Melómano en el aire

Héctor Larrea
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28 de febrero de 2004  

Recibe sonriente, habla de proyectos, gustos y pasiones. Héctor Larrea cuenta que se le metió en la cabeza la idea de conseguir toda la discografía de Astor Piazzolla y está por lograrlo. "Las grabadoras no mantienen un archivo riguroso. Mezclan una grabación hecha en Milán en 1970 con otra realizada en Buenos Aires en 1965. Entonces, mi tarea es muy difícil porque debo investigar un montón, además los discos no traen data. Pero hay dementes como yo que me ayudan muchísimo."

El locutor, que está a dieta -"en realidad vivo a dieta, porque tengo tendencia a engordar", confiesa-, comienza a hablar de música y es como si entrara en otra dimensión. "¿Le molesta si enciendo un puchito?", pregunta. Y, cigarrillo suave en mano, se acomoda en el sillón de su oficina, en la calle Florida.

"La verdad es que soy un músico frustrado. ¡Cómo me hubiera gustado tocar un instrumento y cantar! Pero Dios no me dio ese don. Es raro, porque tengo oído, me doy cuenta al instante cuando alguien desafina, pero no puedo cantar ni tocar el Arroz con leche, sueno horrible. El cerebro ordena una nota y mi garganta emite otra. Siempre digo que no sé lo que es la envidia, pero la verdad que cuando veo un músico en escena, tan compenetrado, tan feliz, siento un poquito de envidia. Y mal no me fue en lo mío; pasé toda mi vida trabajando en lo que me gusta, cuento con el amor incondicional de mi familia y el reconocimiento de la gente y, pasado mañana, vuelvo a la radio con Una vuelta Nacional, en AM 870, un Rapidísimo enriquecido."

Casado hace 33 años con María Elizabeth Alba, padre de Florencia y Laura, cuenta que después de mucho madrugar ya no puede dormir hasta tarde, que tiene dos gatos, que come liviano, aunque nunca resigna una copita de vino tinto. "No más que eso, pero me gusta, me hace bien. ¿Siesta? No, ni loco, porque me despierto pésimo. Prefiero leer, soy un gran lector. Es otra de mis pasiones, aunque ahora estoy medio embromado con los ojos, los tengo secos y es molesto; pestañeo más de lo normal y no hay gotas que alcancen; pronto me van a inyectar algo que me devolverá las lágrimas. Aunque suene extraño, no es bueno vivir sin lágrimas."

Habla de lágrimas e inmediatamente recuerda a su hija menor, Laura, que está por casarse con un noruego: "El asunto es que el noruego vive en Oslo, así que en cualquier momento me dan la noticia y parten. No quiero ni pensarlo. El chico es amoroso, pero soy muy pegado a mis hijas, son mi gran orgullo".

Dice que es sociable, amigable, pero que también tiene algo de lobo estepario. "Necesito cargar las pilas en soledad. Es que tanto hablar en la radio, tanta energía, tanta cosa... El silencio y la música me curan todo. Cuando me operaron, llevé mi grabadora con música clásica a terapia intensiva y me fue bien."

Larrea exprés

Ritmos: "Amo la música clásica, el jazz, el folklore, el tango y también la salsa. Me llega esencialmente la música y, luego,. la canción. Excepto Gardel, que al cantar era un músico, hacía arreglos improvisados. A Carlitos lo admiro, escucho y disfruto. Y siempre les digo a los cantores de tango jóvenes que no sobreactúen, que lo escuchen con atención".

Colegas: "Antonio Carrizo siempre me hace bien. Cuando era chico y soñaba con trabajar en radio le mandé una carta para ver cómo tenía que hacer, y me respondió. Siempre me guió y dio buenos consejos, es un gran hombre. A Bobby Flores también le tengo mucho cariño. Sabe mucho, adora el jazz como yo, es un chico inteligente, culto y muy informado. Siempre intercambiamos cosas".

Aptitudes: "Me gusta la pintura y me encantaría pintar, pero para hacer un círculo necesito ayudarme con una tapita. Adoraría escribir, en eso me defiendo, pero me falta técnica. Y en la cocina nada, excepto las papas fritas, que me salen doraditas y muy ricas".

Televisión: "Me cansó mucho la televisión y no volvería a hacer entretenimientos. Sólo me interesaría un programa de música; tengo un proyecto para el cable. En la televisión abierta no hay espacio para lo que yo quiero".

Sin miedo: "No sé, capaz que soy medio loco, pero cuando me operé de cáncer no tuve miedo, nunca sentí que iba a morir. Más de una vez me preguntaron si mi vida cambió, y sí, ahora la disfruto más. Es que tengo fe".

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