Morrissey, el último hombre triste

Daniel Amiano
(0)
24 de marzo de 2000  

En pocos días, la figura de Morrissey subirá por primera vez a un escenario argentino, el Luna Park. Un hecho digno de ser celebrado, sobre todo por el significado que su nombre tiene en el rock/pop de los años ochenta con el nombre de The Smiths. Pero ¿por qué es tan importante? Sobre todo, por su sonido, cuyas características primordiales fueron la desgarradora interpretación vocal de nuestro visitante y la crudeza de las seis cuerdas de Johnny Marr, que además funcionaron como dupla compositiva hasta que el guitarrista decidió explorar el camino solista, por lo que fue necesario disolver la banda.

Los 80 fueron los años del dark de The Cure, y, los Smiths, con una sonoridad más limpia, fueron quienes interpretaron más poéticamente esos días de desesperanza, en la que todos sabían del final de una fiesta que no pudieron disfrutar, y en los que el no future de los punks se hacía realidad. Ni siquiera el éxito podía cambiar una mirada que hacía foco en la decadencia. En ese tiempo (y alguna vez se escribió aquí sobre ello) se escribieron las últimas canciones tristes.

Pero esa falta de esperanza, desesperación o como quiera que se llame (sobre todo apoyada en la soledad) que tan bien quedó retratada en "The Queen Is Dead" (1985) -hoy uno de los álbumes más importantes no sólo de su década, sino de la historia del rock-, se transformó no sólo en fuente de inspiración (sobre todo desde el concepto de canción que devolvió el grupo al territorio del rock), sino en una estética que Morrissey enriqueció desde su posterior carrera en solitario.

* * *

Morrissey es algo así como la contracara de una estrella pop. No da muchas entrevistas (de hecho, en su carrera son contadas) y, cuando acepta, puede que dé un portazo sin dar siquiera una respuesta.

Es que, según él mismo ha confesado, fue un niño solitario, un adolescente solitario y -¡adivinen!- hoy es un adulto solitario, dedicado sobre todo a la lectura, con Oscar Wilde como inspiración e influencia inicial. Por supuesto, si las influencias son tales, no podemos esperar una literatura festiva, pero ¿quién dijo que el rock tiene que divertirnos?

Lo cierto es que, en pocos días, Morrissey estará en Buenos Aires con la promesa de recordar viejos "éxitos" de los Smiths (¿tendrá ganas de hacerlo?), que aquí fueron tales cuando la banda ya estaba disuelta y el cantante ya intentaba hacer las cosas por su cuenta, con altibajos, irregularidades y algunas excentricidades que no hacen más que alimentar su fama de genio maldito. Un genio maldito cuya voz es una de las que mejor representa los deprimentes años ochenta. Así que, el jueves próximo, ¡todos a deprimirse al Luna! Y a disfrutar al último hombre triste.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.