Metáfora de Chile

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25 de octubre de 2000  

Rosa Ramírez y Andrés Pérez Araya resultan casi dos seres emblemáticos en el teatro latinoamericano contemporáneo. La primera, porque protagoniza uno de los personajes más aplaudidos por espectadores de América y Europa. El segundo, porque, sin lugar a dudas, es uno de los referentes más destacados, en cuanto a dirección se refiere, que tiene el teatro de este continente.

"La negra Ester" es hoy uno de los mitos más fuertes de la escena latinoamericana de estos tiempos. Y si bien es cierto que parte de un personaje real, lo que fue sucediendo con ella al cabo de las décadas ni sus propios protagonistas pueden creerlo. Y no está mal, al contrario, ¿cómo una prostituta puede alcanzar tanta trascendencia? Pero en verdad, ella tiene tanta pureza, tanta verdad, que resulta imposible dejar de comprender su profesión y hasta su vida.

"Es una mujer supertransparente -dice Ramírez de su negra- que se entrega con gran cariño a lo que hace. Está metida en su mundo, que también puede ser percibido como duro, sórdido, pero que tiene sus propias leyes, y ahí entran a jugar los afecto, los sueños. La negra Ester vive todo con gran dignidad, con honestidad, y veo en ella a una mujer muy enamorada."

Rosa sabe que está trabajando en la puesta de un texto romántico. De última, Roberto Parra era eso, un romántico. Pero a la vez hay algo de esa prostituta que sirve para definir a la mujer de América latina. "Cuando Parra la describió -explica- estaba describiendo a la mujer chilena y también a la mujer del continente. Mujeres superaguerridas que no se cuestionan, que funcionan; son prácticas y tienen empuje. Las mujeres de América latina no se plantean nada, no teorizan, pero en la práctica siempre van al frente."

Roberto Parra nunca le contó cómo era, verdaderamente, la negra Ester. Pero cuando vio su recreación quedó encantado. "Sin duda -dice la actriz-, la negra está definida en el poema. Roberto Parra era tan generoso que nunca nos cuestionó nada. Es más, cuando vio la escenografía nos dijo que así era Luces del Puerto, el prostíbulo. Si mañana otro director pone "La negra Ester", ese personaje tendrá otras características, y no está mal. Se trata de un gran texto y, en ese sentido, los grandes textos son maravillosos porque permiten eso, que uno recree a los personajes desde distintas miradas y siempre resulten creíbles."

En el 1988 cuando una canción decía "huevón, que te has creído, hacerle eso a la negra Ester", estaba claro, para el público, que la negra era una metáfora sobre Chile. De todos modos, como dice Andrés Pérez Araya, sigue siendo "un espectáculo que pueden ver juntos un derechista y un comunista, y les habla de otro Chile".

"Si Roberto viviera (murió en 1996) seguiría reflejando un Chile muy sincero, el de su época -finaliza Pérez-. La dictadura planteó un teatro del subtexto o los folletines en la televisión, que te dicen, "te tengo que decir esto pero no te lo digo", o "voy a decírtelo después". Desde "La negra Ester" nosotros proponemos un teatro de este instante."

Don Roberto o "el tío Roberto", como solía llamárselo, daba esos consejos. Muchos dirán, "cosas de un fabulador" y otros, tal vez los más interesantes, "cosas de un hombre que supo vivir".

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