Cómo seducir al público adolescente con las letras y los sonidos del pop

El éxito llegó después de colgar en el placard la ropa gauchesca La plataforma de lanzamiento fue Córdoba En 1994, se consagraron en el Festival de Cosquín Se transformaron en referentes para gente que nunca había escuchado una zamba
Gabriel Plaza
(0)
29 de agosto de 2001  

Eran mediados de los años ochenta y El Paz Martínez había pegado fuerte en las radios salteñas. Los integrantes de un grupo joven de folklore desconocido -como tantos otros-, que circulaban con ponchos, bombos, guitarra y trajes de gaucho por las peñas salteñas, decidieron que había que cambiar.

Primero se sacaron las pilchas que exhibían todas las noches en la peña Los Gauchos de Güemes (en la que actuaron por siete años) cansados de portar una identidad generacional que no les pertenecía. Se acercaron a nuevos autores salteños como Yuyo Montes o Díaz Bavio, que pudieran levantar temperatura a textos de zambas o chacareras. Sumaron guitarras electroacústicas, un bajista y un baterista, instrumentos que no congeniaban con los tradicionalistas, y se pusieron ropa informal, algo que había probado la MPA con otros logros musicales, pero sin tanta repercusión.

Con esos elementos, más cuatro voces, algunos clásicos del folklore de los años 60, como "La cerrillana", que conservaran la mística salteña, una actitud más profesional sobre el escenario y un porcentaje de nuevas canciones de dudoso gusto, buscaron encender a un público más adolescente y ruborizar a la sociedad salteña. Algunos decían cosas del tipo: " Abandona el temor/haremos el amor/como sueña tu cuerpo, ni bien desnudo esté/pondré sobre tu piel el fuego de mis besos ".

Vinchas, banderas, gorritos

Con una estética pop romántica llegaron a Córdoba, que fue su plataforma de lanzamiento a todo el país. Allí se consagraron en el Cosquín de 1994 y presentaron su primer disco con un sello grande, "Con el alma". Los hits fueron temas de alto voltaje, como "Al rojo vivo", "Las moras" y "Para invadir tu cuerpo". Las cifras de venta no se hicieron esperar y en poco tiempo vendieron 60.000 copias sólo en el interior, sin apoyo del sello.

A diferencia de otros músicos folklóricos, Rubén Ehizaguirre, Jorge Rojas y Mario y Kike Teruel provocaban una histeria similar a la de intérpretes latinos como Luis Miguel. Con su segundo y tercer discos -"Tiempo de amor" y "Ven por mí", respectivamente-, la fiebre creció y se trasladó al consumo de un merchandising propio: vinchas, banderas, gorritos, fotos y remeras.

En Buenos Aires se los conoció popularmente a partir de su cuarto disco, "Signos", cuando comenzaron a sonar en radios y a aparecer en TV. Se transformaron en referentes del folklore para gente que nunca había escuchado una zamba.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?