"Mi trabajo es como estar sentado en un volcán"

A boca de jarro: Dino Rawa-Jasinski
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25 de abril de 2004  

"No puedo dirigir así. ¡Estoy muerto de hambre! ¿Pueden conseguirme un sándwich? Así hablaba el gran pianista y director Vladimir Ashkenazy, cinco minutos antes de un concierto al frente de la Orquesta de la Unión Europea, en el Teatro Colón. Me corrió un frío por la espalda y fui a conseguirle un bocado. No es el único caso", ríe Dino Rawa-Jasinski, director de la Fundación Cultural Coliseum.

"Otro grande, el violinista Salvatore Accardo, no puede tocar si antes no come tres bananas. Los grandes intérpretes son seres apasionantes, responsables y perfeccionistas en su métier, y muy humanos y espontáneos; no temen mostrar sus virtudes y sus defectos. En mi trabajo, la organización de conciertos, uno vive como si estuviese sentado en un volcán."

--Un oficio inquietante.

--Todo está programado para evitar sorpresas, pero como las sorpresas existen, hay que ser muy desestructurado para generar soluciones rápidas.

--¿Cómo llegó a director de la fundación?

--Nací en Sicilia, pero estoy nacionalizado argentino y me recibí de bioquímico en la Universidad de Buenos Aires. Por once años trabajé en un laboratorio, pero estudié paralelamente el profesorado de piano en el Instituto Alberto Williams, y me perfeccioné con Anita Gelber, la madre de Bruno. Era feliz. En 1987, el doctor Bruno Petruccio, que era director general del teatro Coliseo, escuchó una versión mía de la Polonesa heroica, de Chopin, y me ofreció la dirección artística del teatro y, al año siguiente, la dirección general. No fue una elección fácil.

--¿Por qué?

--Tenía que dejar el guardapolvo y ponerme a resolver problemas tan complejos como hacer coincidir los gustos y los intereses de un público heterogéneo, que quiere propuestas interesantes y precios accesibles, con los de los grandes conjuntos y solistas del mundo, que generalmente viven en Europa y no se mueven fácilmente. Además, trasladar una orquesta significa 120 hoteles, 120 visas, transportes, seguros, etcétera. Uno pasa de contratar una gira con el gran Ashkenazy a discutir detalles con el operario que cambia azulejos. Todo son negociaciones, idas y venidas, y estrés.

--¿Cuál fue el origen de la fundación?

--El gobierno italiano la creó en 1971; de hecho, el teatro Coliseo pertenece a Italia. Desde la devaluación de diciembre de 2001, el Estado italiano financia las contrataciones. Lo nuestro es difundir la música y, además de grandes conciertos, proyectamos actividades más didácticas.

--¿Por ejemplo?

--Organizamos conciertos para jóvenes que sienten temor de acercarse a la música clásica con intérpretes de etiqueta y público inmóvil. Para ellos, intérpretes de sport que dialogan con el público. Entonces, hay gritos, aplausos, un feeling refrescante.

--¿Lo más interesante de la programación para 2004?

--¡Todo! (risas) Son nueve espectáculos; entre otros, dos recitales del gran violinista Boris Belkin y del Ensemble Zefiro: un recital de vientos, curioso, porque interpretarán obras que uno imagina siempre en la voz de grandes cantantes. En agosto, oiremos a Salvatore Accardo, y el programa culmina el 6 de octubre con Julio Bocca y su Ballet Argentino, con participación de Lito Vitale.

--¿El mejor lugar para escuchar música en un teatro como el Colón?

--La música se escucha mejor en los sectores más altos, los más baratos, porque va hacia arriba, hacia el Edén, y uno la percibe mejor cuando está llegando al cielo (ríe, misterioso).

En vivo

"Silencio. Se levanta una batuta y todo cambia: la orquesta se moviliza con toda su complejidad --describe Rawa-Jasinski--. Cada intérprete es un ser humano como cualquier espectador, pero ahí integra un grupo que logra un orden de los sonidos que emociona, entusiasma, y hasta fastidia a algún crítico. No dudo que una versión en disco compacto sea superior técnicamente, pero la música en vivo tiene un agregado imposible de describir con palabras. Hay que vivirlo."

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