Catupecu Machu

Adriana Franco
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6 de diciembre de 2011  

Presentación: Disco El Mezcal y La Cobra / Con: Fernando Ruiz Díaz, en guitarra, bajo y voz; Macabre, en teclados; Sebastián Cáceres, en bajo, y Agustín Rocino, en batería / Día y lugar: anteayer, en el estadio Luna Park / Próximo show: el 22 de este mes, en la trastienda.

Nuestra opinión: muy bueno.

"Bailemos hasta que alguien cierre el lugar", canta Fernando Ruiz Díaz ya sobre el mismísimo final y, con ello, terminaba de delimitar el territorio por el que Catupecu eligió esta vez, por esta noche, pasear con su público. Un círculo que se cierra para enseguida ponerse a buscar otra forma. Porque la buena noticia de la presentación de El mezcal y la cobra es que el cuarteto, como siempre, está de paso, en movimiento, eligiendo cada vez no quedar fijados a un solo cuadro. El show de anteayer fue la confirmación del nuevo y buen momento por el que anda la banda en estos días, tras el largo viaje de reconstrucción de los últimos años.

Un show poderoso, catártico, contundente, que no dio respiro y que fue también el debut oficial en Capital Federal de Agustín Rocino como baterista. Con él, desde la batería, que es siempre el lugar de lo más sanguíneo, Catupecu mostró su lado más tribal, tanto en los temas nuevos como en la relectura de los anteriores y en el uso cada vez más definido de los bajos que encuentran su consumación total en "Baile guerrero-golpe certero", en el que al casi puro bajo se le suman los golpes de tambores.

Entre lo minuciosamente ensayado y la apertura para dejar que irrumpa lo inesperado, es cuando Catupecu encuentra su equilibrio. Ejemplo confesado en el escenario: la inclusión de "Danza de los secretos" decidida a último momento, a instancias de Pablo, el guitarrista de Massacre, presente junto con Walas para hacer también, y como otras veces, "Plan B-anhelo de satisfacción".

Si, como decíamos, un show es la elección de un territorio, el comienzo fue como debe ser, un tanteo, un establecer posiciones, un reconocimiento del momento, desde el tema que da título al nuevo álbum y "Confusión", del directamente anterior. Desde allí, volvieron sobre su historia con "Oxido en el aire", "Gritarle al viento" y "Grandes esperanzas", y cobraron velocidad, fuerza, precisión, y con ello la alternancia de temas mostró el rasgo clave de Catupecu: tomar en serio tanto los riesgos como los caprichos; la aventura y la pasión, una combinación que podría ser lo más cercano a una definición de libertad.

Algunos de los rituales también han cambiado. Si en los inicios de la historia, el "abrazo" con el público sucedía en una alegre y confusa fiesta sobre el escenario, ahora es Fernando solo, a capella, quien hace ofrenda y abraza grande: esta vez con "Hay casi un metro al agua", de sus primerísimos tiempos. Lo que no ha cambiado es la contundente respuesta a "pisar sin el suelo" (con Zeta Bosio de invitado), ni las voces unidas para el "Dale", ni la ronda grande, grande y circular, con la que se celebra la vida.

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