Allegro

Brahms, una cena con los Strauss y el consejo médico
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26 de febrero de 2004  

  • Para los que consideran que hay campos culturales "mejores" que otros, no hay explicación posible para la sincera admiración que Brahms sentía por Johann Strauss, hijo, el celebrado "Rey del vals". Después de todo, si los espacios culturales son concebidos como esferas cerradísimas e infranqueables, es difícil comprender el entusiasmo y los halagos ofrecidos por parte de uno de los compositores más nobles y paradigmáticos de la historia de la música académica para con otro que sólo cultivaba la llamada música de salón, un género supuestamente inferior. Sería algo así como que Joyce disfrutara intensamente de cierta literatura pasatista o que Picasso se enloqueciera por las creaciones de los caricaturistas. Pero además, para poner los términos en posiciones más manifiestas aún, Brahms no era un buen bailarín y, simplemente, gozaba de la audición de la música de su colega. Y, por supuesto, cultivaban entre ellos una relación de mutua amistad y respeto.
  • Un día le llegó al compositor alemán una invitación del matrimonio Strauss para cenar en su residencia. Pero en esa oportunidad, Brahms, cuyos desórdenes alimentarios eran proverbiales, estaba sufriendo una severa indisposición. Consultó a un médico que le recetó una dieta sumamente estricta. "Imposible", dijo Brahms, "hoy tengo una cena en la residencia de los Strauss y, como siempre, deben de haber preparado un banquete espectacular". El facultativo le respondió enérgicamente: "Bajo ningún punto de vista. Usted debe guardar reposo y hoy, obligatoriamente, tiene que comer liviano". Brahms, fastididado, le respondió: "Doctor, por favor, discúlpeme pero he cometido un error. Considere que esta consulta está ocurriendo mañana".

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