Adrián Iaies, entre el tango y el jazz

El pianista se presentará, con su trío, hoy y mañana; después volverá a viajar por el mundo
El pianista se presentará, con su trío, hoy y mañana; después volverá a viajar por el mundo
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25 de enero de 2002  

¿Tango jazz? ¿Jazz tango? El dilema lo dilucida Adrián Iaies. No sólo con palabras. También con obras. Obras como sinónimo de pentagramas.

Y no es porque esté de vuelta a la vida tras un vuelco espectacular en la ruta 12, el domingo último, una hora antes de llegar a Buenos Aires. El pianista y compositor Adrián Iaies, conocido por sus incursiones jazzísticas con el tango, volvía aquí en su auto, con su mujer y dos hijos, y por una mala maniobra del auto que los precedía chocó y volcó. El cinturón de seguridad lo salvó a él y a su hijo, que viajaban adelante. La niña, de 5 años, que venía atrás fue lanzada por la ventanilla. Cayó sentada en el pasto, junto a la ruta. Cuando lo vio llegar al padre con un rasguño en el dedo, lo primero que preguntó fue: "Papi, ¿tenés bien las manos?"

Las propias manos no parecían ser tanto la obsesión de Adrián. Sí la idea de estar para una nueva grabación. "Tengo que grabar el martes 22, me repetía durante todo el camino..."

- Pero te habías dado el gusto de grabar en España.

-Sí. Fui especialmente a grabarlo en Barcelona. La primera intención era grabar un disco mitad piano solo y mitad en dúo con bandoneón. Pero estando en Barcelona Pablo Mainetti me conectó con el contrabajista Horacio Fumero y surgió la posibilidad de tocar piano acompañado por cajón, al modo flamenco. Entonces Fumero me recomendó al percusionista catalán David Xirgu (sobrino nieto de la gran Margarita), que no tenía tiempo para ensayar. Yo no lo conocía. Sólo hablé por teléfono. Me lo presentaron en el estudio y enseguida se estableció una sintonía con él. Por eso pudimos arrancar haciendo "Caminito", con cajón. La grabación sólo necesitó dos tomas; concluyó en 40 minutos. David toca en la Orquesta de Cámara de Barcelona; asimila muy rápido la música y es muy perceptivo. Por eso agarró pronto las cadencias de la habanera que propuse para "Caminito".

- También hacías buenas migas con Fumero, ¿no?

-La integración con Horacio es muy fuerte. Nunca tuve un bajista como él. Me ha costado encontrarlo. Nos bastó ensayar la noche anterior. Fumero es muy reconocido allá. Fijate que fue músico de Teté Montoliú durante 17 años y que tocó con muchos otros músicos importantes del jazz. Además, conoce muy bien los tangos y lo que yo quiero hacer. Incluso se sabe las letras. Toca y canta. Con él estuvimos en el festival de jazz de Lapataia. En cuanto a Mainetti, vos sabés de su extraordinaria capacidad musical.

- Con ellos tocás en el Club del Vino.

-Estaremos hoy y mañana con el trío: Fumero en contrabajo, Fernando Martínez en batería y yo en piano.

- ¿Cómo será tu próximo viaje?

-En noviembre estuve en España. Regresé ahora, y en febrero vuelvo allá para emprender una gira por Sevilla, Jerez, Cádiz, Alicante, Salamanca y Madrid, con el trío, para ablandar la música antes de grabar un nuevo disco para el sello Lola Records (el del director de cine Fernando Trueba). Después completaremos la gira en Gerona, Rus y Barcelona. Después volveré, a fines de marzo, a Nueva York, donde ofreceré tres conciertos de piano en una de las salas especiales del Lincoln Center, donde se ofrecen dúos y música de cámara, compartiendo escenario con Bebo Valdés (padre de Chucho), que tiene 85 años. Ya tuve la suerte de tocar con él en Madrid. Para mí es una gran ilusión. El concierto se promociona como "Noche de blues, habaneras y tango".

- ¿Cómo será el nuevo disco?

-Tuve suerte en España, porque los críticos de los Cuadernos de Jazz eligieron a "Tango Reflections" como uno de los mejores discos nuevos. Esto ayuda mucho allá. Ya tuve el privilegio de que el anterior, "Las tardecitas de Minton´s", nominado al Grammy 2000, fuera editado por Fremeaux en Francia, con buenos comentarios de jazzmen. El título se lo puso Carlos Sampayo, productor artístico. Es la primera vez que trabajo con productores. En los anteriores yo fui el productor. Ahora disfruto al dedicarme sólo a tocar. Incluso ni estuve cuando se hicieron las mezclas en España. El productor tiene una oreja más objetiva. Y vos te relajás y rendís más.

- Este no es el último disco...

-Claro, el martes grabamos otro. Allí incluimos una versión de "Decarísimo", de Piazzolla; "A don Agustín Bardi", de Salgán, además de "Arrabal amargo", de Gardel, y "Naranjo en flor", con Liliana Herrero, más un par de temas míos, como una nueva versión -mejorada- de "Juárez, el casamentero", dedicado a mi maestro, Manolo Juárez.

Nada tradicional

Cuando se trata de dar con la piedra de toque de su arte interpretativo Adrián Iaies es muy claro.

"Soy músico de jazz que toca a partir del tango. No soy músico de tango. No toqué nunca en una orquesta típica, ni a la parrilla, ni acompañé a cantantes de tango. Yo con el tango hago jazz. No toco desde el punto de vista tradicional. Tampoco con quienes hacen standars del jazz. Creo que el jazz te permite decir lo que vos sabés. Salvando las distancias, Bill Evans toca su folklore urbano, pero impone su identidad, su estilo. Si uno escucha el tema de Gershwin "But no for me" por Evans, Jarrett, Peterson o Garner el resultado es moldeado a gusto del intérprete. Los tangos que elijo tienen una generosidad tal que permiten ser abordados de otras maneras. Me gustan ciertos autores: Cobián, Troilo, Gardel. Pero no hago tangos jazzeados ni música de fusión. No quiero quedar en la caricatura. Hacer, por ejemplo, "Nostalgias" swingueando como si fuese be-bop es superficial. Uno debe construir su propio discurso. En esto trato de emular a los músicos americanos que me gustan porque permiten que una canción como "Algún día mi príncipe vendrá" se transforme en un standard. No quiero hacer tango jazzeado con sostén de batería.

Adrián Iaies improvisa, pero no es un improvisado. Desde los 15 años estudió armonía con Manolo Juárez y siente una devoción especial por su maestro, porque le ensanchó la perspectiva en la armonía y contrapunto, que Juárez había aprendido con Jacobo Ficher.

"Manolo me enseñó desde los dos puntos de vista del análisis compositivo: el clásico y el popular. Entre otras cosas, a sacar notas sin desfigurarlas. El me dijo: "Desconfiá de los ortodoxos, porque las cosas nunca son lineales". En definitiva, le saqué el jugo al estudio..."

Iaies, que tocó el piano "antes de tener uso de razón", tiene sus modelos pianísticos: en lo clásico, a Martha Argerich, "por afano"; luego Gieseking, Arrau, Gould, Richter, Rubinstein, Pollini; en el jazz, Evans, John Lewis, Hank Jones, Duke Ellington. Lo cierto es que hoy y mañana ofrecerá sus inusuales versiones de Piazzolla, Salgán, Troilo, Gardel y De Caro, más temas propios.

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