Beethoven por Panizza

El pianista rosarino registró y publicó las treinta y dos sonatas
Pablo Kohan
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29 de julio de 2012  

Su documento dice que nació en Toronto. Pero la pertenencia y la identidad, que, ocasionalmente, tienen mucho más valor que los datos asentados en un registro, consignan claramente que Alexander Panizza es argentino, una nacionalidad demasiado extensa porque, en realidad, Panizza es, antes que nada, rosarino. Y además, pianista, uno de los mejores de nuestro país.

Entre abril y noviembre de 2010, en un raid de varias etapas que sólo despertó elogios y admiraciones, Panizza, en el Teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España, de su ciudad, tocó las treinta y dos sonatas de Beethoven, un emprendimiento arduo, dificultoso y arriesgado, sólo apto para elegidos. Pero aquella hazaña tiene, hoy, una prolongación impensada. La Municipalidad de Rosario, Ediciones Musicales Rosarinas y el mencionado Centro Cultural se conjuraron (positivamente) para que aquellas interpretaciones estén todas, absolutamente todas, en un álbum gigantesco de doce CD que perpetúan aquellos sonidos que la historia evaporó.

Esta integral del corpus de sonatas para piano más trascendente de la historia es un logro que pocos pianistas han logrado exhibir. Pero, en realidad, el valor no está en el hecho puntual de haberlo concretado, como si de un desafío de valentía el asunto hubiese sido, sino, y fundamentalmente, en haberlo plasmado en un nivel de altísima calidad artística. No es éste el caso de la valuación positiva de un deportista que perdió con honra ante un rival de envergadura. El adversario existió con sus infinitas dificultades y misterios y ante él, Alexander Panizza exhibió sus destrezas y talentos como para dejar su huella y su impronta.

El álbum está acompañado por un libro de muy prolija presentación en el cual, entre otros artículos más, el propio pianista explica y detalla sus visiones sobre los contenidos de cada sonata y, por consiguiente, una aproximación a la lectura que sobre cada una de ellas aplica. Si bien entre la declaración de objetivos y principios y la realización en sí misma puede haber alguna circunstancial distancia, se revela una gran coherencia entre los propósitos y las materializaciones. Puede ser que algún análisis o alguna contextualización no coincida o no se corresponda con las de otros investigadores u otros músicos. Pero de eso se trata, en definitiva, el arte de la interpretación musical, ese oficio que implica el ejercicio de la libertad de criterios en el momento de razonar, estudiar y considerar una obra, en este caso, ni más ni menos que un cuerpo inconmensurable de treinta y dos unidades.

En términos más cotidianos, la presentación de la colección es estupenda, con seis álbumes dobles de impecable factura, y con un sonido más que razonable. Para algunos podría ser un excelente regalo empresarial. Para los coleccionistas, una nueva compilación a incorporar a la discoteca. Para todos, este ciclo integral de las sonatas para piano de Beethoven, grabadas en vivo por Panizza, es una oportunidad inigualable para hacerse con una obra capital de la literatura musical de todos los tiempos, además, en una interpretación dignísima y hecha en la Argentina.

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