Barenboim y el arrabal

El director y la Orquesta West-Eastern Divan dieron un concierto gratuito en el puente Alsina
Mauro Apicella
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11 de agosto de 2014  

Si algo le faltaba al monumental Festival Daniel Barenboim, que desde el sábado de la semana pasada acaparó el escenario del teatro Colón, eso era una actuación gratuita y al aire libre. Ayer por la mañana el pianista y director y la orquesta West-Eastern Divan, que alista a músicos palestinos e israelíes, dieron un concierto en un gran escenario montado a los pies del puente Alsina, con un programa dedicado a varios de los títulos más conocidos de la obra de Maurice Ravel.

El festival comenzó el último domingo, con recitales de la orquesta dirigida por Barenboim y la participación de Martha Argerich. Luego tuvo un recital de los dos pianistas juntos y varias funciones de repertorio lírico wagneriano. Y anteayer fue el turno de su experiencia con Les Luthiers, cuando abordaron obras de Stravinski y Camille Saint-Saëns.

Según las Sagradas Escrituras, el séptimo día es el del descanso. Pero esta regla no cuenta para el hiperactivo Barenboim y las chicas y los muchachos de la orquesta.

En realidad, para establecer el momento de inicio de ese concierto –que seguramente estará entre los hechos artísticos masivos más destacados de 2014– habrá que decir que el último viernes, antes del mediodía, ya estaban agotadas las 8000 entradas gratuitas con acceso a sillas que habían sido repartidas. Volaron en apenas tres horas. Y ayer, casi media hora antes del comienzo del concierto, las ubicaciones ya estaban ocupadas en un buen porcentaje. Quizá la mañana fresca y nublada desalentó a muchos que no tenían entradas pero igual querían acercarse al barrio de Nueva Pompeya para este concierto. Los organizadores habían previsto que la pendiente de asfalto del puente pudiera convertirse en una platea para presenciar el espectáculo de pie, pero finalmente no fue necesario utilizarla.

Sin GPS y con buen sonido

Quince minutos antes del comienzo, por el bulevar de Amancio Alcorta que da a la avenida Sáenz se acercaron dos motos policiales, dos móviles que parecían de custodia y un auto con vidrios polarizados en medio de la caravana. Luego de un par de minutos el mismísimo Barenboim bajó del auto para preguntarle a un policía por dónde podrían ingresar.

Después de encontrar su acceso, a las 11 el director apareció en escena, saludó a los músicos de la orquesta y luego bajó por el frente del escenario. Caminó entre el público y se dirigió hacia la torre de sonido para escuchar cómo sonaba desde ahí, a través de los parlantes. Otra vez, el hombre orquesta estaba metido en todos los detalles. Pidió que un director suplente guiara a la orquesta por diferentes pasajes para chequear los niveles y la acústica del lugar. Recién después regresó al escenario para comenzar un concierto que se prolongó por una hora.

A pesar de que las funciones de Barenboim y la WEDO son muchas y muy variadas, no parecen suficientes para cubrir la gran demanda de público que quiso verlos y escucharlos. Por eso la posibilidad de un concierto gratuito y al aire libre cubrió, de algún modo, esa avidez de los que no pudieron asistir a los concierto pagos.

Si bien éste fue mucho más breve que cualquier otro que ofrecieron en el Colón, estuvo bien concentrado en un programa que la orquesta está trabajando bastante en el último tiempo. Se escucharon, de Ravel, la Rapsodia española, Alborada del gracioso, Pavana para una infanta difunta y su famosísimo Bolero. Y a modo de bis, pusieron un toque argentino con "El firulete", de Mariano Mores.

Antes de ese bis porteño Barenboim tomó el micrófono: "No me gusta hablar en los conciertos. Tampoco me gusta tocar en las charlas. Pero quiero que sepan dos cosas", anunció el director. "Me fui de la Argentina a los 9 años, pero si hay algo que me dio y me quedó para siempre es que no hay problema de tener identidades múltiples. Ésa fue la primera cosa que aprendí. Se puede ser polaco, alemán, judío, sirio, libanés o turco y no por eso menos argentino", explicó. "La segunda cosa es que me halaga que me admiren y me reconozcan. Sería falso no admitirlo. Pero más que el hecho de que me reconozcan y que se quieran sacar fotos conmigo, lo que más me emociona es el cariño que me dan. Y eso lo puedo decir también en nombre de Martha Argerich, porque con ella ayer hablamos justamente de esto."

Otros conciertos

De sus actuaciones gratuitas y al aire libre también son muy recordadas las que dio en el Obelisco, con la Filarmónica de Buenos Aires, en 2006, y la que en agosto de 2010 ofreció con la West-Eastern Divan, y un programa que incluyó, de Beethoven, la Obertura Leonore III y la Sinfonía N° 5. También esa vez se dispusieron unas 8000 sillas para el público, aunque el total de asistentes había sido calculado en 50.000 personas.

En los próximos tres días, al incansable director le quedan todavía tres conciertos con la WEDO. Hoy y el miércoles tiene dos en el Colón en el marco del primer y el segundo ciclos del Mozarteum Argentino. Y el martes, en la misma sala, dará la última función lírica (en versión de concierto) con fragmentos de Tristán e Isolda, de Wagner, actuación para la que también se convocó a los cantantes Peter Seiffert y Waltraud Meier, entre otros. Recién después la orquesta y el director retomarán sus compromisos en Europa.

Maratón de música

  • El Festival Barenboim, en números

8000

personas

asistieron ayer al concierto que Barenboim y la WEDO dieron en puente Alsina.

60

minutos

duró la actuación de ayer, con obras de Ravel.

10

funciones

en 11 días, son las que tiene programadas hasta el próximo miércoles. Incluyen conciertos con Argerich, Les Luthiers y uno gratuito, al aire libre.

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