Merodeo gastronómico por Villa La Angostura

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14 de mayo de 2009  • 17:03
Fuente: Archivo

Uno de mis sombreros. Creo que es bueno aclarar que uno de mis "sombreros" es ser fundador y actual Presidente de la Asociación de Amigos de la Patagonia.

Esto quiere decir que amo incondicionalmente la Patagonia; y que tengo una cabaña en San Martín de los Andes, a la que vuelvo cada vez que puedo, por eso, los amigos que organizan cosas por aquel inmenso barrio, suelen invitarme para contar alguna experiencia relacionada con alguno de los "sombreros" que componen mi vida, que es la vida de cualquier ser humano común, que como siempre comento, todos solemos ser varias personas diferentes durante el día: el que se despierta en su casa; el que trabaja de tal o cual cosa; el que va al club con los amigos; el que participa de distintas actividades culturales o gremiales; el que escribe en lanacion.com , etc.

Foro Empresario. En esta oportunidad, de lo que se trató fue de la segunda edición del Foro Empresario Patagónico, organizado magníficamente por Fernando Sánchez y Pablo Costa, que contó con participantes de la zona de los Siete Lagos, Córdoba, Entre Ríos y también de la región de Valdivia de Chile.

Buena impresión. La primera buena impresión fue ver que Villa La Angostura sigue creciendo en una oferta turística de calidad. Año a año, cuando tengo oportunidad de darme una vuelta por allí, veo como van creciendo los alrededores, con hosterías que nada tienen que envidiarle a las que se encuentran en cualquier país del Primer Mundo.

Pero normalmente estoy de paso, salvo muchos años atrás que me hospedé en Las Balsas, cuando la regenteaban Pinki Fernández Barrios y Ana Goñi. En esta oportunidad, los organizadores eligieron para mí una hostería que se llama Antuquelen, que queda en las Lomas del Correntoso, y que atienden de forma magnífica Marta y Alejandro Mabellini.

Cuartos, salones, todo, todo, puesto con extraordinario buen gusto y confort, y por si fuera poco, habitaciones con jacuzzi, para reponer nuestros huesos capitalinos, cansados de caminatas en la montaña.

Pero… Sí, puse el pero, porque lo vi con una carita como diciendo "¡zás! Maglione se nos unió al lote periodístico de los ´amorosos´ para quienes todo, absolutamente todo, SIEMPRE está bien".

Mire, no me voy a poner en criticón solo para darle el gusto, porque criticar por criticar o para diferenciarme de alguien, no es lo mío. Si un lugar me gusta, lo digo; y sino, también lo digo, porque es un acto de elemental honestidad para con un lector, que prima facie , confía en mí.

Le decía. Pero, no soy de los que buscan "gullurías" (pretender lo imposible), al decir de Miguel de Cervantes, que al haber estado leyéndolo, le voy a pedir prestados algunos términos que me divierten para amenizar esta nota, y la verdad es que tuve algunas experiencias gastronómicas que no puedo dejar pasar y deseo advertirlo para que vaya prevenido en su próxima visita a este pueblo lindísimo.

Las Varas. Así se llamaba el primer restaurante en que almorzamos con el grupo de oradores que fuimos a participar del foro. La atención, 8/10. Un mozo correcto, ameno, buen tipo. Le pregunto: "¿cuál es el plato estrella del lugar?" Y su primera respuesta fue: "La milanesa".

Crédito: www.flickr.com/photos/jlastras

Nos reímos los cinco que estábamos a la mesa, más el mozo, y agregó: "el cordero". Bien. Elijo el cordero, pero le aclaro que me gusta mucho, que no venga una pila de huesos grasosos como se suele servir y abundo en otras precisiones para asegurarme un rico cordero patagónico.

De acompañamiento le pregunto que tenía y me recomienda papas fritas. Como estoy un poquito escaldado con el tema, le pido que me aclare si no son de las que denomino "automáticas" que se comen en los locales con la M amarilla grandota. "¡Esas!" me dice con cierto entusiasmo, y entonces le digo: "Bueno, entonces tráigame el ´puré campesino´ (creo que así lo llaman, que consiste en que lleva un agregado de perejil picado), porque esas papas, si las deseara, las puedo comer en el local de Córdoba y Uruguay, a la vuelta de mi oficina en Buenos Aires…".

