro con él quedaba claro que Chimu no le daba importancia a la ropa ni a las apariencias. "Me gusta mucho Arcade Fire", decía. "Siento que Chimeneas en algún momento va a pintar para ese lado."

La entrevista, que quedó inédita hasta ahora, era para las páginas de En Caliente, la sección de Rolling Stone sobre bandas nuevas. En esa situación, Chimu –20 años, 1,70 de altura, pelo rizado y oscuro, sombra de bigote ancho y mirada pícara– develaba su intención más profunda con la música. "Es un concepto que sigue estando muy revuelto en mi cabeza", decía. "Yo la flashée con Atahualpa Yupanqui también, que decía que los ritmos del folclore eran latidos de la tierra. Ahora siento que tengo que hacer algo así, como si fuese la respiración de algo muy grande."

Leé acá la entrevista completa, por Gonzalo Chaves

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