Coldplay en Argentina: bajo la lluvia, la banda británica se despidió con un show épico

Chris Martin, un frontman carismático y políticamente correcto
Chris Martin, un frontman carismático y políticamente correcto Crédito: Twitter
El grupo liderado por Chris Martin volvió a subir anoche al escenario del Estadio Único de La Plata para desplegar su espectáculo multisensorial
Martín Artigas
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2 de abril de 2016  • 04:57

Eran poco más de las 9 de la noche, las tribunas estaban llenas pero, abajo, muy pocos se animaban a desplegarse por el campo del Estadio Único de La Plata. La lluvia, que había comenzado unas horas antes, no parecía tener intención alguna de amainar, y los paraguas y los pilotos eran una constante entre los valientes que ya habían tomado posición; los otros preferían quedarse a un costado, disfrutando del reparo incierto del techo semicubierto. Sin embargo, bastó con que las luces se apagaran para que todo se configurara de acuerdo a las reglas de oro del recital de rock; a nadie le importó ya mojarse cuando Coldplay subió al escenario para iniciar su segundo y último show en el país.

La banda liderada por Chris Martin dio inicio a su paseo en montaña rusa con "A head full of dreams", tal como lo había hecho el jueves por la noche. Ese comienzo ya anticipó de qué venía el asunto: pulseras encendidas -que llevan a la participación del público un paso más allá de lo imaginado hasta ahora-, explosiones que dejaban miles de papeles de colores volando por el aire, luces láser, humo, fuegos artificiales y música, claro. Luego, "Yellow" apeló a la sensibilidad más llana y sin tanto artificio, y puso a cantar a toda la audiencia sin que mediara pedido alguno por parte de los británicos.

Así, en un ida y vuelta que cada tanto sucumbía ante el bombardeo de estímulos, la noche se desenvolvió bajo una lluvia que nunca cesó y que le brindó un toque épico al show. Martin, siempre amable y naturalmente carismático, parece situarse en las antípodas de la estrella de rock; a él no le sientan las insinuaciones sexuales, no intenta moverse con gracia ni mucho menos impone afectación de chico / hombre rebelde y agobiado por su propio ser. Su pose, podría decirse, es la antipose, y es en esas aguas de corrección política donde nada con soltura, bandera argentina al hombro y con un "son el mejor público del mundo" dicho casi con vergüenza.

Una larga pasarela separa al escenario principal del B-Stage y el C-Stage, pequeños espacios en los que la banda se instala durante algunos segmentos del show. De esta manera, se asegura una cierta sensación de igualdad: los de atrás, los que pagaron las entradas más económicas, también podrán verlos de cerca sin tener que mirar una pantalla. El traslado de un lugar a otro puede causar cierta confusión en algún desprevenido, aunque la tarea de mudarse se instala como una simple declaración de principios en la política Coldplay y propicia también esa cierta intimidad que los "músicos de estadio" tanto suelen añorar.

La lista de temas y su orden de sucesión fue prácticamente idéntica a la del primer recital, con la excepción de que anoche sonó "The scientist", un tema del álbum A rush of blood to the head que fue muy bienvenido por la audiencia. La otra diferencia estuvo en la canción "a pedido": mientras que el jueves se eligió "Green eyes", esta vez fue "Shiver" la ganadora.

Tras dos horas de show, la banda se despidió con un "hasta luego" en perfecto castellano y con un reconocimiento de Martin hacia ese público que concurrió, pese al mal tiempo, a la colorida, estimulante y muy correcta fiesta de Coldplay en La Plata.

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