Más cerca de la ópera

Ernesto Schoo
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25 de marzo de 2000  

Ante la espléndida versión musical de "Los miserables", que acaba de estrenarse en el Opera, es oportuno recordar las estrechas relaciones del célebre autor de la novela original, Victor Hugo (1802-1885), con el teatro. Ya desde sus primeros pasos en la literatura, la forma dramática es la que conviene a su temperamento exuberante, y el éxito inicial, que lo consagra favorito del público y adalid del movimiento romántico, es una pieza en verso, "Cromwell"(1827), cuyo prefacio es considerado el manifiesto inicial del romanticismo francés. Sus tres propuestas son: abolición de la unidad aristotélica de tiempo y lugar (no así la de acción, que Hugo mantiene); exaltación del verso como único posible vehículo de la tragedia; el derecho y el deber del arte, de representar todos los aspectos de la realidad, abriendo así el camino a lo feo y lo deforme como objeto de inspiración estética, y a la mezcla de lo trágico y lo cómico, a la manera de Shakespeare.

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Además de la carrera triunfal de sus formidables novelas ("Nuestra Señora de París", "Los miserables"), Hugo conoce el aplauso fervoroso del público de teatro, sobre todo a partir de "Hernani" (1830), convertido en una furiosa batalla entre los jóvenes partidarios de la renovación romántica y los maduros defensores de la tradición clásica; es un hito en la historia del teatro.

En su "Historia de la literatura francesa", Emile Faguet señala, respecto de esos títulos: "... muy discutidos, ocasión de querellas y hasta de batallas literarias, colmados de bellezas verdaderamente nuevas, brillantes, chispeantes, retóricas, líricas, más propias de la ópera que de la tragedia, pero extremadamente seductoras y prestigiosas. No debe olvidarse jamás que las primeras obras verdaderamente grandes de Hugo son obras de teatro. Esto es muy importante para comprender el genio particular de Hugo, que es un genio, si no dramático, al menos esencialmente oratorio y teatral".

Tampoco es casual que el glorioso escritor, cuya esposa, Adéle Foucher, lo engañaba con el crítico Sainte-Beuve, compartiera medio siglo de vida en común con una actriz, Juliette Drouet, que lo acompañó fielmente en las buenas y en las malas. Reflexión final: Faguet observa, sagazmente, que las piezas de Hugo son "más propias de la ópera que de la tragedia". Y, si se mira bien, esta versión musical de "Los miserables" es, en realidad, una ópera.

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