Cantando a la Navidad

Pola Suárez Urtubey
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20 de diciembre de 2001  

La Navidad ha sido cantada desde las épocas del gregoriano, y ya a comienzos del siglo XIII, en las tempranas manifestaciones de la escritura a varias voces, como es el caso de la "Nativitas" del francés Perotino, en los años en que París asistía a la construcción de la majestuosa catedral de Notre Dame.

Los siglos siguientes han seguido ese rumbo, incentivados por la significación trascendente, en la órbita del mundo cristiano, del nacimiento de Jesús. Es que éste es un tema sin edad, por el simbolismo que implica y la universalidad de su significado. Navidades siempre renovadas, en tiempos de guerra y en tiempos de paz.

En el siglo XX, Olivier Messiaen le dedicó a través del órgano "La Nativité du Seigneur", una de las cumbres dentro de su propia obra, mientras Claude Debussy, en una creación menos ambiciosa pero hecha de emoción pura, puso música en 1915, en plena Primera Guerra Mundial, a "La Navidad de los niños que no tienen hogar".

Melodía patética si las hay, que presentó, sobre texto poético propio, bajo dos versiones, para voz y piano, y otra para doble coro de niños que cantan: "No tenemos casa/ los enemigos lo han tomado todo, hasta nuestra camita/ Han incendiado la iglesia y al señor Jesús/ también han quemado la escuela y a nuestro maestro". Son los niños de la guerra, de todas las guerras y de todas las religiones. Los mismos niños a los que llora Benjamín Britten cuando compone "A boy was born". Porque la guerra fue una constante en el XX , aunque el XXI, que recién despierta, tampoco abre esperanzas de que el hombre esté cerca de alcanzar la sabiduría de la paz.

* * *

Fue el compositor italiano Luigi Dallapiccola, uno de los grandes humanistas de su tiempo, quien estrenó el 4 de enero de 1971 en Tel Aviv una obra esperanzadora: el título, tomado del Eclesiastés, alude a que "Hay un tiempo para destruir y un tiempo para edificar". El elemento sonoro, un coro "a cappella", no sólo permite medir el formidable desarrollo estético y espiritual del músico, sino que refuerza temas constantes en él, como los del heroísmo y el de la responsabilidad del hombre frente al concepto de la libertad. Es el mismo Dallapiccola de los "Canti di prigionia" y los "Canti di liberazione", que encuadran la concepción de su ópera "Il prigioniero".

Quizás en navidades próximas, cuando llegue la estación de edificar, los compositores vuelvan a cantar como Bach o como HŠndel, por medio de imágenes gozosas y radiantes del nacimiento de Jesús. Quizá también nosotros, los argentinos, mientras aguardamos nuestro tiempo de construir, podamos esa noche escuchar nuestra música interior, olvidar penurias y humillaciones, y gritar con mucha ilusión ¡Feliz Navidad!

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