El cordero… Mire, ¡cómo habrá sido el cordero, que hasta Hebe Bonnín, mi compañera de mesa, no lo pudo creer! Puros huesos, poca o nada de carne y ¡todo quemado! Ojo, no digo cocido o pasado de punto rosado, no, hablo de manchas negras sobre los escasos trozos de carne, que demostraban una llama embravecida aniquilando lo que hubiera podido ser un buen cordero. Otros comensales más afortunados, se inclinaron por truchas en variadas formas y les fue claramente mejor. Pero mi cordero "recomendado"...¡un desastre! El puré...estaba rico.

Waldhaus. La Angostura tiene lugares que son el orgullo de los lugareños, y este restaurante, que tiene como chef a Leo Morsella, es uno de ellos. Pues, ¡se equivocan! (por lo menos cuando no hay mucho turismo).

Fuente: Archivo

En mi mesa de la primera noche, se nos ocurrió pedir unos ravioles de calabaza. Los ravioles tenían la masa más gruesa que haya comido en años, y la calabaza no tenía el menor aderezo, a no ser el detalle infaltable de la mesa popular argentina: ¡el morrón!

Este aditamento, pasión de los restaurantes de medio pelo -ojo, que no digo que este lo sea-, afectos a destrozar el mejor bife plantándole una no solicitada loncha de morrón de frasco, lo que consiguió en este plato es que ni siquiera pudiéramos sentir el sabor del zapallo. Pero no terminó ahí la cosa: en lugar de nueces, le agregaron ¡maníes!, quizás en un intento de hacer cocina fusión o de confusión.

Chef ausente. Como los platos de nuestra mesa volvieron todos con restos que iban de la mitad a un tercio de los ravioles, esperamos inocentemente que el chef tomara la iniciativa de aparecer en el salón y nos preguntara qué había funcionado mal. ¿Usted también lo hubiera esperado amigo lector? Bien, se habría equivocado con nosotros. A nadie le llamó la atención que los clientes devolvieran sus platos llenos de comida sin tocar, y si le llamó, no se abocó a investigar la causa.

Waldhaus II. Uno es educado y se llama a silencio con los organizadores sobre estos "problemitas" gastronómicos. ¡Mal hecho!, porque por callarnos nos tocó volver a lo de Leo Morsella. Armamos una linda mesa con unos amigos chilenos que habían venido de Valdivia, y empezamos a andar. Mayoritariamente pedimos de primer plato una quiche de puerros y queso, que estaba realmente rica. Recién hecha, sabrosa. Bien. No pudimos elegir la lasagna del día, porque se nos había anticipado una mesa 5 personas y se nos informó que se había acabado (¿?). Entonces…avanzo con un cordero "de tres horas de cocción" que me recomendó Macarena, la hija del dueño del lugar.

Discutimos la salsa con que acompañarlo, y le digo: "que venga con el fondo de cocción en que se hizo…". "Viene con verduras y papas rústicas (nombre que se le da a la papa al horno que se come con cáscara y todo)". Pido que venga con las papas solas.

El cordero nuevamente. Por Dios, el cordero era una suerte de arrollado reseco, lleno de hierbas secas que conservaban sus palillos según el caso, y que su sequedad se había consolidado en las famosas horas de cocción, y, como era de esperar ¡vino con verduras y pocas papas!

Servicio cigüeña. Se acerca un mozo y le hago notar que la moza-dueña se había portado como una cigüeña, a la que le pedí algo y me trajo lo que quiso. Me respondió defendiendo a la hija del patrón: "y no coma las verduras y listo; nadie se muere por eso…". Cuando se alejaba, y ante el terror de los que estaban en la mesa, le grité como si fuera parte de una bojiganga: "sí me muero, me muero de hambre", y como medí el tamaño del mozo y advertí que era joven y MUY corpulento, acompañé el comentario con una gran sonrisa para salvarme de algo peor.

