Bryan Ferry: un dandy del pop en formato acústico

Voz, guitarra y armónica en su nuevo CD
Voz, guitarra y armónica en su nuevo CD
Adriana Franco
(0)
23 de junio de 2002  

Distante, inteligente, elegante. Considerado por muchos el más cool de los ingleses, Bryan Ferry vuelve a remarcarlo con su nuevo álbum, "Frantic", tras aquel sofisticadísimo "As time goes by", de 1999, en el que se dio el gusto de cantar standards de los años treinta. Aquí, en cambio, dejó orquestaciones de lado, para volver a traer las guitarras al frente. Y la armónica. Y, claro, su voz. Será, tal vez, influencia de la reunión de Roxy Music del año pasado, cuando tras la edición de un disco de grandes éxitos salió de gira con la banda de sus orígenes.

No estuvieron todos. Brian Eno no quiso saber nada de subirse a ese tren. Pero, en cambio, sí aceptó volver a componer, para este disco, un tema con su viejo compañero. Además de aportar teclados y coros en otros dos tracks. Gran noticia, sin duda, la reunión de las dos potentes figuras de aquella banda que le puso inteligencia al glam y que a principios de los setenta le contagió al rock su gusto por el arte, el glamour, el pop y el mundo del cine.

Indiferente a las modas

Lo bueno de Ferry es que mantiene su estilo. De dandy. De tipo indiferente a las modas. Tiene la misma edad que Rod Stewart, pero no cayó como él en la balada fácil para gustos amplios y apta para FM. Tampoco se fascina con el constante cambio, como el camaleónico David Bowie, dos años menor, que acaba de sorprender nuevamente con las bellas canciones de "Heathen", comentado en estas páginas una semana atrás.

Ferry, en cambio, se toma el tiempo necesario para volver a cantar buenas canciones. Y elegirlas, o componerlas, a su medida. Sabe cómo manejar los silencios. Sin apuro, mirando el mundo casi como un aristócrata, aunque sus orígenes (su padre trabajaba en una mina de carbón) estén bien lejos de ello.

Y ama cantar temas ajenos. Lo hizo, en forma completa, en varios discos. Así son sus dos primeros trabajos solistas: "These foolish things", de 1973; "Another time, another place", un año después. Recién en 1977 sacó un álbum, "In your mind", en el que era responsable de todas las composiciones, al que siguió un año después "The bride stripped bare". Y así siguió alternando los álbumes de covers y los de temas propios.

En éste combina casi equitativamente ambos amores. Sus canciones (varias de ellas compuestas en colaboración) se mezclan con las de Dylan, Leadbelly y hasta Ricardo Corazón de León. Logra así fusionar las maneras distintas, las variadas aproximaciones a la música que son, a lo largo de su carrera, una marca en el orillo.

El disco abre con el primero de dos temas de Bob Dylan que ha escogido para cantar como propios y volverle a mostrar sus respetos, "It´s all over now, baby blue" y "Don´t think twice, it´s alright". Ambos de los primeros álbumes del cantante norteamericano a los que Ferry suma, a su voz, la armónica. No es con la misma suerte. Si en el primero logra darle el tono adecuado, en el segundo parece, acompañado sólo por el piano de Colin Good, perder el foco, tan suave que parece descafeinada.

Se va más atrás en el tiempo con "Goodbye Irene", del pionero del blues Leadbelly, al que el cantante atribuye en parte su vocación musical por el impacto que le produjo escucharlo en la radio, cuando tenía 10 años. Aquí, con acordeón y violín, logra un sonido cercano al de los orígenes, casi de música cajun. También suma "One way love", el tema de los Drifters, el grupo vocal de r&b norteamericano, y "Goin´ down", un blues de aquéllos que canta y acompaña, otra vez, con armónica.

Le bastan 37 segundos para evocar los casi míticos tiempos de las Cruzadas, con "Ja nun hons pris", una balada atribuida a Ricardo Corazón de León en la que cede el lugar de cantante a la soprano Mary Nelson. El breve y mágico momento da pie a "A fool for love", uno de los dos temas que Ferry compuso sólo para este disco. Y si hablábamos de guitarras, aquí están, brillando especialmente la de Chris Spedding, un sesionista que ha tocado con casi todos y, con el mismo Ferry, en dos álbumes de los 70.

El otro tema que compuso en soledad es "Hiroshima". Inspirado en la película de Resnais, logra con él uno de los mejores climas del álbum, con la participación de Brian Eno en teclados y la guitarra de Johnny Greenwood, de Radiohead.

No es la única referencia cinematográfica de este disco. "Goddess of love" está dedicada a Marilyn Monroe (no, no tiene nada que ver con Jerry Hall, la mujer que le rompió el corazón cuando se fue con Jagger, quien, casualmente, llamó "Goddess in the doorway" a su reciente disco solista). En "Cruel" -que como el anterior fue escrito junto al Eurythmics Dave Stewart- menciona a James Bond, Jackie O y Garbo. Para culminar, él mismo confesó que "San Simeon" (también escrito con Stewart) está levemente inspirado en "El ciudadano", de Orson Welles, además de haber aprovechado parte de la letra que quedó fuera de "In every dream home a heartache", tema del segundo disco de Roxy Music.

Los cinco minutos finales, con "I thought", son de lo mejor y lo más esperado. El broche de oro. El bonus perfecto. Los dos polos opuestos en constante tensión se han reencontrado. El gusto por la buena forma de Ferry. El placer por la búsqueda de Eno. La química, otra vez, funcionó. Una bella canción sobre el amor perdido escrita y tocada en colaboración que deja una pregunta, inevitable. ¿Continuará?

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.