Luis Machín: “Me gritan en la calle por mi conocida adhesión al Gobierno”

Gonzalo Heredia y Vanesa González, en una tira que no prosperó: Lobo
Gonzalo Heredia y Vanesa González, en una tira que no prosperó: Lobo Fuente: Archivo
El actor, defensor de las políticas oficialistas, contó a Personajes.tv cómo vive estos tiempos; además habló de la actualidad de la televisión y de su pasión por el cine de terror
Dolores Moreno
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15 de mayo de 2014  • 00:43

Machín habló de la ley de medios y el futuro de los medios
Machín habló de la ley de medios y el futuro de los medios Crédito: Sebastián Rodeiro

Luis Machín es uno de esos actores que se ganó al público por sus caracterizaciones. Aquel León Rocamora que interpretó en Montecristo sirve para darse una idea. Hábil a la hora de componer un personaje, el actor tiene devoción por los papeles complejos, por eso en su última aparición televisiva aceptó con entusiasmo el desafío de ponerse en el cuerpo de un crossdresser -un hombre que se viste de mujer por trabajo.

En la presentación en sociedad de La celebración, el unitario de Underground, Machín se sentó a dialogar con Personajes.tv en una charla en la que terminó confesando los problemas que le trajo su adhesión a algunas de las políticas llevadas adelante por el gobierno de Cristina Kirchner. También habló de la actualidad de la televisión, el "maldito" rating, su incursión en el cine de terror, la ley de medios y la agresión de la gente en la calle, que lo insulta, al saberlo partidario de medidas que a él le parecen fundamentales.

"¿Cómo se puede estar en contra de la Asignación Universal por Hijo? ¿Cómo se puede estar en contra de una ayuda a gente que nunca la ha tenido? ¿Cómo se puede estar en contra del Plan Progresar, o del Plan Procrear? ¿Cómo se puede estar en contra? Que salgan a decir ´señores, yo estoy en contra del plan Procrear, de la asignación...´ que salgan a decirlo para que lo tengamos en cuenta los votantes", disparó el actor.

-¿Cómo fue trabajar de crossdresser?

-A mí me gustó mucho el tema. Ya había trabajado el año pasado en Historias Clínicas, de Underground. Cuando me llegó el libro, es de esos a los que uno no puede decir que no, por lo que significa el nivel de composición. Es muy atractivo para cualquier actor meterse en el mundo de los crossdresser, hombres que deciden vestirse de mujer, que no son necesariamente travestis, ni homosexuales siquiera. De hecho, en el capítulo queda manifiesto que él está enamorado de su mujer.

-¿Cómo te preparaste para ese personaje?

-Fue difícil, sobre todo porque hay que contar la complejidad de la decisión de travestirse sin ser gay. Eso también tiene que estar contado porque si no uno está contando una parte de la realidad... Y ya estamos un poco cansados de que se cuente una sola parte de las cosas. Esto son capas y capas que hay que ir desmenuzando. Me parece que el capítulo en su totalidad lo contiene. Es muy sencillo contar un aspecto de las decisiones de las personas, es muy sencillo contar una historia de homosexuales que se espera en el camino tradicional de la televisión abierta que en el capítulo 25/28 se besen. Y se especula con eso todo el tiempo hasta que llega ese momento. Esto está fuera de esa línea de intención... desde la mirada del rating.

-¿Qué pensás de la locura por el rating?

-El rating le ha hecho mucho mal a la televisión argentina. Le hace mucho daño, se han levantado tiras con historias de verdad, muy interesantes, por el maldito rating. Uno puede decir: sí, el rating es lo que hace que la pauta publicitaria suba y la torta publicitaria y que los auspiciantes... pero se le hace daño a la gente porque se queda sin historia, porque las historias se tergiversan de tal manera que pierden su esencia primaria. Estamos cansados. Yo he participado de tiras diarias que se han bajado porque la cantidad de puntos no llegaba a las expectativas del canal.

-¿Cómo cuál?

-Lobo que era una producción de Pol-ka y tuvo que bajar al cuarto/quinto mes. Caín y Abel, que era una historia extraordinaria. Las dos si no hubieran estado condenadas por el maldito rating hubieran sido verdaderamente profundas... La verdad es que una persona que se transforma en lobo contada en la televisión argentina hubiera sido bastante interesante. Caín y Abel tenía hasta una historia filosófica paralela. Tuvo que estar intervenida por el rating y terminó abruptamente, y un montón de gente que tenía ganas de verla se tuvo que privar de ese gusto y nosotros, como actores, nos tenemos que privar del gusto de hacerla.