Chef atrincherado nuevamente. El plato volvió casi lleno, el chef, atento y vigilante en la cocina y a nuestra vista, nunca apareció. Debo reconocer que los otros de la mesa, tuvieron una suerte mejor que la mía con otros platos, como un ojo de bife con mostaza. Algunos pedimos de postre un almendrado con chocolate. Dije: "por favor, el mío con MUCHO chocolate". El mío y el de todos, vino con un hilito tipo decoración, ¿vió?, que motivó que mandáramos el plato de nuevo a la cocina para que le pusieran el chocolate prometido y solicitado.

¿Lo peor dije? No, lo peor estaba por venir. Para los que no conocen Villa La Angostura, técnicamente no es un pueblo de esos en damero como Bariloche o San Martín de los Andes. Es una larga avenida, sin plaza principal, que tiene su eje en una estación de servicio del Automóvil Club, y que después tiene barrios distribuidos satelitalmente por la montaña aledaña.

Esto quiere decir, que en general todo queda lejos, me refiero a kilómetros, y que tiene por particularidad que durante la mayor parte del año diluvia (dije "diluvia" y no "llueve"), como los tres días que estuve en esta oportunidad.

Terminamos en el restaurante mi segunda experiencia gastronómica fallida, y sintiéndome cliente, le solicito a uno de los mozos que nos consiguiera un radio taxi para volver a nuestras hosterías. Se suceden los llamados, el nerviosismo ganaba a los locales, hasta que llegó la información confirmatoria: "los radio taxi dicen que no trabajan los sábados a la noche".

Yo miraba el diluvio por las ventanas y pensaba si esa pobre gente estaba agotada de tanto trabajar, y con sus faltriqueras llenas del dinero que le generaban los inexistentes turistas en ésta época…No se la hago lunga: un comedido que nada tenía que ver con el restó, se ofreció a llevarnos y terminé en la Antuquelen sano y salvo, ¡y embroncado!, aunque agradecido de que el mozo no hubiera tomado un corbacho (látigo para azotar a los galeotes) para calmar mi inconformismo...

Conclusión. No deje de ir a La Angostura por esto que le he dicho. La mayoría no forma parte de una comparsa de marfuces, sino todo lo contrario.

El lugar tiene una oferta turística, como le dije excelente, pero con la gastronómica vaya en puntas de pie para no tropezarse como yo lo hice. A varios que me acompañaban no les fue mal, a mí y a otros sí.

Además, quien le dice, por ahí se cruza con los glamorosos futuros reyes de Holanda paseando distraídamente, como habitués que son de la zona. Ah, y no le comente estos desaguisados a un patagónico, porque se sorprenderá al ver que nada de esto les parece TAN malo. Quizás por esto las cosas no terminan nunca de ser 10/10 en la zona...¡y ellos no sufren de los nervios porque para eso están los clientes!

Miscelánea enológica-VinoSub30: Estas son las iniciativas a las que hay que darles todo el apoyo posible y por eso a la vez que agradezco a los organizadores, Daniel López Roca y Diego Eidelman por haberme invitado a este lanzamiento, y a Estanislao Villanueva, delegado de Turismo de Salta, en razón de que este año se realizará en Cafayate.

Así describen ellos de que se trata: "VinoSub30 es el único concurso de vinos en el que el jurado está compuesto por enólogos, sommeliers, periodistas especializados, consumidores y críticos de vinos de hasta 30 años de edad … es organizado por ArgentineWines.Com en Argentina y España. VinoSub30 está abierto, a todas las categorías de vinos de origen vinícola presentes en el mercado argentino, conforme a las definiciones del Código Internacional de Prácticas Enológicas de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV)…

Para participar en el Concurso VinoSub30, las bodegas interesadas deberán completar una Ficha de Inscripción disponible en www.vinosub30.com y enviar las muestras. Los vinos a concursar podrán ser inscriptos hasta el 31 de julio de 2009".

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