Allegro

Pablo Kohan
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28 de mayo de 2009  

Henriette Sontag y la conquista inevitable

Los recientes registros discográficos de Cecilia Bartoli y de Juan Diego Flórez hicieron revivir a Maria Malibran y a Giovanni Battista Rubini, dos grandes de comienzos del siglo XIX. Sin embargo, brillante como ellos fue también Henriette Sontag, una soprano alemana nacida como Gertrude Walpurgis Sontag en Coblenz, en 1806. A los quince hizo sus primeras presentaciones públicas. En 1823, Carl Maria von Weber la escuchó en La donna del lago , de Rossini, y quedó admirado. Sin dudarlo, le propuso que fuera ella quien asumiera el papel protagónico de su nueva ópera, Euryanthe . En octubre de ese año, Sontag fue Euryanthe y el triunfo fue contundente. Al año siguiente, con sólo dieciocho, Henriette fue la soprano solista que cantó en el estreno de la Novena sinfonía de Beethoven, en el Kärntnertortheater de Viena. Asumiendo riesgos, Sontag se estableció en París para cantar ópera italiana. Y rápidamente el público se dividió entre los devotos de las cantantes italianas y aquellos que, más allá de su acento, amaban a esta jovencísima soprano alemana que todo lo que cantaba lo hacía bien. En una de las tantas y pasionales discusiones que se entablaron, un aficionado que apoyaba a la Sontag discutió largamente con un italiano que no la había escuchado nunca e insistía en que no había otra como la gran Angelica Catalani. El defensor de la Sontag convenció a su rival para que fueran juntos al Théâtre Italien para escucharla haciendo el papel de Rosina en El barbero de Sevilla . Apenas Henriette comenzó con "Una voce poco fa", el italiano se paró para retirarse. "No, no es correcto. Tiene que darle una oportunidad. Quédese y verá cómo lo conquista". Resignado, el italiano contestó: "Sí, ya lo sé. Por eso mismo me voy".

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