-¿Creés que se puede combatir contra eso?

-Lentamente hay que abandonar la idea de que el rating es Todopoderoso. Es difícil porque las leyes del mercado están regidas por eso. Pero es bueno cuando hay intervenciones como en el caso de esta producción [La celebración], que es una coproducción del Estado con una productora privada y hay una aceptación de Telefé de meterse en temas que son muy poco tratados en la televisión. A ese tipo de apuestas me parece que hay que seguir. Con esto no digo -porque siempre se tergiversan las cosas- que tengan que dejar de existir las tiras diarias de las 21, que son divertidas y que uno va a seguir haciendo. El problema es el rating, no las historias.

En mi caso se decidió bajarlas y no seguir apostando a desnudar chicas, a golpear gente y a hacer raptos.

-También se modifican las historias para luchar por mejorar el rating, como pasó en Los vecinos en guerra, hablando de Underground...

-No la vi, pero te puedo hablar de lo que pasó en las que trabajé yo. En ese caso se decidió bajarlas y no seguir apostando a desnudar chicas, a golpear gente y a hacer raptos. No se hizo el manotazo de ahogado. Se decidió bajarlas y es una pena. Para un actor siempre es penoso, para los productores también. Porque todos quieren tener programas que se vean. Uno hace cosas y pretende que la gente que los vea.

-Es que quizás lo que la gente quiere ver es lo que le da rumbo a las historias...

-Yo creo que las cosas van cambiando de a poco. Que la nave va tomando nuevos rumbos y que hay que aceptarlos porque son interesantes. Me parece bien una televisión que esté apoyada por el Estado, las producciones mixtas, las federales de verdad, entre empresas privadas y el Estado. Por ejemplo, los concursos de televisión digital han abierto el trabajo en todo el país. Así que poco a poco se van modificando esos mapas.

-¿Por la ley de medios?

-Sin duda, por la ley de medios. Todavía no se ha puesto en total funcionamiento, lleva un tiempo. De hecho, ha llevado años que algunos grupos se adecuen, ¿no? Esto es de público conocimiento. Pero creo que es un momento extraordinario para los medios audiovisuales, es un momento para reflexionar mucho, para tener en cuenta. Es un momento histórico para el periodismo. Son momentos bisagra, de verdad pienso eso. Me parece que ya se está empezando a ver mucho.

-¿En dónde?

-Los concursos de la televisión digital han dado la posibilidad de que en todo el país se concurse y grupos de gente que antes no tenían la posibilidad de desarrollar lenguaje audiovisual en sus provincias se encuentren con que ahora es un poco menos dificultoso. No quiero decir que todavía se haya llegado a la panacea del desarrollo industrial en las regiones, de norte a sur de nuestro país. No, falta un montón. Pero es la primera vez – lo digo como rosarino- que veo que se pone en funcionamiento el interior en un desarrollo industrial. Si no había una intervención del Estado en eso íbamos a seguir esperando que el mercado arbitrariamente digite cuándo iba a querer que en el Chaco se cuente una historia de la gente del lugar. Si no los porteños cuentan las historias de los chaqueños en una mala tonada.

-¿Te definís como kirchnerista?

-Es pública me adhesión en una enorme cantidad de medidas tomadas por este gobierno. No lo oculto. Uno entiende, como no va a entender, que hay montones de maneras de ver las cosas. Lo que uno tiene que rescatar son las generalidades, cuando además las generalidades han sido discutidas y son ley. Y las leyes están para acatarse. Entonces es más allá de la condición de ser kirchnerista o antikirchnerista, o estar a favor o estar en contra... Es un país democrático. Yo quiero un país que sea transparente y sepamos quién está en contra de la Asignación Universal, del Plan Procrear, Progresar... Yo quiero que la Sociedad Rural diga lo que quiere hacer... Me parece que si decimos las cosas cara a cara es mucho más franco. Entonces en el cuarto oscuro yo sé claramente a quién le pongo mi voto. Yo, Luis Machín, lo sé. Pero hay mucha gente que está confundida.

-¿En qué sentido?

