Alternar la batuta con la pluma

El libro, que según el músico no es autobiográfico, es editado en castellano por Editorial Ateneo
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3 de mayo de 2003  

BERLIN.- Ultima función del "Festtage 2003", el tradicional festival de Pascuas de la Staatsoper. En cartel, "Tristán e Isolda", de Wagner, con una producción escénica sublime del legendario Harry Kupfer. Es la última función de Barenboim en la temporada berlinesa 2003, la despedida de un festival, un tour de force de representaciones y conciertos al mejor estilo "barenboimniano".

Un día intenso y extenuante, como cada día en la vida del director argentino. Al día siguiente, deberá presentar la programación oficial de 2004 en una conferencia de prensa y, posteriormente, tomar un avión que lo llevará a los Estados Unidos para continuar su tarea con la Sinfónica de Chicago.

Durante el segundo intervalo del "Tristán e Isolda", Barenboim recibió a LA NACION para hablar sobre "Mi vida en la música", su libro traducido al castellano y publicado recientemente por la editorial El Ateneo, de Buenos Aires.

-¿Este libro es un intento de comunicar su obsesión por la música y de compartir la curiosidad por dicha obsesión?

-Antes que nada: yo no considero este libro una "autobiografía". En realidad no lo es y es una lástima que lo hayan puesto así, ya que el libro habla en general sobre la música, sobre cómo se puede sentir y entender la música, y el mundo a través de ella. Lo que sí hice, en cambio, fue encontrar un hilo conductor, que es mi biografía, para mostrar las estaciones, los momentos y los lugares donde claramente aprendí cosas.

-En el prólogo se refiere a la pasión que tenía de niño por leer biografías, ¿recuerda algún personaje o historia de vida que lo hayan inspirado especialmente?

-No, ninguna en particular, al menos en ese sentido. En realidad, lo que me gustaba era leer biografías (algo que me sigue gustando muchísimo), filosofía y cuentos cortos. Las grandes obras épicas, hablando de los clásicos, siempre me gustaron menos. No sé por qué... ¿Respecto de las biografías?, quizá porque en ellas, en algún momento, uno puede encontrarse un poco consigo mismo. Creo que es eso lo que quizá me gusta.

No obstante haber transcurrido apenas una década desde la primera edición publicada en Inglaterra, la dinámica biografía musical de Barenboim -un volumen instructivo, ameno, claro y rico en ideas y en ejemplos para todo tipo de lector, no sólo el melómano- había evolucionado tan sustancialmente y su personalidad había cobrado relieve incluso fuera del terreno de la música, que una nueva versión se imponía por sí misma. Así fueron agregados seis capítulos clave respecto del original de 1991 (ya traducido anteriormente al alemán, italiano, francés, castellano, japonés y chino), que tratan nada menos que de Berlín, Chicago, Weimar (con el proyecto West-Eastern-Divan), Israel, el trabajo con los regisseurs y Bayreuth. Estos agregados fueron escritos por el propio Barenboim siempre en primera persona. Los anteriores capítulos no fueron revisados y, en el caso de esta última versión argentina, aparecen fotografías recientes en relación con España y el Premio Príncipe de Asturias.

-Desde el punto de vista del lector, ¿creó la figura de uno imaginario para el que debía adoptar un determinado lenguaje?

-No, y le digo por qué no lo hice así: yo estoy convencido, y desde hace ya mucho tiempo, que uno de los problemas con la vida musical hoy, es que está completamente divorciada de toda la vida espiritual o intelectual ajena a la música. La vida musical está como en una torre de marfil y por eso hay tantos problemas de concepción y de público. La diferencia que hay entre los comienzos del siglo XX y este comienzo del siglo XXI, es que ahora hemos perdido a todos o gran parte de los intelectuales. La gran mayoría de la gente que trabaja realmente con su cabeza, los que son pensadores, esas personas no tienen contacto con la música. Esto sucede porque la música ya no se enseña, porque no existe una verdadera educación musical. Y yo, que siempre he pensado en todos los paralelos que hay entre la música y otras disciplinas, entre el pensamiento, la naturaleza, la filosofía... sencillamente escribo como pienso. Eso es, para mí, como una segunda naturaleza.

-¿Cómo encaró este proyecto, metodológicamente hablando?

-Escribí la primera versión de este modo: todo lo biográfico lo grabé, luego se hizo transcribir y más tarde lo corregí. Todo lo demás, es decir, los temas acerca de la filosofía y las reflexiones sobre la música, los escribí directamente yo mismo. Comencé a trabajar en este proyecto hace 35 años, y la historia es así: Lord Weidenfeld, el dueño de la casa editorial Weidenfeld & Nicolson de Londres (la que publicó la versión original de 1991), me vino a ver en el año 75 para ofrecerme publicar una autobiografía. Yo le agradecí su oferta y le respondí que no porque era demasiado joven para eso y porque no veía el interés. Pero, como ya estaba escribiendo sobre la música y los aspectos filosóficos de la música, le dije que si algún día me sentía lo suficientemente avanzado con esa idea como para convertirla en un libro, yo lo llamaría. Y lo llamé exactamente 15 años más tarde... ¡El casi se cayó de la silla!

-¿En qué idioma se siente más cómodo para expresar sus ideas con fluidez?

-En inglés, sin dudas. Hablo muchos idiomas, pero aprendí poco. Con el castellano, por ejemplo: me fui de Buenos Aires a los 9 años, de manera que lo que hablo es lo que aprendí hasta esa edad y el resto lo conozco por haber leído en ese idioma. Con el hebreo sí se dio que lo aprendí en el colegio, pero ya hace prácticamente más de 40 años que no lo hablo. El inglés, en cambio, lo aprendí en la escuela en Israel y es un idioma que hablo todo el tiempo. El alemán, el francés y el italiano nunca los aprendí, los hablo simplemente porque hablo, porque trabajo y porque he vivido en esos países. Para leer libros de filosofía, por ejemplo, únicamente leo en inglés.

Director comprometido

-Además de los planes con la Opera y la Orquesta en Berlín, la Sinfónica de Chicago, sus giras y festivales, ¿tiene algún nuevo proyecto?

-Ahora estoy muy concentrado en todo lo que tiene que ver con el taller de los árabes y con el trabajo con Edward Said. Lo que estoy tratando de hacer es desarrollar un programa de educación musical para Palestina. Ellos me pidieron que pensara en algo así y estoy buscando la manera de ver cómo organizarlo porque es algo que me preocupa y me interesa mucho, ya que allí hay muy poca música. Sin embargo, existen una pasión y un talento enormes, extraordinarios... Un nivel de enseñanza muy bajo, con un nivel de talento muy alto. Eso me toma mucha energía y tiempo, pero me resulta un proyecto apasionante. Espero que finalmente pueda concretarse para septiembre.

-¿Volverá a tocar en la Argentina?

-¡Por supuesto! Vuelvo en 2004, para dar recitales, nuevamente con el Mozarteum.

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