Allegro

El odio de Berlioz a Rossini se traducía en planes de torturas y asesinatos
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22 de abril de 2004  

  • En nuestros tiempos, los comentarios críticos están iluminados de cierta urbanidad y de mayores o menores cuotas de tolerancia y buena educación. Pero, en el pasado, las pasiones y las antinomias podían aparecer sin anestesias. En este sentido, pocos han sido tan transparentes como Berlioz. Como cuando hablaba de la música italiana y de Rossini, alguien que congregaba en sí mismo todas sus tirrias. Si Rossini era sutil e irónico para manifestar sus desagrados musicales, Berlioz exteriorizaba sus disgustos con afirmaciones explosivas y violentas. En sus "Memorias" rememora: "No concibiendo nada más hermoso y verdadero que las obras de Gluck y Spontini, me indignaban el cinismo melódico de Rossini, el desprecio de la expresión y de las conveniencias dramáticas, la reproducción continua de una única fórmula cadencial, el eterno y pueril crescendo y ese bombo brutal... Más de una vez me pregunté cómo podría hacer para minar el Théâtre Italien y hacerlo explotar una noche de función, con todo su público adentro. Cuando veía a uno de esos diletantes en estado de exaltación, gruñía: "¡Canalla, cómo quisiera poder empalarte en un hierro candente! ¡A ti y a tu compositor!" Con todo, ya maduro, al recordar aquellos fervores de juventud, reconsideró algo de su antigua postura: "Aquella exasperación me impedía reconocer que en su obra maestra ("El Barbero de Sevilla")... había cualidades centellantes de su genio... y una finísima instrumentación". Sin embargo, concluye resucitando aquel antiguo odio: "Si bien es cierto que ya no tengo deseos de empalar a nadie ni de hacer saltar al Théâtre Italien, aplaudo con todo mi corazón y mi alma a nuestro gran pintor Ingres cuando le oigo decir, al hablar de ciertas obras de Rossini, que es la música de un hombre grosero".
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