Canciones desde una ventana

El músico editó su segundo álbum, en el que confirma su placentero vuelo poético
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27 de septiembre de 2005  

"Ese asunto de la ventana", el título, la tapa y el disco en sí, se puede entender como una metáfora sobre las tribulaciones de un joven moldeado por el viento patagónico, que llegó a la gran ciudad para ser maestro jardinero, pero que acaba de editar su segundo trabajo discográfico y aún se descubre sorprendido por esas pequeñas particularidades de la geografía cotidiana capitalina, como "ese asunto de la ventana". "Me impresionó la cantidad de ventanas que hay acá. En el sur uno tiene la puerta de su casa y las dos ventanitas a los costados, como las típicas casitas de dibujos, pero acá es una puerta y mil ventanas. Que cada uno tenga su visión del afuera a través de una ventana me impactó muchísimo. Incluso yo también ahora tengo mi ventanita, con un ángulo con una partecita de cielo y el balcón del vecino", dice Lisandro Aristimuño, compositor, guitarrista, programador y cantante criado en Viedma e instalado en Buenos Aires desde hace poco más de tres años.

En este segundo álbum (¿hará falta repetir que se titula "Ese asunto de la ventana"?), el muchacho de 26 años ratifica lo que su música y poesía prometía en el debut ("Azules turquesas", de 2004) y hoy se abre paso entre la buena producción de cantautores locales que asoma desde distintos sellos pequeños con cierta independencia de la industria mainstream.

"El primer disco fue algo así como una añoranza total del sur, pero éste habla más «del pibe, acá, ya instalado». Cada una de las canciones tiene su cuota ciudadana, cosas que escuchaba en el colectivo y todo eso. Un poco como que me quise poner del lado de la vida del porteño... y me copó."

Sin lugares comunes, el álbum irradia contenidos poéticos del track uno al quince y de la portada del CD al libro interno, con fotografías de Nora Lezano. "El paraguas es un objeto que me apasiona, pero en Viedma no se usa. Acá todo el mundo sale con uno y cuando llueve hay que andar esquivándolos. No sé, creo que la imagen del paraguas de la tapa del disco también tiene algo de nostálgico."

Apenas un paraguas abierto o versos que aseguran ser aire en tu mirar, ser partes sin fragmentar, haber sido cosas que no fueron, "en violeta, gris y azul" ("Humo sobre el mar"). Sería sensato reelaborar aquel sticker que llevaban algunos discos, pero con la frase: "Atención. Letras no explícitas". Porque con "Ese asunto de la ventana", volar no cuesta nada.

"Empecé a componer cuando llegué a Buenos Aires. En Viedma tocaba covers, porque allá todo es más difícil, la gente tiene como un concepto del músico que lo acerca al bufón: el músico tiene que divertir más que dar placer. Entonces se pide más como a la carta, como un plato de comida: «quiero escuchar un tema de Calamaro» y te mandan la servilleta con el mozo y, bueno, sale Calamaro".

Aristimuño recuerda que cuando llegó a la Capital, en diciembre de 2001, "todos me decían que editar un disco era imposible, que estaba todo mal, pero también los porteños son bastante exagerados, muy extremistas. De todas formas, tener que lucharla me dio fuerzas".

Después de deambular solo con su guitarra por escenarios del under, ahora el músico se presenta junto a una banda que, entre otros, integran su hermana y un primo de Trelew (este jueves se presentará en Vaca Profana, Lavalle 3683). "Está por salir una fecha en Viedma y será la primera vez que toque allá. En realidad, creo que me invitaron porque se corrió la voz de que «el pibe pegó en Buenos Aires»".

-¿Cómo te sentís más cómodo, solo o en banda?

-Me parece que acá las bandas no suelen tener un hilo ni mantienen un concepto. El solista tiene más libertad y por eso creo que ahora han surgido varios cantautores muy buenos. Un pibe, diciendo lo que piensa, acompañado sólo por una guitarra me parece mucho más franco que una banda de dieciocho músicos saltando.

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