-No puede ser que por algunas cosas que he dicho haya gente en la calle que me grita. No puede ser que algunos vecinos me griten por mi adhesión a algunas medidas de este gobierno. No pasa nada, no tiene la culpa la gente, pero no son las maneras. Me parece que hay otras maneras, me parece que hay formas más tranquilas de plantear las diferencias. Yo he intentado hablar con esa gente, pero es difícil porque se ponen en un lugar muy violento. Y después resulta ser que dicen que uno se pone violento. Yo estoy dispuesto a hablar con quién sea, pero la verdad es que si te agreden así es difícil. Me parece que las cosas hay que llamarlas por su nombre y hay que ser claros. Si las cosas fueran claras, estas situaciones no pasarían.

A mí no me gusta que se haya devaluado pero considero que ha sido una medida que se ha tomado previendo futuros problemas más profundos.

-¿Qué pensás de la devaluación del peso?

-Hay veces que la economía tiene que tomar rumbos que uno no hubiera querido. Pero ha sido una pulseada muy dura. Entonces la gente en su mayoría está enojada, o tiene sus reservas. Pero hay que analizarlo más profundamente. Hay que ver y saber quiénes forzaron, no era una devaluación querida por el Gobierno. Ya se sabe quiénes la han forzado. Ahora, ¿vamos a seguir apoyando a esos grupos que quieren seguir forzando más devaluaciones? En julio, en febrero del año que viene... ¿vamos a seguir forzando? Digo, el que quiere apoyar, que la apoye.

A mí no me gusta que se haya devaluado, pero considero que ha sido una medida para prevenir futuros problemas más profundos, que hubieran traído consecuencias más graves. Y no lograron lo que hubieran querido, no lo lograron. Entonces, estamos hablando de un Gobierno que está fuerte y los gobiernos democráticos hay que defenderlos, aunque uno ideológicamente no los apoye. Lo digo por el que está en la vereda de enfrente y se considera democrático. A mí me gustó escuchar a algunos opositores diciendo que el Gobierno tiene que terminar el mandato popular. Me gustó verles la cara, a más de uno con quien yo no comulgo pero que salió a decir eso. Me parece que es convivencia democrática.

El actor contó que la gente lo agrede por la calle por sus ideas
El actor contó que la gente lo agrede por la calle por sus ideas Crédito: Sebastián Rodeiro

-Hace poco participaste en un film independiente de terror, ¿cómo fue sumergirte en ese mundo?

-Es un género extraordinario. Yo de chico estaba fascinado con el terror. Con el tiempo a veces se abandona el género. Es cierto que en la Argentina no se ha explotado mucho. Pero hay mucha gente que trabaja, Daniel de la Vega es uno de los exponentes más fuertes que hay y que viene trabajando en el terror hace muchos años. Necrofobia es la primera película en 3D de este género y la tercera en 3D en la Argentina. Ha crecido mucho esa película, tiene actores a quien respeto mucho. Con algunos ya había trabajado como Gerardo Romano, Viviana Saccone y Julieta Cardinali, con otros no. La estoy esperando con mucha ansiedad. Hago de mí, de otro yo, de un hermano mellizo. Me fascinó la experiencia.

No se es mejor actor porque se tenga mal carácter. No es mejor actor el que peor genio tiene. No es un actor más genial el que tenga menos pulgas.

- En un momento en donde los problemas dentro de los elencos se hicieron más conocidos, ¿tuviste alguna experiencia negativa con compañeros de trabajo?

-Uno cuando hace una tira convive más con los compañeros de elenco, técnicos, directores y productores, que con su propia familia. Entonces esta cotidianidad puede generar roces por la cantidad de tiempo que uno pasa. No se es mejor actor porque se tenga mal carácter, no es mejor actor el que peor genio tiene. No es un actor más genial el que tenga menos pulgas. Se pueden hacer cosas muy buenas en ámbitos de trabajo tranquilos, uno se puede reír y pasarla bien. A veces se instala en la gente la idea de que si un actor tiene mal carácter es porque es un actor de carácter y eso lo lleva a ser un excelente actor.

-¿Lo decís por Julio Chávez?

-No... No sé. Sé que hubo problemas, pero no vi Farsantes. No sé qué tipo de problemas. Lo que quiero decir es que yo he hecho tiras en las que nos hemos llevado muy bien y han salido muy buenas y uno puede tener mejor o peor rapport con los actores que te toca trabajar. No todos se llevan de la misma manera, pero se pueden hacer cosas muy buenas. Montecristo fue una tira diaria que tuvo mucho éxito y había un montón de gente y la verdad que entre los actores la pasábamos muy bien. Había las rispideces lógicas de cualquier trabajo en conjunto.

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