Mi primera gran escuela de tango

Esteban Riera
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30 de septiembre de 2016  

A Raúl Garello lo conocí por casualidad. En 2002 yo había ganado el Certamen Hugo del Carril, que como premio tenía una pasantía en la Orquesta Escuela de Tango. Pero por temas de presupuesto, y a pesar de mis reclamos, nunca me la otorgaron. Dos años después, de algún modo me compensaron al invitarme a cantar con la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires.

Yo venía de actuar con dos guitarras y, con 23 años, canté con semejante orquesta, que dirigía Garello, en el Teatro Alvear. Después del concierto me llamó al camarín y me dijo si quería cantar con su grupo, que comenzaba un ciclo en El Club del Vino. Encontrarme con él fue mi primera gran escuela. Garello fue un tipo que se preocupó por un pibe que recién empezaba. Hasta que él me enseñó cómo se cantaba, para mí el tango era una cuestión intuitiva. Siempre vi en sus manos la prolongación de Troilo; era evidente el paso por su orquesta. Garello amaba los silencios en la música, los matices. Para mí fue un gran referente, siempre lo será. Si no me lo hubiera cruzado, yo sería otro cantor.

Hoy me desperté con un nudo en la garganta. Pero me queda el consuelo de su bendición.

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